Se detuvo para aclararse la garganta y, excusandose, se llevo el panuelo a la boca.
– Dudo en proponerles esto,
– Tenia la impresion de que por esa razon le consultamos a usted -dijo Hildegard con sequedad-. Lo usual, como usted lo llama, era lo que esperabamos de la policia.
Vogelmann sonrio, incomodo.
– Me he expresado mal -dijo-. Deberia haber hablado de lo ordinario y lo extraordinario.
El otro hombre, Otto Rahn, acudio en ayuda de Vogelmann.
– Lo que
Tenia un acento culto y hablaba con la velocidad de un hombre procedente de algun sitio como Frankfurt.
– ?Un medium? -dije-. ?Se refiere al espiritismo? -Me encogi de hombros-. No creemos en esa clase de cosas.
Queria saber que diria Rahn para vendernos la idea.
Sonrio pacientemente.
– En estos tiempos apenas es una cuestion de creencias. El espiritismo es ahora mas bien una ciencia. Se han producido descubrimientos muy sorprendentes desde la guerra, especialmente en la ultima decada.
– Pero ?no es ilegal? -pregunte suavemente-. Estoy seguro de haber leido en alguna parte que el conde Helldorf prohibio la adivinacion profesional de cualquier tipo en Berlin en 1934, es decir, hace ya mucho tiempo.
Rahn no se altero ni dejo que mis palabras le desviaran de su camino.
– Esta muy bien informado,
Vogelmann asintio y solto una risita cloqueante.
Asi que esta era la razon de que Reinhart Lange patrocinara la campana de publicidad de Vogelmann. Para conseguir algo de negocio para el sector de la bola de cristal. Y parecia una operacion muy limpia. Tu detective no conseguia encontrar a tu persona desaparecida, despues de lo cual y por mediacion de Otto Rahn, te pasaban a otro poder aparentemente superior. Este servicio probablemente tenia como resultado hacerte pagar mucho mas por el privilegio de averiguar lo que ya era obvio: que tu ser querido dormia con los angeles.
«Si, por supuesto -pense-, una bonita representacion.» Iba a disfrutar encerrando a esa gente. A veces se puede perdonar a alguien que vive del cuento, pero no a aquellos que se aprovechan del dolor y el sufrimiento de los demas. Era como robar las almohadillas de un par de muletas.
– Peter -dijo Hildegard-, no creo que tengamos mucho que perder.
– No, supongo que no.
– Me alegra mucho que piensen eso -dijo Vogelmann-. Uno siempre vacila antes de recomendar una cosa asi, pero creo que en este caso realmente no hay otra alternativa.
– ?Cuanto costara?
– Estamos hablando de la vida de Emmeline -me espeto Hildegard-. ?Como puedes hablar de dinero?
– El coste es muy razonable -dijo Rahn-. Estoy seguro de que quedaran totalmente satisfechos. Pero ya hablaremos de eso mas adelante. Lo mas importante ahora es que conozcan a alguien que puede ayudarlos. Hay un hombre, un gran hombre, con mucho talento, que posee una enorme capacidad psiquica. Podria ayudarles. Este hombre, como ultimo descendiente de un largo linaje de hombres sabios alemanes, tiene una memoria de clarividencia ancestral que es unica en nuestra epoca.
– Parece alguien maravilloso -musito Hildegard.
– Lo es -dijo Vogelmann.
– Entonces lo organizare para que se reunan con el -dijo Rahn-. Da la casualidad de que se que el proximo jueves esta libre. ?Estaran disponibles esa noche?
– Si, estaremos disponibles.
Rahn saco un cuaderno y empezo a escribir. Cuando acabo arranco la hoja y me la dio.
– Aqui tiene la direccion. ?Digamos a las ocho? A menos que me ponga en contacto con usted antes. -Asenti-. Excelente.
Vogelmann se levanto para marcharse mientras Rahn se inclinaba para buscar algo en su maletin. Le entrego una revista a Hildegard.
– Quizas esto tambien pueda ser de interes para ustedes -dijo.
Los acompane a la puerta y cuando volvi me la encontre absorta en la revista. No necesite mirar la portada para saber que era la
20. Jueves, 3 de noviembre
En la Ofi cina del Censo de Residentes aparecio un Otto Rahn, procedente de Michelstadt, cerca de Frankfurt, cuyo domicilio actual era Tiergartenstrasse 8a, Berlin Oeste, 35.
Por otro lado, el VC1, Antecedentes Criminales, no tenia nada de el. Y tampoco el VC 2, el departamento que compilaba la lista de personas buscadas. Estaba a punto de marcharme cuando un SS
–
Le dije que estaba interesado en averiguar todo lo que pudiera sobre Otto Rahn.
– ?De que departamento es usted?
– De Homicidios. Lo busco porque quiza nos pueda ayudar en una investigacion. -Entonces, ?no es que sospechen que haya cometido un delito? Al percibir que el
– Por todos los santos, no -dije-. Como he dicho, solo puede ponernos en contacto con un testigo valioso. ?Por que? ?Conoce a alguien de ese nombre?
– Si, da la casualidad de que si -dijo-. Es mas bien un conocido. Hay un Otto Rahn que esta en las SS.
El viejo Hotel Prinze Albrecht Strasse era un edificio notable de cuatro plantas con ventanas en forma de arco y columnas estilo corintio, con dos balcones largos, tamano dictador, en el primer piso, rematados por un enorme y recargado reloj. Sus setenta habitaciones hacian que nunca hubiera pertenecido a la misma liga que los grandes hoteles como el Bristol o el Adlon, razon por la cual probablemente se lo habian quedado las SS. Llamado ahora SS Haus, y situado al lado del cuartel general de la Ges tapo, en el numero 8, era tambien el cuartel general de Heinrich Himmler en tanto que
En el Departamento de Registro del Personal del segundo piso, mostre mis credenciales y les explique mi mision.
– He sido requerido por la SD para que obtenga un certificado de Seguridad para un miembro de las SS a fin de que sea considerado para su promocion al servicio personal del general Heydrich.
El cabo de las SS que estaba de guardia se puso tenso al oir el nombre de Heydrich.
– ?En que puedo servirle? -dijo con entusiasmo.
– Deseo ver el expediente de ese hombre. Se llama Otto Rahn.
