clinica de Kindermann fuera el lugar donde habian matado a las chicas. Que mejor lugar para matar a alguien que un hospital donde siempre hay gente entrando y saliendo con los pies por delante. Lo cierto era que su carta a Weisthor parecia indicarlo asi.

Habia un aterrador ingenio en la solucion de Weisthor. Despues de asesinar a las ninas, todas las cuales habian sido seleccionadas por su aspecto ario, se escondian los cuerpos de forma que fuera casi imposible encontrarlos; y mas teniendo en cuenta la falta de policias disponibles para investigar algo tan corriente como la desaparicion de una persona. Para cuando la policia se diera cuenta de que habia un asesino en serie acechando en las calles de Berlin, lo que mas les preocuparia seria que no se hablara de ello y evitar asi que su fracaso en encontrar al asesino pareciera incompetencia, al menos durante el tiempo que necesitaran para encontrar un cabeza de turco conveniente, como Josef Kahn.

Pero ?que pasaba con Heydrich y Nebe? ?Su asistencia a ese Tribunal de Honor de las SS era considerado obligatorio meramente en virtud de su rango? Despues de todo, las SS tenian sus camarillas, igual que sucede con cualquier organizacion. Daluege, por ejemplo, el jefe de la Or po, al igual que su homologo Arthur Nebe, se sentia tan predispuesto en contra de Himmler y Heydrich como estos en contra suya. Y estaba totalmente claro, por supuesto, que Weisthor y su faccion eran hostiles al «judio Heydrich». Heydrich, judio. Era uno de esos bonitos casos de contrapropaganda que se basan en una absoluta contradiccion para sonar convincentes. Ya habia oido ese rumor antes, como la mayoria de polis del Alex y, como ellos, sabia donde se habia originado: el almirante Canaris, jefe de la Ab wehr, el Servicio de Informacion del Estado Mayor aleman, era uno de los adversarios mas implacables de Heydrich y, sin duda alguna, el mas poderoso.

?O habia alguna otra razon para que Heydrich tuviera que ir a Wewelsburg dentro de pocos dias? Nada que tuviera que ver con el era nunca exactamente lo que parecia, aunque yo no dudaba ni por un segundo que disfutaria con la incomodidad de Himmler. Para el seria un hermoso y espeso bano de chocolate por encima del pastel, cuyo ingrediente principal era el arresto de Weisthor y los otros conspiradores anti-Heydrich dentro de las SS.

No obstante, para probarlo iba a necesitar algo mas que los papeles de Weisthor; algo mas elocuente e inequivoco que convenciera al propio Reichsfuhrer.

Fue entonces cuando pense en Reinhart Lange. La excrecencia mas debil del maculado cuerpo del plan de Weisthor no iba a necesitar, seguro, un bisturi limpio y afilado para extirparla. Yo tenia todavia la una sucia y astillada que haria la tarea; tenia dos de sus cartas a Lanz Kindermann.

De vuelta al Alex, fui derecho a la mesa del sargento de guardia y encontre a Korsch y a Becker esperandome, junto con el profesor Illmann y el sargento Gollner.

– ?Otra llamada?

– Si, senor -dijo Gollner.

– Bien, en marcha.

Desde el exterior, la Cer veceria Schultheiss, en Kreuzberg, con su uniforme ladrillo rojo, sus numerosas torres y torretas, asi como el jardin de buen tamano, parecia mas una escuela que una fabrica de cerveza. De no ser por el olor, que incluso a las dos de la madrugada era lo bastante fuerte como para provocar picazon en la nariz, se podria haber esperado encontrar salas llenas de pupitres en lugar de barriles de cerveza. Nos detuvimos ante la caseta, en forma de tienda de campana, del guardia.

– Policia -le chillo Becker al guardia de noche, que parecia un barril de cerveza tambien el. Tenia un estomago tan grande que dudo que pudiera alcanzar los bolsillos del mono, incluso queriendo-. ?Donde guardan los barriles de cerveza viejos?

– ?Cuales? ?Habla de los vacios?

– No exactamente. Hablo de los que probablemente necesitan algun tipo de reparacion.

El hombre se llevo la mano a la frente como si saludara.

