– Podria ser una cerveceria -dijo Kindermann.

– ?Te refieres a la Cer veceria Schultheiss? -dijo Rahn.

– Cree que debe de serlo, aunque no parece un sitio al que vaya mucha gente. Algunos de los barriles son viejos y tienen agujeros. Ella puede ver a traves de uno de ellos. No, carino, no seria muy adecuado para guardar cerveza, estoy de acuerdo.

Hildegard musito algo que no consegui entender.

– Valor, querida senora -dijo Rahn-. Valor.

Y luego anadio en voz mas alta:

– ?Quien fue el que te mato, Emmeline? ?Y puedes decirnos por que?

Weisthor emitio un profundo gemido.

– No conoce sus nombres, pero cree que fue para el Misterio de la San gre. ?Como averiguaste eso, Emmeline? Es una de las muchas cosas que aprendes cuando mueres, ya veo. La mataron como matan a sus animales y luego mezclaron su sangre con el vino y el pan. Cree que debe de haber sido para un rito religioso, pero de una clase que ella no habia visto jamas.

– Emmeline -dijo una voz que pense que debia de ser la de Himmler-, ?fueron los judios quienes te asesinaron? ?Fueron judios quienes usaron tu sangre?

Hubo otro largo silencio.

– No lo sabe -dijo Weisthor-. No dijeron quienes ni que eran. No se parecian a las imagenes que ella habia visto de judios. ?Que dices, carino? Dice que quiza lo fueran, pero que no quiere causarle problemas a nadie, que no importa lo que le hicieron. Dice que si fueron los judios, fueron malos judios y que no todos los judios habrian aprobado una cosa asi. No quiere decir nada mas sobre ello. Solo quiere que alguien vaya a sacarla de ese sucio barril. Si, estoy seguro de que alguien lo arreglara, Emmeline. No te preocupes.

– Digale que yo me encargare personalmente de que se haga esta misma noche -dijo Himmler-. La nina tiene mi palabra.

– ?Que has dicho? Esta bien. Emmeline dice que le agradezca su ayuda. Y que le diga a sus padres que los quiere mucho de verdad, pero que no se preocupen por ella, que nada puede devolversela, que ambos tienen que seguir su vida y dejar atras lo que ha sucedido. Que procuren ser felices. Emmeline tiene que irse ahora.

– Adios, Emmeline -dijo Hildegard sollozando.

– Adios -dije yo.

De nuevo se hizo el silencio, si exceptuamos el sonido de la sangre que se agolpaba en mis oidos. Me alegraba de la oscuridad porque ocultaba mi cara, que debia mostrar mi furia, y me daba la oportunidad de respirar lenta y profundamente hasta recuperar una apariencia de tranquila tristeza y resignacion. Si no hubiera sido por los dos o tres minutos que transcurrieron desde que acabo la representacion de Weisthor hasta que se encendieron las luces, creo que los hubiera matado a todos a tiros alli mismo donde estaban sentados: Weisthor, Rahn, Vogelmann, Lange…

Mierda, habria asesinado a aquella gentuza solo por el placer de hacerlo. Les habria obligado a sujetar el canon de la pistola con la boca y luego les habria saltado la tapa de los sesos en la cara de los otros. Un orificio de la nariz extra para Himmler; un tercer ojo para Kindermann.

Todavia respiraba pesadamente cuando se encendieron las luces, pero era facil confundirlo con una demostracion de dolor. La cara de Hildegard brillaba debido a las lagrimas, lo cual hizo que Himmler le rodeara los hombros con el brazo. Al cruzarse nuestras miradas, hizo un gesto de pesar con la cabeza.

Weisthor fue el ultimo en ponerse en pie. Se tambaleo durante unos segundos, como si se fuera a caer, y Rahn lo sujeto por el codo.Weisthor sonrio y le dio unos golpecitos en la mano a su amigo con agradecimiento.

– Por su cara veo, querida senora, que su hija se presento.

Hildegard asintio.

– Quiero darle las gracias, Herr Weisthor. Muchas gracias por ayudarnos.

Sollozo sonoramente y saco el panuelo.

– Karl, esta noche has estado magnifico -dijo Himmler-. Absolutamente extraordinario.

