«Toda una putilla», pense, siguiendola a la sala.
Inhalo ruidosamente, como si estuviera sorbiendo una cucharada de sopa, y me lanzo otro anillo de humo a la cara. Si hubiera podido atraparlo le hubiera rodeado su bonito cuello con el.
– Ademas, no creo que por un pito de picadura se vaya a hundir el mundo, ?verdad?
– ?Parezco el tipo de imbecil que fuma cigarrillos baratos? -dije riendo.
– No, supongo que no -admitio-. ?Como se llama?
– Platon.
– Platon. Le sienta bien. Bueno, Platon, puede besarme si quiere.
– No te andas por las ramas, ?verdad?
– ?No ha oido los motes que nos ponen a las BdM? La liga alemana del colchon, articulos de consumo para el hombre aleman.
Me rodeo el cuello con los brazos y puso en practica toda una serie de gestos coquetos que probablemente habria practicado frente al espejo de su tocador.
Su aliento joven y caliente sabia a rancio, pero me permiti igualar el nivel de su beso mientras, solo para ser amable, le presionaba los jovenes pechos con las manos, pellizcandole los pezones. Luego acople las humedas palmas de mis manos a su carnoso trasero y la atraje hacia lo que crecia en mi mente. Sus traviesos ojos se abrieron redondos cuando se apreto contra mi. No puedo decir, sinceramente, que no me sintiera tentado.
– ?Sabes alguna buena historia para dormir, Platon? -dijo con una risita.
– No -respondi, estrechandola con mas fuerza-. Pero se muchas malas. Del tipo en que a la bella pero malcriada princesa el malvado ogro la cuece viva y la devora.
Un pequeno destello de duda empezo a surgir en el brillante iris azul de cada uno de sus corruptos ojos y la sonrisa empezo a perder su aire de total seguridad cuando le levante la falda y empece a tirar de las bragas hacia abajo.
– Ah, si. Podria contarte muchas historias de esas -dije misterioso-. Historias que los policias les cuentan a sus hijas. Historias horribles, escalofriantes, que logran que esas chicas tengan la clase de pesadillas que hace que sus padres se sientan contentos.
– Callese -dijo riendo nerviosamente-, me esta asustando.
Segura ahora de que las cosas no estaban saliendo segun sus planes, trato desesperadamente de alcanzar sus bragas cuando yo tire de ellas hacia abajo con violencia para dejar a la vista el polluelo que anidaba entre sus piernas.
– Se sienten contentos porque significa que sus preciosas hijitas, estaran tan aterrorizadas que no entraran nunca en la casa de un hombre desconocido, no vaya a ser que se convierta en un malvado ogro.
– Por favor, senor, no lo haga -dijo.
Le di un azote en el trasero y la aparte.
– Asi que tienes suerte, princesa, de que yo sea un detective y no un ogro, de lo contrario ahora serias pure de tomate.
– ?Es policia? -dijo, tragando con dificultad y con los ojos llenos de lagrimas.
– Exacto, soy policia. Y si te vuelvo a encontrar actuando como una prostituta aficionada, me encargare de que tu padre te de una buena tanda de bastonazos, ?entendido?
– Si -murmuro, y se subio rapidamente las bragas.
Recogi el monton de camisas y toallas viejas de donde las habia dejado caer en el suelo y se las puse entre los brazos.
– Ahora sal de aqui antes de que me encargue yo mismo de la paliza.
Echo a correr hasta el vestibulo y fuera del piso aterrorizada, como si yo hubiera sido el mismisimo Nibelungo encarnado.
Despues de cerrar la puerta, el olor y el tacto de aquel cuerpo joven y delicioso y mi frustrado deseo de el permanecieron conmigo todo el tiempo que tarde en prepararme una bebida y darme un bano frio.
En aquel septiembre parecia que por todas partes la pasion, que ya chisporroteaba como un fusible en mal estado, se encendia facilmente, y yo desee que la sangre caliente de los alemanes de los Sudetes en Checoslovaquia fuera tan facil de atajar como mi propia excitacion.