– Tiene toda la razon, senor. Se exactamente a lo que se refiere. Por aqui, por favor.

Salimos de los coches y lo seguimos, recorriendo en sentido contrario la calle por la que habiamos llegado. Al cabo de un corto trecho, pasamos agachados por una puerta verde que habia en la pared de la cerveceria y bajamos por un corredor largo y estrecho.

– ?No tienen cerrada esa puerta? -pregunte.

– No hay necesidad -dijo el vigilante-. Aqui no hay nada que valga la pena robar. La cerveza se guarda detras de la verja.

Era una vieja bodega con un par de siglos de suciedad en el techo y en el suelo. Una bombilla desnuda en la pared anadia un toque amarillento a la penumbra.

– Bueno, es aqui -dijo el hombre-. Supongo que esto es lo que andan buscando. Aqui es donde dejan los barriles que hay que reparar. Solo que muchos de ellos nunca llegan a repararse. Algunos no se han movido desde hace anos.

– Joder -dijo Korsch-, por lo menos habra un centenar.

– Por lo menos -dijo nuestro guia riendo.

– Bueno, pues sera mejor que nos pongamos manos a la obra, ?no?

– ?Que es lo que buscan exactamente?

– Un abrebotellas -dijo Becker-. Vamos, sea buen chico y marchese, ?quiere?

El hombre lo miro socarron, dijo algo entre dientes y luego se marcho anadeando, con gran diversion por parte de Becker.

Fue Illmann quien la encontro. Ni siquiera quito la tapa.

– Aqui. Este es, lo han movido, y hace poco. Y la tapa es de un color diferente que la de los otros. -Levanto la tapa, respiro hondo y luego ilumino el interior con la linterna-. Es ella, no hay duda.

Me acerque y eche una larga mirada por mi mismo y otra por Hildegard. Habia visto suficientes fotografias de Emmeline en el piso para reconocerla inmediatamente.

– Sacala de ahi lo antes posible, profesor.

Illmann me dirigio una mirada extranada y luego asintio. Quiza noto algo en mi tono de voz que le hizo pensar que mi interes era algo mas que profesional. Con un gesto llamo al fotografo de la policia.

– Becker -dije.

– ?Si, senor?

– Necesito que vengas conmigo.

De camino a casa de Reinhart Lange nos detuvimos en mi oficina para recoger las cartas. Servi un buen vaso de schnapps y le explique parte de lo que habia ocurrido aquella noche.

– Lange es el eslabon debil. Les oi decirlo. Y lo que es mas, es un marica. -Vacie el vaso y me servi otro, inhalando profundamente para aumentar el efecto, notando en los labios una sensacion de hormigueo mientras mantenia la bebida contra el paladar durante un rato antes de tragarla. Me estremeci un poco al dejarla deslizarse por mi columna-. Quiero que le apliques un tratamiento de brigada Antivicio.

– ?Si? ?Como de duro?

– Quiero que le hagas un jodido frac.

Becker sonrio y se acabo la bebida.

– ?Que lo deje mas plano que una estera? Capto la idea. -Se desabrocho la chaqueta y saco una corta porra de goma con la que se golpeo en la palma de la mano-. Lo acariciare con esto.

– Bueno, confio en que sabras utilizarla mejor que esa Parabellum que llevas. Quiero a ese tipo vivo. Cagado de miedo, pero vivo. Para que pueda contestar a unas preguntas. ?Lo entiendes?

– No se preocupe -dijo-. Soy un experto con este bonito caucho. Solo lo despellejare, ya vera. Los huesos podemos dejarlos para cuando usted diga.

– No hay duda de que esto te gusta, ?verdad?, lo de acojonar a la gente.

Becker se rio.

– ?A usted no?

La casa estaba en la Lutzo wufer Strasse, con vistas sobre el canal Landwehr y lo bastante cerca del Zoo como para oir a los parientes de Hitler quejandose del nivel de los alojamientos. Era un elegante edificio de tres plantas, de estilo guillermino, pintado de color naranja y con una gran mirador cuadrado en el primer piso. Becker se puso a tirar de la campanilla como si trabajara a destajo. Cuando se canso paso a golpear el picaporte.

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