Se produjo un murmullo de asentimiento del resto de los asistentes, incluyendome a mi. Himmler seguia moviendo la cabeza maravillado.

– Absolutamente extraordinario, de verdad -repitio-. Pueden tener todos la seguridad de que me pondre en contacto con las autoridades apropiadas y ordenare que se envie una patrulla de policia inmediatamente para registrar la Cer veceria Schultheiss en busca de la desgraciada nina.

Himmler me miraba fijamente ahora y yo asenti, mudo, en respuesta a lo que decia.

– No dudo ni por un segundo de que la encontraran alli. Tengo la seguridad de que lo que acabamos de oir era la nina que hablaba con Karl, a fin de que los corazones de ustedes encuentren reposo. Creo que lo mejor sera que se vayan a casa y esperen noticias de la policia.

– Si, por supuesto -dije y, rodeando la mesa, cogi a Hildegard de la mano y la libere del abrazo del Reichsfuhrer. Luego estrechamos las manos de toda la asamblea, aceptamos sus condolencias y permitimos que Rahn nos acompanara a la puerta.

– ?Que puede uno decir? -dijo con pomposa gravedad-. Naturalmente, siento mucho que Emmeline haya pasado al otro lado, pero, como el mismo Reichsfuhrer ha dicho, es una bendicion saberlo con certeza.

– Si -dijo Hildegard sollozando-. Es mejor saberlo, creo.

Rahn entrecerro los ojos y adopto una expresion ligeramente dolida cuando me cogio por el brazo.

– Creo que tambien seria mejor, por razones obvias, que no dijera nada a la policia sobre lo sucedido esta noche si vinieran a decirle que la han encontrado. Me temo que podrian ponerle las cosas muy dificiles si les diera la impresion de que sabia que la habian encontrado antes que ellos mismos. Como no dudo que comprendera, la policia no tiene muchas luces cuando se trata de entender este tipo de cosas y podrian hacerle todo tipo de preguntas dificiles de contestar. -Se encogio de hombros-. Quiero decir que todos tenemos preguntas respecto a lo que nos llega desde el otro lado. En verdad es un enigma para todos y un enigma para el que tenemos muy pocas respuestas todavia.

– Si, entiendo que la policia podria mostrarse dificil -dije-. Puede contar con que no dire nada de lo que ha sucedido esta noche, y mi esposa tampoco.

– Herr Steininger, sabia que lo comprenderia. -Abrio la puerta de la calle-. Por favor, no vacilen en ponerse en contacto con nosotros de nuevo si desean volver a establecer comunicacion con su hija, pero yo esperaria un tiempo. No es bueno convocar a un espiritu con demasiada frecuencia.

Nos despedimos de nuevo y regresamos al coche.

– Sacame de aqui, Bernie -dijo Hildegard entre dientes mientras le abria la puerta del coche.

Cuando puse en marcha el motor, volvia a llorar, solo que esta vez era del impacto recibido y de puro horror.

– No puedo creer que haya gente tan… tan malvada -dijo sollozando.

– Siento que hayas tenido que pasar por esto -dije-. De verdad que lo siento. Habria dado cualquier cosa por evitartelo, pero era la unica manera.

Conduje hasta el final de la calle y sali a la Bis markplatz, una tranquila interseccion de calles de barrio con una pequena extension de hierba en el medio. Solo entonces me di cuenta de lo cerca que estabamos de la casa de Frau Lange en la Her bertstrasse. Vi el coche de Korsch y aparque detras de el.

– Bernie, ?crees que la policia la encontrara?

– Si, creo que si.

– Pero ?como pudo fingir que sabia donde estaba? ?Como podia saber todas aquellas cosas de ella? Eso de que le gustaba la danza…

– Porque el o uno de los otros la pusieron alli. Probablemente hablaron con Emmeline y le hicieron unas cuantas preguntas antes de matarla. Solo en aras de la autenticidad.

Se sono y luego levanto los ojos.

– ?Por que hemos parado?

– Porque voy a volver alli para echar una ojeada. Para ver si puedo averiguar que sucio juego se traen entre manos. El coche aparcado delante lo lleva uno de mis hombres. Se llama Korsch y te acompanara a casa.

Asintio.

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