cuartel general de la Ges tapo, en lo que antes habia sido el Hotel Prinz Albrecht Strasse. No cabia duda de que el viejo hotel, ahora llamado SS Haus, era mas grande que el Palais, pero igual que con las salchichas, el sabor pocas veces depende del tamano.
Oi como Arthur Nebe daba un taconazo y al girarme vi que el principe coronado del terror del Reich se habia unido a nosotros frente al ventanal.
Alto, esqueletico, con su cara larga y palida carente de expresion, como el yeso de una mascara mortuoria, y sus dedos como el hielo entrelazados a su espalda, recta como el palo de una escoba, Heydrich contemplo el exterior durante unos momentos, sin hablar con ninguno de los dos.
– Vamos, caballeros -dijo finalmente-, hace un hermoso dia. Demos un paseo.
Abriendo los ventanales se dirigio hacia el jardin y yo observe lo grandes que tenia los pies y lo arqueadas que eran sus piernas, como si hubiera montado mucho a caballo. Si habia que fiarse de la insignia de caballeria que llevaba en la cazadora, probablemente fuera asi.
Al aire fresco y al sol parecio animarse un poco mas, como si fuera algun tipo de reptil.
– Esta era la casa de verano del primer Federico Guillermo -dijo, comunicativo-. Y mas recientemente la Re publica la utilizo para albergar a huespedes importantes, como el rey de Egipto y el primer ministro britanico. Me refiero a Ramsay MacDonald, claro, no al idiota del paraguas. Creo que es uno de los mas bellos entre los palacios antiguos. Suelo venir a pasear por aqui. Este jardin conecta los cuarteles generales de la Si po y la Ges tapo, asi que me resulta muy comodo. Y es especialmente agradable en esta epoca del ano. ?Tiene usted un jardin,
– No -dije-. Siempre me ha parecido demasiado trabajo. Cuando dejo de trabajar, eso es exactamente lo que hago, dejar de trabajar, no empezar a cavar en un jardin.
– Lastima. En mi casa en Schlactensee tenemos un hermoso jardin con su propio campo de criquet. ?Alguno de ustedes conoce el juego?
– No -dijimos al unisono.
– Es un juego interesante. Creo que es muy popular en Inglaterra. Nos ofrece una interesante metafora para la nueva Alemania. Las leyes son simplemente arcos por debajo de los cuales hay que hacer pasar a la gente, con un grado de fuerza variable. Pero no puede haber movimiento alguno sin el mazo; el criquet es realmente el juego perfecto para un policia.
Nebe asintio pensativamente y el propio Heydrich parecia satisfecho por la comparacion. Empezo a hablar con bastante libertad; brevemente sobre las cosas que odiaba: los francmasones, los catolicos, los testigos de Jehova, los homosexuales y el almirante Canaris, jefe de la Ab wehr, el Servicio de Informacion del Estado Mayor aleman; y largamente sobre algunas de las cosas que le proporcionaban placer: el piano y el cello, la esgrima, sus clubes nocturnos favoritos y su familia.
– En la nueva Alemania -dijo-, de lo que se trata es de detener el deterioro de la familia, ?saben?, y establecer una comunidad de sangre en la nacion. Las cosas estan cambiando. Por ejemplo, ahora solo hay 22.787 vagabundos en Alemania, 5.500 menos que al principio del ano. Hay mas matrimonios, mas nacimientos y la mitad de divorcios. Podrian preguntarme por que la familia es tan importante para el partido. Se lo dire. Los ninos. Cuanto mejores sean nuestros hijos, mejor sera el futuro de Alemania. Asi que cuando algo amenaza a nuestros hijos, entonces tenemos que actuar rapidamente.
Cogi un cigarrillo y empece a prestar atencion. Parecia que finalmente iba a llegar al meollo del asunto. Nos detuvimos en un banco del parque y nos sentamos, yo entre Heydrich y Nebe, como higado de pollo entre dos rebanadas de pan integral.
– No le gustan los jardines -dijo Heydrich pensativamente-. ?Y los ninos? ?Le gustan?
– Me gustan.
– Bien -dijo-. A mi modo de ver, es esencial que nos gusten, haciendo lo que hacemos… incluso esas cosas que debemos hacer y que son dificiles porque nos parecen desagradables, ya que de lo contrario no lograremos expresar nuestra humanidad. ?Comprende lo que quiero decir?
No estaba seguro de ello, pero asenti de todos modos.
– ?Puedo hablarle con franqueza? -pregunto-. ?En confianza?