Como policia, aprendes a dar por hecho un aumento de los delitos durante los meses de calor. En enero y febrero incluso los criminales mas desesperados se quedan en casa, al lado del fuego.
Mientras leia
Segun Berg, Kurten, producto de un hogar violento, habia llegado a la delincuencia muy temprano, cometiendo una serie de pequenos hurtos y sufriendo varios periodos de prision hasta que, a los treinta y ocho anos, se caso con una mujer de caracter fuerte. Siempre habia tenido impulsos sadicos, torturando gatos y otros animales, y ahora se veia obligado a mantener esas tendencias dentro de una camisa de fuerza mental. Pero cuando su esposa no estaba en casa, a veces el demonio maligno de Kurten era demasiado poderoso para poder controlarlo y se veia empujado a cometer los horribles crimenes sadicos que le habian ganado tan infausta fama.
Este sadismo tenia un origen sexual, explicaba Berg. Las circunstancias del hogar de Kurten lo habian predispuesto a sufrir una desviacion del impulso sexual y sus primeras experiencias habian ayudado a condicionar la orientacion de ese impulso.
En los doce meses que pasaron entre la captura de Kurten y su ejecucion, Berg se habia reunido frecuentemente con el y habia descubierto que era un hombre con una notable personalidad y talento. Poseia un considerable encanto e inteligencia, una memoria excelente y un agudo poder de observacion. Mas aun, Berg se sintio obligado a senalar la receptividad de aquel hombre. Otra caracteristica destacada era su vanidad, que se manifestaba en su apariencia elegante y cuidada y en su placer por haber burlado a la policia de Dusseldorf mientras le apetecio hacerlo.
La conclusion de Berg no ofrecia mucho consuelo a ningun miembro civilizado de la sociedad: Kurten no estaba loco, segun los terminos del articulo 51, en tanto que sus actos no eran ni totalmente compulsivos ni plenamente irresistibles, sino crueldad pura y sin adulterar.
Si eso no era bastante malo de por si, leer a Baudelaire hizo que me sintiera tan comodo en mi alma como un buey en un matadero. No exigia un esfuerzo sobrehumano de imaginacion aceptar lo dicho por
Sin embargo, alli habia algo mas. Algo mas profundo y universal que una mera clave para acceder a la psique del asesino en serie. En el interes por la violencia de Baudelaire, en su nostalgia del pasado y a traves de su revelacion del mundo de la muerte y la corrupcion, oia el eco de una letania satanica que era mas contemporanea y veia el palido reflejo de un tipo diferente de criminal, un criminal cuya ira tenia fuerza de ley.
No tengo mucha memoria para las palabras. Apenas puedo recordar las que forman el himno nacional. Pero algunos de los versos de Baudelaire permanecieron en mi mente como el persistente olor del almizcle y la brea mezclados.
Aquella noche fui a ver a la viuda de Bruno, Katia, a su casa en Berlin-Zehlendorf. Era mi segunda visita desde la muerte de Bruno y le llevaba algunas de sus cosas del despacho, asi como una carta de la compania de seguros acusando recibo de la reclamacion que yo habia hecho en su nombre.
Ahora habia incluso menos que decir que antes, pero sin embargo me quede durante toda una hora, con la mano de Katia en la mia y tratando de tragarme el nudo que tenia en la garganta con la ayuda de varios vasos de schnapps.
– ?Como lo lleva Heinrich? -dije, incomodo, mientras oia el inconfundible sonido del chico cantando en su habitacion.
– Sigue sin hablar de ello -dijo Katia, y su dolor cedio un tanto frente a su incomodidad-. Creo que canta porque quiere evitar tener que hacer frente a lo que ha pasado.
– El dolor afecta a cada uno de forma diferente -dije, tratando de encontrar una excusa. Pero no pensaba que
