construyeran.

Fuera de la ventana del bano un ruisenor descansaba en el solitario pero altivo arbol del patio. Pense que tenia mucha mas confianza en su sencillo canto que en el que entonaba Hitler.

Me dije que era la clase de comparacion simplista que a mi amado companero y fumador de pipa le hubiera encantado.

5. Martes, 6 de septiembre

En la oscuridad sono el timbre de la puerta. Borracho de sueno alargue la mano y cogi el despertador de la mesilla de noche. Decia que eran las 4. 30 de la manana, y se suponia que aun faltaba una hora para levantarme. El timbre sono de nuevo, solo que esta vez con mas insistencia. Encendi la luz y sali al vestibulo.

– ?Quien es? -dije, a sabiendas de que, por lo general, solo la Ges tapo disfruta interrumpiendo el sueno de la gente.

– Halle Selassie -dijo una voz-. ?Quien cono crees que es? Vamos, Gunther, abre de una vez. No tenemos toda la noche.

Si, era la Ges tapo. No habia modo de confundir sus modales de escuela de categoria.

Abri la puerta y deje que un par de barriles de cerveza con sombrero y abrigo entraran avasallandome.

– Vistete -dijo uno-. Tienes una cita.

– Joder, tendre que decirle un par de cosas a mi secretaria -replique bostezando-. Me habia olvidado por completo.

– Que tipo tan divertido -dijo el otro.

– ?Que pasa? ?Es esta la idea que tiene Heydrich de una invitacion amistosa?

– Reserva la boca para chupar el cigarrillo, ?quieres? Ahora ponte el traje o te llevaremos en tu mierda de pijama.

Me vesti con cuidado, escogiendo mi traje mas barato de andar por el campo y un viejo par de zapatos. Me atiborre los bolsillos de cigarrillos. Incluso cogi un ejemplar del Berliner Illustrierten Nachrichten. Cuando Heydrich te invita a desayunar siempre es mejor ir preparado para una visita incomoda y posiblemente indefinida.

Justo al sur de la Ale xanderplatz, en la Dir cksenstrasse, la central de la policia del Reich y los tribunales centrales de lo penal se levantaban frente a frente en incomoda oposicion: la administracion legal frente a la justicia. Eran como dos pesos pesados antes de una pelea; cara a cara, casi tocandose, mirandose fijamente para tratar de conseguir que el otro aparte la vista.

De los dos, el Alex, conocido tambien como el «Suplicio Gris», era el que tenia un aspecto mas siniestro; habia sido disenado como una fortaleza gotica con una torre con forma de cupula en cada esquina y dos torres mas pequenas sobre la fachada delantera y la trasera. Con sus 16. 000 metros cuadrados, era una perfecta demostracion de fuerza, ya que no de merito arquitectonico.

El edificio algo mas pequeno que albergaba los tribunales centrales de Berlin tenia tambien un aspecto mas agradable. Su fachada neogotica de piedra arenisca poseia algo bastante mas sutil e inteligente que su oponente.

No habia forma de saber cual de los dos gigantes iba a resultar vencedor, pero cuando los dos luchadores han cobrado por dejarse abatir, no tiene sentido quedarse a ver el final de la pelea.

Empezaba a amanecer cuando el coche entro en el patio central del Alex. Era todavia demasiado temprano para que me preguntara por que Heydrich me habria llevado alli, en lugar de a la Si po, el cuartel general de los servicios de seguridad en la Wil helmstrasse, donde el tenia su propio despacho.

Mis dos escoltas me acompanaron hasta una sala de interrogatorios y me dejaron solo. Se oian muchos gritos procedentes de la sala contigua y eso me dio algo en que pensar. Aquel cabron de Heydrich… nunca hacia las cosas como uno esperaba. Saque un cigarrillo y lo encendi, nervioso. Con el cigarrillo en la comisura de los labios, que tenia un sabor amargo, me levante y fui hasta la sucia ventana. Lo unico que alcanzaba a ver eran otras ventanas como la mia y, en el tejado, la antena de la emisora de radio de la policia. Apague el cigarrillo en la lata de cafe de mezcla mexicana que servia como cenicero y volvi a sentarme a la mesa.

Se suponia que tenia que ponerme nervioso. Querian que sintiera su poder. De ese modo Heydrich me encontraria mucho mas dispuesto a estar de acuerdo con el cuando finalmente decidiera aparecer. Probablemente seguia en la cama, profundamente dormido.

Si asi era como se suponia que tenia que sentirme, decidi hacer lo contrario. Asi que en lugar de morderme las unas y desgastar mis baratos zapatos andando arriba y abajo de la habitacion, trate de practicar un poco de autorrelajacion, o como fuera que el doctor Meyer la habia llamado. Con los ojos cerrados, respirando profundamente por la nariz, con la mente concentrada en una forma geometrica sencilla, consegui mantenerme tranquilo. Tan tranquilo que ni siquiera oi la puerta. Al cabo de un rato abri los ojos y los fije en la cara del polizonte que acababa de entrar. Cabeceo lentamente.

– Hay que decir que eres un tipo frio -dijo cogiendo mi revista.

– ?Verdad que si? -Mire el reloj. Habia transcurrido media hora-. Has tardado bastante.

– ?Si? Lo siento. Me alegro de que no te hayas aburrido. Veo que esperabas estar aqui un tiempo.

– ?No es eso lo que todo el mundo espera? -Me encogi de hombros, observando un forunculo del tamano de una tuerca que rozaba el borde del grasiento cuello de su camisa.

Al hablar, la voz le salio de lo mas profundo y su barbilla llena de cicatrices descendio hasta tocar el amplio pecho, como si fuera un tenor de cabare.

– Ah, si -dijo-, eres un detective privado, ?no? Un sabelotodo profesional. ?Te importa que te pregunte que tal se gana la vida un tipo como tu?

– ?Que pasa? ?Es que los sobornos no llegan con bastante regularidad? -Forzo una sonrisa al oir aquello-. Me va bien.

– ?No te encuentras algo solo? Quiero decir, aqui eres un poli, tienes amigos.

– No me hagas reir. Tengo un socio, asi que cuento siempre con un hombro amigo donde llorar si lo necesito, ?entiendes?

– Ah, si, tu socio. Bruno Stahlecker, ?no?

– Exacto. Te puedo dar su direccion si la quieres, pero creo que esta casado.

– De acuerdo, Gunther. Ya has demostrado que no estas asustado. No es necesario que hagas toda una exhibicion. Te recogimos a las cuatro y media. Ahora son las siete…

– Si quieres saber la hora exacta, no hay como preguntar a un policia.

– … pero todavia no has preguntado por que estas aqui.

– Creia que estabamos hablando de eso.

– ?Ah, si? Supon que no se nada. Eso no deberia costarle mucho a un tipo listo como tu. ?Que hemos dicho?

– Joder, mira, tio, este pequeno espectaculo es todo tuyo, asi que no esperes que sea yo quien levante el telon y haga funcionar la mierda de focos. Sigue con tu numero y yo procurare reir y aplaudir en los momentos adecuados.

– Muy bien -dijo, endureciendo la voz-. ?Donde estabas anoche?

– En casa.

– ?Tienes una coartada?

– Si, mi osito de peluche. Estaba en la cama, durmiendo.

– ?Y antes de eso?

– Estaba con un cliente.

– ?Te importa decirme quien es?

– Mira, no me gusta esto. ?Que estamos buscando? Dimelo ahora o no dire ni una maldita palabra mas.

– Tenemos a tu socio abajo.

– ?Que se supone que ha hecho?

– Lo que ha hecho es arreglarselas para estar muerto.

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