– Algo por el estilo -dije.

– ?Esta aqui trabajando en un caso? -Me miraba excitada, con los ojos como platos-. ?Algo en lo que estuviera metido Kindermann?

Abri la ventana y me asome un momento. Era agradable respirar el aire fresco de la manana, incluso los vapores que llegaban de las cocinas. Pero un cigarrillo era mejor. Cogi mi ultimo paquete del alfeizar de la ventana y encendi uno. Marianne se quedo un rato mirando con desaprobacion el cigarrillo que tenia en la mano.

– No tendria que fumar, ya lo sabe.

– No se si Kindermann esta implicado o no -dije-. Eso es lo que esperaba averiguar cuando vine aqui.

– Bueno, no tiene que preocuparse por mi -dijo con rabia-. No me importa nada lo que pueda pasarle. -Se puso de pie, con los brazos cruzados y la boca fruncida con una expresion mas dura-. Ese hombre es un cabron. Hace solo unas semanas trabaje todo el fin de semana porque no habia nadie mas disponible. Me dijo que me lo pagaria el doble en efectivo. Pero sigue sin darme mi dinero. Esa es la clase de cerdo que es. Me compre un vestido. Fue una estupidez, tendria que haber esperado. Y ahora no puedo pagar el alquiler.

Estaba tratando de decidir si queria hacerme tragar aquella historia cuando vi que tenia los ojos llenos de lagrimas. Si era una actuacion, era una actuacion muy buena. En cualquiera de los dos casos, se merecia un cierto reconocimiento.

Se sono y dijo:

– ?Me daria un cigarrillo, por favor?

– Claro.

Le di el paquete y encendi un fosforo.

– ?Sabe?, Kindermann conocio a Freud -dijo, tosiendo un poco al empezar a fumar-. En la Es cuela de Medicina de Viena, cuando estudiaba alli. Despues de licenciarse, trabajo durante un tiempo en el Sanatorio Mental de Salzburgo. Es originario de Salzburgo. Cuando su tio murio en 1930, le dejo esta casa y decidio volver y convertirla en una clinica.

– Parece que le conoce bastante bien.

– El verano pasado su secretaria estuvo enferma un par de semanas. Kindermann sabia que yo tenia algo de experiencia como secretaria y me pidio que la sustituyera mientras Tarja estuviera ausente. Llegue a conocerlo bastante. Lo bastante como para que me desagradara. No voy a quedarme aqui mucho mas tiempo. Me parece que ya he tenido bastante. Creame, hay muchos otros aqui que piensan lo mismo que yo.

– ?Ah, si? ?Cree que alguien querria vengarse de el? ?Alguien que pudiera tener algo contra el?

– Quiere decir algo serio, ?verdad? No solo unas horas extras no cobradas.

– Supongo.

Marianne nego con la cabeza.

– No. Espere -dijo-, si que hay alguien. Hace unos tres meses, Kindermann despidio a uno de los enfermeros por estar borracho. Era un tipo muy desagradable y no creo que nadie lamentara que se fuera. Yo no estaba aqui, pero me dijeron que le dijo unas cuantas cosas muy fuertes a Kindermann cuando se fue.

– ?Como se llamaba ese enfermero?

– Hering, Klaus Hering, creo. -Miro el reloj-. Vaya, tengo que seguir con mi trabajo. No puedo quedarme aqui hablando con usted toda la manana.

– Solo una cosa mas -dije-. Necesito echar una ojeada al despacho de Kindermann. ?Puede ayudarme? - Empezo a decir que no con la cabeza-. No puedo hacerlo si no me ayuda, Marianne. ?Esta noche?

– No se… ?Y si nos cogen?

– El «nos» no entra en el asunto. Usted vigila, y si alguien la encuentra, dice que ha oido un ruido y que iba a ver que pasaba. Yo tendre que correr el riesgo. Quiza diga que caminaba sonambulo.

– Y se lo creeran, claro.

– Vamos, Marianne, ?que dice?

– De acuerdo, lo hare. Pero espere hasta despues de medianoche, que es cuando cerramos con llave. Nos encontraremos en el solarium alrededor de las doce y media.

La cara le cambio cuando vio que sacaba un billete de cincuenta de la cartera. Se lo meti en el bolsillo superior del blanco y almidonado uniforme. Ella lo volvio a sacar.

– No puedo aceptarlo -dijo-. No deberia darmelo.

Le cogi la mano, cerrandosela para que no pudiera devolverme el billete.

– Mire, es solo algo para ayudarla a capear el mal momento, hasta que le paguen las horas extras.

Se mostraba indecisa.

– No se -dijo-. De alguna manera, no me parece bien. Es tanto como lo que gano en una semana. Hara mucho mas que ayudarme a capear el mal momento.

– Marianne -dije-, es agradable poder llegar a fin de mes, pero es aun mas agradable que sobre algo para el siguiente.

4. Lunes, 5 de septiembre

– El doctor me dijo que la electroterapia tenia temporalmente el efecto secundario de perjudicar la memoria. Por lo demas, me siento muy bien.

Bruno me miro con preocupacion.

– ?Estas seguro?

– Nunca me habia sentido mejor.

– Bueno, mejor tu que yo, enchufado -dijo con un grunido-. Asi que cualquier cosa que consiguieras averiguar mientras estabas en ese sitio de Kindermann esta temporalmente mal colocada dentro de tu cabeza, ?no?

– No es tan grave como eso. Me las arregle para echar un vistazo a su despacho. Y habia alli una enfermera muy atractiva que me lo conto todo sobre el. Kindermann da conferencias en la Es cuela de Medicina de la Luf twaffe y es uno de los especialistas de la clinica privada del partido en la Ble ibtreustrasse. Por no hablar de su pertenencia a la Aso ciacion Nacionalsocialista de Medicos y al Herrenklub.

Bruno se encogio de hombros.

– El tipo nada en oro, ?y que?

– Nada en oro, pero no es considerado exactamente un tesoro. No es muy popular entre el personal. Averigue el nombre de alguien a quien despidio, que podria ser el tipo de persona que guarda rencor.

– No parece una razon de mucho peso, ?verdad?, eso de que te despidan.

– Segun mi enfermera, Marianne, era algo sabido por todos que le habian dado la patada por robar drogas de la farmacia de la clinica. Y que probablemente las vendia en la calle. O sea que no era precisamente un miembro del Ejercito de Salvacion, ?sabes?

– ?Ese tipo tiene un nombre?

Me esforce un momento por recordar y luego saque mi cuaderno del bolsillo.

– No pasa nada -dije-. Lo apunte.

– Un detective con una memoria deficiente… genial.

– No te sulfures, lo tengo. Se llama Klaus Hering.

– Vere si en el Alex tienen algo sobre el.

Cogio el telefono y llamo. Solo le llevo un par de minutos. Le pagabamos cincuenta marcos al mes a un poli por el servicio. Pero Klaus Hering estaba limpio.

– ?Y donde se supone que ha de ir el dinero?

Me dio el anonimo que Frau Lange habia recibido el dia antes y que habia hecho que Bruno me llamara a la clinica.

– El chofer de la senora me lo trajo en mano -explico mientras yo leia la ultima composicion de amenazas e instrucciones del chantajista-. Mil marcos metidos en una bolsa de papel de Gerson y dejados en la papelera que hay fuera del aviario del Zoo, esta tarde.

Mire por la ventana. Era otro dia agradable y sin ninguna duda habria mucha gente en el Zoo.

– Es un buen sitio -dije-. Sera dificil descubrirlo y mas dificil aun seguirlo. Si recuerdo bien, hay cuatro salidas

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