del Zoo.

Busque un mapa de Berlin en el cajon y lo extendi sobre el escritorio. Bruno se acerco y miro por encima de mi hombro.

– ?Como lo hacemos? -pregunto.

– Tu te encargas de la entrega y yo hare de miron.

– ?Quieres que me quede en una de las salidas despues?

– Tienes una posibilidad entre cuatro. ?Que camino escogerias?

Estudio el mapa durante unos segundos y luego senalo la salida del canal.

– El puente Lichtenstein. Si fuera el, tendria un coche esperando al otro lado, en la Ra uch Strasse.

– Entonces sera mejor que tu tambien tengas un coche alli.

– ?Cuanto rato espero? Quiero decir, joder, el Zoo esta abierto hasta las nueve de la noche.

– La salida del acuario cierra a las seis, o sea que apuesto a que aparecera antes de esa hora, aunque solo sea para mantener todas sus opciones abiertas. Si no nos has visto para entonces, vete a casa y espera mi llamada.

Sali de la construccion de cristal del tamano de un avion que es la estacion del Zoo y cruce la Har denbergplatz hasta la entrada principal del Zoo de Berlin, que queda a muy poca distancia al sur del planetario. Compre una entrada que incluia el acuario y una guia para tener un aspecto mas convincente de turista, y me encamine hacia la casa de los elefantes. Un tipo extrano que estaba dibujando tapo el bloc con mucho secreto y se aparto al ver que me acercaba. Apoyandome en la baranda del recinto observe que ese curioso comportamiento se repetia una y otra vez segun llegaban otros visitantes hasta que, paso a paso, el hombre se encontro de nuevo de pie a mi lado. Irritado por que supusiera que pudiera interesarme su lamentable dibujo, asome la cabeza por encima de su hombro, blandiendo la camara cerca de su cara.

– Quiza seria mejor que se dedicara a la fotografia -dije alegremente.

Dijo algo entre dientes y se marcho enfurrunado. «Alla va uno para el doctor Kindermann», pense. Un autentico majara. En cualquier representacion o exhibicion, el espectaculo mas interesante siempre te lo ofrece la gente.

Pasaron otros quince minutos antes de ver a Bruno. Apenas parecio verme a mi o a los elefantes cuando paso por mi lado llevando bajo el brazo la bolsa de los almacenes Gerson que contenia el dinero. Deje que se adelantara un buen trecho y luego lo segui.

En el exterior del aviario, una pequena construccion de ladrillo rojo con entramado de madera y cubierta de hiedra que parecia mas una cerveceria de pueblo que el cobijo de unas aves de caza, Bruno se detuvo, echo una mirada alrededor y luego dejo caer la bolsa en una papelera que estaba al lado de un banco. Se alejo rapidamente hacia el este, en direccion al puesto que habia escogido, sobre el canal Landwehr.

Un alto penasco de arenisca, habitat de un rebano de ovejas africanas, estaba situado frente al de las aves. Segun la guia, era uno de los puntos mas importantes del Zoo, pero yo lo encontre demasiado teatral para ser una buena imitacion del tipo de lugar en que esos andrajos trotadores habrian vivido en libertad. Se parecia mas a lo que habriamos visto en el escenario de una de esas escandalosamente rimbombantes producciones de Parsifal, si eso fuera humanamente posible. Me detuve por alli un rato, leyendo la informacion sobre las ovejas y haciendo algunas fotos de esas criaturas tan sumamente carentes de interes.

Detras de la roca de las ovejas habia una elevada torre mirador desde la cual era posible ver la parte frontal del aviario y tambien la totalidad del Zoo, y pense que parecerian diez pfennigs bien gastados para cualquiera que quisiera asegurarse de que no iba a meterse en una trampa. Con esta idea en mente iba deambulando alejandome del aviario y dirigiendome hacia el lago cuando un chico de unos dieciocho anos, de pelo oscuro y chaqueta deportiva gris, aparecio desde el lado mas alejado del aviario. Sin ni siquiera mirar alrededor saco rapidamente la bolsa de Gerson de la papelera y la metio en otra bolsa, esta del almacen Ka-De-We. Luego, andando rapidamente, me paso por delante; despues de un intervalo razonable, le segui.

Frente a la casa de los antilopes, de estilo morisco, el chico se detuvo brevemente al lado del grupo de centauros de bronce que se levantaba alli y yo, con toda la apariencia de alguien absorto en su guia, fui directamente hasta el Templo Chino, desde donde, oculto entre varias personas, me detuve para observarlo a hurtadillas. Volvio a ponerse en marcha y supuse que se dirigia hacia el acuario y la salida este.

