Por favor, Bernie, ten cuidado -dijo con voz entrecortada, dejando caer la cabeza sobre el pecho.

– ?Estas bien, Hildegard?

Busco a tientas la manija de la puerta.

– Me parece que voy a vomitar.

Cayo de lado sobre la acera, vomitando en la cuneta y ensuciandose la manga al parar la caida con la mano. Salte del coche y corri hasta la puerta del pasajero para ayudarla, pero Korsch llego antes que yo y la sujeto por los hombros hasta que recupero la respiracion.

– Por todos los santos -dijo Korsch-, ?que ha pasado en ese sitio?

De cuclillas al lado de Hildegard, le enjugue el sudor de la cara antes de limpiarle la boca. Me cogio el panuelo de la mano y permitio que Korsch la ayudara a sentarse de otra vez.

– Es una larga historia -dije- y me temo que tendras que esperar un poco para que te la cuente. Quiero que la lleves a casa y luego me esperes en el Alex. Que Becker tambien este alli. Tengo la sensacion de que vamos a tener trabajo esta noche.

– Lo siento -dijo Hildegard-. Ya estoy bien.

Sonrio valientemente. Korsch y yo la ayudamos a salir del coche y, sosteniendola por la cintura, la llevamos hasta el coche de Korsch.

– Tenga cuidado, senor -dijo el al sentarse al volante y poner en marcha el motor.

Le dije que no se preocupara.

Cuando se marcharon, espere en el coche una media hora y luego volvi andando por la Cas par-Theyss Strasse. Se estaba levantando un poco de viento y un par de veces cobro tanta intensidad entre los arboles que bordeaban la oscura calle que, de haber tenido un temperamento mas imaginativo, quizas hubiera imaginado que tenia algo que ver con lo sucedido en casa de Weisthor. Lo de molestar a los espiritus y todo eso. En realidad, me sentia invadido por una sensacion de peligro que el viento que gemia a traves del cielo tormentoso no hacia nada por aliviar. Si acaso, la sensacion se agudizo cuando volvi a ver la casa de pan de jengibre.

Los coches ya habian desaparecido de la acera, pero pese a ello me acerque al jardin con cautela, por si por alguna razon se hubieran quedado alli los dos hombres de las SS. Una vez seguro de que la casa no estaba vigilada, la rodee de puntillas y fui hasta la ventana del cuarto de bano que habia dejado abierta. Hice bien en no hacer ruido, porque la luz estaba encendida y desde el interior de la pequena habitacion se oia el inconfundible sonido de un hombre que hacia grandes esfuerzos en el retrete. Pegandome bien a la pared, oculto entre las sombras, espere a que acabara y, finalmente, despues de lo que parecieron diez o quince minutos, oi el sonido de la cadena y el agua al caer y vi que se apagaba la luz.

Pasaron varios minutos antes de que me pareciera seguro subirme a la ventana y empujarla hacia arriba. Pero aun antes de entrar en el cuarto ya habria deseado estar en otra parte o, por lo menos, llevar una mascara antigas, ya que el olor fecal que se ofrecio a mi nariz era tal que habria revuelto el estomago de todo el personal de una clinica especializada en proctologia. Supongo que es a eso a lo que los policias se refieren cuando dicen que el nuestro a veces es un trabajo nauseabundo. Por mi dinero que tener que quedarse quieto en un lugar donde alguien ha culminado un movimiento de vientre de proporciones autenticamente goticas es lo mas nauseabundo que pueda haber.

El horrible olor fue la principal razon de que decidiera salir al guardarropa bastante mas rapidamente de lo que hubiera sido seguro y que casi me viera el mismo Weisthor cuando pasaba cansinamente por delante de la puerta y cruzaba el vestibulo hacia una sala del lado opuesto.

– Vaya viento que hace -dijo una voz, que reconoci como perteneciente a Otto Rahn.

– Si -dijo Weisthor con una risita-.Todo colaboraba al ambiente, ?no es verdad? Himmler estara especialmente complacido con este cambio de tiempo. Sin duda le atribuira todo tipo de wagnerianas ideas sobrenaturales.

– Estuviste magnifico, Karl -dijo Rahn-. Incluso el Reichsfuhrer lo comento.

– Pero pareces cansado -dijo una tercera voz, que supuse seria la de Kindermann-. Sera mejor que me dejes echarte una mirada.

Avance deslizandome y mire por la rendija que quedaba entre la puerta y el marco. Weisthor estaba quitandose la chaqueta y colgandola del respaldo de una silla. Sentandose pesadamente, dejo que Kindermann le tomara el pulso. Parecia apatico y palido, casi como si realmente hubiera estado en contacto con el mundo de los espiritus. Parecio haber oido mis pensamientos.