– No faltaria mas.
– Hay un maniaco suelto por las calles de Berlin,
– Pues no es facil darse cuenta -dije encogiendome de hombros.
Heydrich asintio con impaciencia.
– No, no me refiero a un guardia de asalto dando una paliza a algun viejo judio. Hablo de un asesino. Ha violado, matado y mutilado a cuatro chicas alemanas en otros tantos meses.
– No he visto nada en los periodicos sobre eso.
Heydrich se echo a reir.
– Los periodicos publican lo que les decimos que publiquen, y de esta historia esta prohibido hablar.
– Gracias a Streicher y su periodicucho antisemita, solo culparian a los judios -dijo Nebe.
– Exactamente -respondio Heydrich-. Y lo ultimo que quiero es que haya disturbios antijudios en esta ciudad. Ese tipo de cosas ofenden mi sentido del orden publico. Me molestan como policia. Cuando decidamos liquidar a los judios sera de la forma adecuada; no sera la chusma quien lo haga. Ademas, existen repercusiones economicas. Hace un par de semanas, en Nuremberg unos idiotas decidieron destruir una sinagoga. Y dio la casualidad de que estaba muy bien asegurada por una compania alemana. La indemnizacion les costo miles de marcos. Asi que ya ven, los disturbios raciales son perniciosos para los negocios.
– Entonces, ?por que me dice todo esto?
– Quiero atrapar a ese lunatico, y atraparlo pronto, Gunther. -Dirigio una fria mirada a Nebe-. Segun la mejor tradicion de la Kri po, un hombre, un judio, ha confesado ser culpable de los asesinatos. Sin embargo, y dado que ya estaba detenido cuando se cometio el ultimo crimen, parece que pueda ser inocente y que, en un exceso de celo, un miembro del amado cuerpo de policia de Nebe lo haya incrimado injustamente.
»Pero usted, Gunther, no tiene ningun interes politico o racial en el asunto. Y por anadidura, tiene una considerable experiencia en el campo de la investigacion criminal. Despues de todo, fue usted, ?no es asi?, quien detuvo a Gormann, el estrangulador. Puede que hayan pasado diez anos, pero todo el mundo sigue recordando el caso. -Hizo una pausa y me miro directamente a los ojos, una sensacion muy incomoda-. En otras palabras, quiero que vuelva, Gunther, que vuelva a la Kri po y que encuentre a ese loco antes de que vuelva a matar.
Tire la colilla entre los arbustos y me levante. Arthur Nebe me miro sin entusiasmo, casi como si no estuviera de acuerdo con el deseo de Heydrich de hacerme volver al cuerpo de policia y dirigir la investigacion prefiriendome a cualquiera de sus propios hombres. Encendi otro cigarrillo y pense durante unos momentos.
– Diablos, debe de haber otros polis -dije-. ?Por que no el que atrapo a Kurten, la Bes tia de Dusseldorf? ?Por que no hacer que sea el?
– Lo hemos investigado -dijo Nebe-. Al parecer, Peter Kurten se entrego. Antes de eso, no puede decirse que la investigacion fuera muy eficaz.
– ?No hay nadie mas?
Nebe nego con la cabeza.
– Ya ve, Gunther -dijo Heydrich-, volvemos a usted. Francamente, dudo que haya un detective mejor en toda Alemania.
Me eche a reir y sacudi la cabeza.
– Es usted bueno, muy bueno. Ese discurso sobre los ninos y la familia fue muy bonito, general, pero, por supuesto, los dos sabemos que la verdadera razon para tapar este asunto es que hace que su moderno cuerpo de policia parezca formado por un hatajo de incompetentes. Malo para ellos y malo para usted. Y la verdadera razon de que quiera que vuelva no es que sea un detective tan bueno, sino que el resto son muy malos. El unico tipo de crimenes que la Kri po actual es capaz de resolver son cosas como la corrupcion racial o contar un chiste sobre el
Heydrich sonrio como un perro cogido en falta, entrecerrando los ojos.
– ?Me esta rechazando,
– Me gustaria ayudarle, de verdad que me gustaria. Pero el momento es muy inoportuno. Vera, acabo de enterarme de que asesinaron a mi socio anoche. Puede que lo considere anticuado, pero me gustaria descubrir quien lo mato. De ordinario, lo dejaria en manos del Departamento de Homicidios, pero dado lo que acaba de decirme, eso no parece demasiado prometedor, ?verdad? Casi me han acusado a mi de haberlo matado y, ?quien