Peces era lo ultimo que uno esperaba ver en el gran edificio verde que conecta el Zoo con la Bu dapester Strasse. Un iguanodonte de piedra de tamano natural se alzaba, con aire depredador, al lado de la puerta, por encima de la cual asomaba la cabeza de otro dinosaurio. Por todas partes, las paredes del acuario estaban cubiertas del tipo de animales prehistoricos que se hubieran tragado un tiburon entero. Solo por comparacion con los otros habitantes del acuario, los reptiles, se podia preferir a esos adornos antediluvianos.

Al ver que mi hombre desaparecia por la puerta frontal y comprendiendo que en la oscuridad interior del acuario seria mas facil perderlo, aprete el paso. Una vez dentro, vi que eso era mucho mas probable que posible, ya que el gran numero de visitantes hacia dificil ver donde habia ido.

Dando por supuesto lo peor, me apresure hacia la otra puerta que daba a la calle y casi choco con el cuando se apartaba de un tanque que albergaba a una criatura que mas parecia una mina flotante que un pez. Vacilo unos segundos al pie de la amplia escalera de marmol que llevaba a los reptiles antes de dirigirse a la puerta y salir del acuario y del Zoo.

Fuera, en la Bu dapester Strasse, anduve detras de un grupo de escolares hasta la An sbacher Strasse, donde me libre de la guia, me enfunde la gabardina que llevaba y gire hacia arriba el ala del sombrero. Son esenciales unas alteraciones minimas de tu apariencia cuando sigues a alguien. Eso y permanecer a la vista. Solo si empiezas a ocultarte en portales tu hombre empezara a sospechar. Pero aquel tipo ni siquiera miro hacia atras mientras cruzaba la Wit tenberg Platz y atravesaba la puerta frontal de la Ka ufhaus des Westens, el Ka-De-We, los grandes almacenes de Berlin.

Yo habia pensado que habia utilizado la otra bolsa solo para despistar a alguien que le siguiera, alguien que quizas estuviera esperando en una de las salidas vigilando si aparecia alguien con una bolsa de Gerson. Pero ahora comprendi que la bolsa iba a cambiar de manos.

La cerveceria del tercer piso del Ka-De-We estaba llena de bebedores de la hora del almuerzo. Se sentaban estolidamente frente a sus platos de salchichas y unos vasos de cerveza tan altos como una lampara de mesa. El chico con el dinero deambulo entre las mesas como si buscara a alguien y finalmente se sento delante de un hombre vestido con un traje azul, que estaba sentado solo. Dejo la bolsa con el dinero al lado de otra identica que habia en el suelo.

Encontre una mesa vacia, me sente a la vista de los dos y cogi un menu que fingi leer detenidamente. Se me acerco un camarero, le dije que todavia no me habia decidido y se marcho.

Ahora el hombre del traje azul se puso en pie, dejo algunas monedas sobre la mesa, e inclinandose, cogio la bolsa con el dinero. Ninguno de los dos habia dicho una palabra.

Cuando el del traje azul salio del restaurante, lo segui, obedeciendo la regla numero uno de todos los casos en que hay rescate: ir siempre detras del dinero.

Con su impresionante portico en forma de arco y sus torres como minaretes, el Teatro Metropol de la Nol lendorfplatz tenia un aire casi bizantino. En los relieves al pie de los enormes contrafuertes aparecian entrelazadas hasta veinte figuras desnudas y parecia el lugar idoneo para probar tu destreza en un ara sacrificial de virgenes. A la derecha del teatro habia un gran portalon de madera y a la izquierda el aparcamiento, grande como un campo de futbol, que se extendia hasta varias casas de vecinos de muchos pisos.

Fue a una de esas casas hasta donde segui a Traje Azul y el dinero. Comprobe los nombres de los buzones del vestibulo y me alegro encontrar un K. Hering en el numero nueve. Entonces llame a Bruno desde una cabina de la estacion del U-Bahn al otro lado de la calle.

Cuando el viejo DKW de mi socio aparco en el portal de madera, me sente en el asiento del pasajero y le senale al otro lado del aparcamiento, donde todavia quedaban unos cuantos espacios libres, porque los que estaban mas cerca del teatro los habian ocupado los que iban a la sesion de las ocho.

– Ahi es donde vive nuestro hombre -dije-. En el segundo piso, numero nueve.

– ?Sabes como se llama?

– Es nuestro amigo de la clinica, Klaus Hering.

– ?Que mas se puede pedir! ?Que aspecto tiene?

Вы читаете Palido Criminal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату