El cabo me pidio que esperara y luego entro en la sala de al lado, donde busco el archivador adecuado.
– Aqui esta -dijo, volviendo al cabo de unos minutos con la carpeta-. Me temo que tendre que pedirle que lo examine aqui. Solo se puede sacar un expediente de esta oficina con la autorizacion escrita del propio
– Como es natural, ya estaba enterado -dije friamente-. Pero estoy seguro de que me bastara una mirada rapida. Es solo un control rutinario de seguridad.
Me acerque hasta un atril de lectura que habia en el extremo mas alejado de la oficina, donde abri la carpeta para examinar el contenido. Era una lectura interesante.
SS
Seguian varias paginas de anotaciones medicas y valoraciones de caracter, entre ellas una evaluacion hecha por un SS
Le devolvi la carpeta al cabo y me dirigi a la salida del edificio. Otto Rahn. Cuanto mas descubria de el, menos inclinado me sentia a creer que solo estaba practicando alguna complicada estafa mediante abuso de confianza.
Aqui tenia un hombre interesado en algo que no era solo el dinero. Un hombre para quien la palabra «fanatico» no parecia inapropiada. Al volver a Steglitz, pase en el coche por delante de la casa de Rahn en la Ti ergartenstrasse y no creo que me hubiera sorprendido ver a la Mu jer Escarlata y a la Gran Bes tia del Apocalipsis salir volando por la puerta principal.
Era de noche para cuando llegue a la Cas par-Theyss Strasse, que esta justo al sur de la Kur furstendamm, bordeando el Grunewald. Era una calle tranquila con chales a los que les faltaba muy poco para ser algo mas grandioso y que estaban ocupados principalmente por medicos y dentistas. El numero 33, al lado de una pequena clinica rural, ocupaba la esquina de la Pa ulsbornerstrasse, frente a una gran floristeria donde quienes visitaban el hospital podian comprar flores.
Habia un toque del Hombrecito de Pan de Jengibre en la extrana casa a la que nos habia invitado Rahn. Los ladrillos del sotano y la planta baja estaban pintados de marron y los del primer y segundo pisos eran de color crema. Una torre de forma heptagonal ocupaba el lado este de la casa, una logia de madera coronada por un balcon en la parte central, y en la oriental, un tejado de madera cubierto de musgo sobresalia por encima de un par de ojos de buey.
– Confio en que hayas traido un diente de ajo -le dije a Hildegard mientras aparcaba. Era evidente que no le gustaba mucho el aspecto de aquel lugar, pero siguio obstinadamente callada, convencida todavia de que todo era un asunto limpio.
Fuimos hasta una verja de hierro forjado que habia sido decorada con una serie de simbolos zodiacales y me pregunte como interpretarian todo aquello los dos hombres de las SS que estaban de pie, fumando, debajo de uno de los muchos abetos que habia en el jardin. Esta idea me ocupo solo un segundo antes de pasar a la cuestion mas dificil de responder de que hacian alli tanto ellos como varios coches de cargos del partido que habia aparcados en la acera.
Otto Rahn abrio la puerta, saludandonos con calidez y comprension, y nos acompano hasta un guardarropa donde dejamos los abrigos.
– Antes de entrar -dijo-, debo explicar que a esta sesion van a asistir otras personas. Las proezas de
Hildegard se quedo boquiabierta.
– ?No estara hablando del
Rahn sonrio.
– No, no es el, pero si alguien muy cercano a el. Ha pedido que se le trate como a todos los demas a fin de facilitar un ambiente favorable para el contacto de esta noche. Por eso se lo he dicho ahora, para que no se queden demasiado sorprendidos; es al
Al salir del guardarropa, pasamos por una puerta insonorizada con piel verde tachonada y acolchada y entramos en una sala en forma de ele de gran tamano y amueblada con sencillez. Al otro lado de la gruesa alfombra verde y en uno de sus extremos habia una mesa redonda, y en el otro un grupo de unas diez personas de pie alrededor de un sofa y un par de sillones. Las paredes, alli donde eran visibles entre los paneles de madera de roble, estaban pintadas de blanco y las cortinas verdes estaban corridas. Habia algo clasicamente aleman en aquella habitacion, que era igual que decir que era tan calida y acogedora como un cuchillo del ejercito suizo.
Rahn nos ofrecio unas bebidas y nos presento, a Hildegard y a mi, a los presentes. Lo primero que detecte fue la pelirroja cabeza de Vogelmann; le salude con un gesto y luego busque a Himmler. Como nadie llevaba uniforme resulto un tanto dificil distinguirlo con su traje cruzado de color oscuro. Era mas alto de lo que esperaba, y tambien mas joven, quiza no tuviera mas de treinta y siete o treinta y ocho anos. Al hablar, parecia un hombre de modales suaves y, salvo por su enorme Rolex de oro, mi impresion general fue que lo podrias tomar por un director de escuela en lugar de por el jefe de la policia secreta alemana. ?Que tendrian los relojes de pulsera suizos que los hacia tan atractivos para los hombres con poder? Pero un reloj no era tan atractivo para este hombre en concreto como Hildegard Steininger, segun parecia, y pronto los dos comenzaron a conversar animadamente.
–
– Ah, si,
Asi que ahi lo tenia, bajo y rechoncho, con un grano en una de sus sotabarbas y un labio inferior decididamente colgante, como desafiandote a besarlo o darle un tortazo. Su pelo rubio mostraba unas profundas entradas, aunque le conferia tambien un aspecto infantil alrededor de las orejas. Apenas tenia cejas y los ojos estaban como medio cerrados, casi como hendiduras. Estos dos rasgos hacian que pareciera debil e inconstante, un poco al estilo de Neron. Posiblemente no era ninguna de las dos cosas, aunque el fuerte olor a colonia que le rodeaba, su aire autosatisfecho y su forma de hablar un tanto teatral no hacian nada por corregir mi primera impresion. Mi tipo de trabajo me ha convertido en un juez de la personalidad rapido y bastante preciso, y cinco minutos de conversacion con Lange fueron suficientes para convencerme de que no me habia equivocado al juzgarlo. Aquel tipo no era mas que un pequeno maricon insignificante.
Me disculpe y fui al lavabo que habia visto al lado del guardarropa. Ya habia decidido volver a la casa de Weisthor despues de la sesion para ver si las otras habitaciones eran mas interesantes que aquella en la que estabamos. No parecia haber perro en la propiedad, asi que parecia que lo unico que tenia que hacer era preparar mi entrada. Eche el cerrojo despues de entrar y puse manos a la obra para soltar el pestillo de la ventana. Estaba atascado y justo cuando acababa de conseguir abrirlo llamaron a la puerta. Era Rahn.
– ?
– No tardo ni un segundo.
– Vamos a empezar dentro de un momento.
– Enseguida estoy con ustedes -dije, y dejando la ventana abierta un par de centrimetros, tire de la cadena y