– Fingirlo es casi tan cansado como hacerlo de verdad -dijo.

– Quiza tendria que ponerte una inyeccion -comento Kindermann-. Un poco de morfina te ayudara a dormir. -Sin esperar respuesta, extrajo una botellita y una jeringuilla hipodermica de un maletin medico y se dispuso a preparar la aguja-. Despues de todo, no queremos que estes cansado para el proximo Tribunal de Honor, ?verdad?

– Desde luego te necesitare alli, Lanz -dijo Weisthor subiendose la manga y mostrando un antebrazo tan magullado y marcado de senales de pinchazos que parecia que lo hubieran tatuado-. No podre superarlo sin cocaina. Encuentro que es maravillosa para aclarar la mente. Y necesitare estar tan trascendentalmente estimulado que el Reichsfuhrer SS encuentre lo que tengo que decir absolutamente irresistible.

– ?Sabes?, por un momento pense de verdad que ibas a hacer la revelacion esta noche -dijo Rahn-. Realmente lo pusiste a prueba con todo eso de que la chica no queria causar problemas a nadie. Bueno, francamente, ahora casi lo cree.

– Solo en el momento oportuno, mi querido Otto -dijo Weisthor-. Solo en el momento oportuno. Piensa cuanto mas espectacular sera cuando lo revele en Wewelsburg. La complicidad judia tendra la fuerza de una revelacion espiritual y habremos acabado con esa tonteria suya de respetar la propiedad y el imperio de la ley. Los judios recibiran lo que se merecen y no habra ni un solo policia que lo impida.

Hizo un gesto de asentimiento hacia la jeringuilla y observo, impasible, como Kindermann le introducia la aguja, suspirando con satisfaccion cuando el embolo acabo de bajar.

– Y ahora, caballeros, si son tan amables de ayudar a un anciano a llegar a su cama…

Observe como cada uno lo cogia de un brazo y lo ayudaba a subir las chirriantes escaleras.

Se me ocurrio que si Kindermann o Rahn tenian intencion de marcharse entonces, quiza querrian ponerse el abrigo, asi que me deslice fuera del guardarropa, entre en la sala en forma de ele donde habian escenificado la falsa sesion y me escondi detras de las gruesas cortinas por si acaso uno de ellos entraba alli. Pero cuando bajaron, se limitaron a quedarse charlando de pie en el vestibulo. Me perdi la mitad de lo que dijeron, pero la esencia parecia ser que Reinhart Lange estaba dejando de serles util. Kindermann hizo un debil intento de disculpar a su amante, pero sin poner mucho entusiasmo.

Era dificil superar el olor del cuarto de bano, pero lo que sucedio a continuacion fue incluso mas repugnante. No veia exactamente que pasaba y no se les oia decir nada, pero el sonido de dos hombres ocupados en un acto homosexual es inconfundible y me dieron unas irresistibles nauseas. Cuando finalmente hubieron llevado su asquerosa conducta a su estrepitosa conclusion y se marcharon, cloqueando como un par de escolares degenerados, me sentia lo bastante debil para tener que abrir una ventana a fin de que entrara algo de aire fresco.

En el estudio de la puerta de al lado me servi un gran vaso del conac de Weisthor, que me hizo un efecto mucho mejor que llenarme los pulmones del aire de Berlin, y con las cortinas corridas me senti tranquilo para encender la lampara de mesa y echar una ojeada por la habitacion antes de registrar los armarios y los cajones.

Valia la pena mirar, ademas. El gusto de Weisthor en cuanto a decoracion no era menos excentrico que el del loco rey Luis. Habia calendarios de aspecto extrano, escudos heraldicos, cuadros de dolmenes, Merlin, la espada clavada en la roca, el Grial y los Caballeros Templarios y fotografias de castillos, Hitler, Himmler y finalmente del mismo Weisthor de uniforme, primero como oficial de algun regimiento de la infanteria austriaca y luego como oficial de alto rango de las SS.

Karl Weisthor estaba en las SS. Casi lo dije en voz alta, de tan fantastico como parecia. Y no era solamente un NCO como Otto Rahn, sino que, a juzgar por el numero de estrellas que llevaba en el cuello, era por lo menos general de brigada. Y algo mas por anadidura. ?Como no habia notado antes el parecido fisico entre Weisthor y Julius Streicher? Era verdad que Weisthor tenia quizas unos diez anos mas que Streicher, pero la descripcion dada

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