– Quiza. Pero dudo que mi decepcion pueda compararse ni de lejos con la de Himmler.

– Mi vida no corre peligro por parte del Reichsfuhrer, puedo asegurarselo.

– Si estuviera en su lugar, yo no confiaria demasiado en su rango ni en su uniforme, Hauptsturmfuhrer. Sera tan facil de matar como Ernst Rohm y todos aquellos hombres de las SA.

– Conoci bastante bien a Rohm -dijo sin inmutarse-. Eramos buenos amigos. Quiza le interese saber que es un dato que Himmler conoce, con todo lo que una relacion asi entrana.

– ?Me esta diciendo que Himmler sabe que es marica?

– Claro. Si sobrevivi a la Noc he de los Cuchillos Largos, creo que me las arreglare para capear cualquier inconveniente que me haya preparado, ?no le parece?

– Entonces, el Reichsfuhrer se alegrara de leer las cartas de Lange. Aunque solo sea para confirmar lo que ya sabe. No subestime nunca la importancia que tiene para un policia confirmar la informacion. Me atrevo a decir que sabe todo lo relativo a la demencia de Weisthor, ?verdad?

– Lo que hace diez anos era demencia, hoy solo significa un trastorno nervioso susceptible de tratamiento. ?De verdad cree que Herr Weisthor es el primer oficial de alto rango de las SS sometido a tratamiento? Trabajo como especialista en un hospital ortopedico especial en Hohenlychen, cerca del campo de concentracion de Ravensbruck, donde muchos oficiales de las SS reciben tratamiento para un eufemismo que describe las enfermedades mentales. ?Sabe?, usted me sorprende. En tanto que policia deberia saber lo habil que es el Reich en la practica de esas hipocresias tan convenientes. Aqui esta usted apresurandose a crear un gran despliegue de fuegos artificiales para el Reichsfuhrer, contando solo con un par de petardos mojados. Se sentira desilusionado.

– Me gusta escucharle Kindermann. Siempre me gusta ver el trabajo de otro. Apuesto a que es estupendo con todas esas ricas viudas que llevan sus depresiones menstruales a su elegante clinica. Digame, ?a cuantas de ellas les receta cocaina?

– El hidroclorido de cocaina siempre se ha utilizado como estimulante para combatir los casos mas extremos de depresion.

– ?Como evita que se conviertan en adictas?

– Es cierto que siempre hay un riesgo. Hay que vigilar por si aparece algun signo de dependencia. Es mi trabajo. -Hizo una pausa-. ?Por que lo pregunta?

– Pura curiosidad, HerrDoktor. Es mi trabajo.

En Hohenwarhe, al norte de Magdeburgo, cruzamos el Elba por un puente, mas alla del cual, a la derecha podian verse las luces del casi acabado elevador de barcos Rothensee, destinado a conectar el Elba con el canal Mittelland, unos veinte metros mas arriba. Al cabo de poco pasamos al vecino estado de Baja Sajonia, y en Helmstedt nos detuvimos a descansar y a poner gasolina.

Estaba oscureciendo, y al mirar el reloj vi que eran casi las siete de la tarde. Despues de encadenar una de las manos de Kindermann a la manija de la puerta, le permiti que orinara y atendi a mis propias necesidades sin alejarme demasiado. Luego meti la rueda de recambio en el asiento trasero, al lado de Kindermann, y la sujete con la esposa a su muneca izquierda, lo cual le dejaba una mano libre. No obstante, el Mercedes es un coche grande y estaba lo bastante lejos de mi como para no tener que preocuparme. De cualquier modo, saque la Wal ther de la sobaquera, se la mostre y luego la coloque a mi lado en el asiento.

– Asi estara mas comodo -dije-, pero si hace el mas minimo gesto, aunque sea para meterse el dedo en la nariz, se encontrara con esto.

Puse en marcha en coche y volvi a la carretera.

– ?Que prisa tenemos? -dijo Kindermann irritado-. No consigo entender por que esta haciendo esto. Igual podria poner su pequena representacion en escena el lunes, cuando todo el mundo vuelva a Berlin. De verdad que no veo la necesidad de conducir toda esta distancia.

– Para entonces sera demasiado tarde, Kindermann. Demasiado tarde para detener el pogromo especial que su amigo Weisthor tiene planeado para los judios de Berlin. El Proyecto Krist, ?no es asi como lo llaman?

– Ah, ?esta enterado de eso, eh? Ha trabajado mucho. No me diga que es amigo de los judios.

– Digamos que no soy muy favorable a la ley de Lynch y a la ley de la calle. Por eso me hice policia.

– ?Para respetar y defender la justicia?

– Si quiere decirlo asi, si.

– Se esta enganando. Lo que rige es la fuerza, la voluntad humana. Y para forjar esa voluntad colectiva es preciso darle un objetivo. Lo que estamos haciendo no es mas que lo que hace un nino con una lupa cuando concentra la luz del sol sobre una hoja de papel y hace que se queme. Nos limitamos a usar un poder que ya existe. La justicia seria una cosa maravillosa si no fuera por los hombres. Herr… ?cual es su nombre?

– Me llamo Gunther, y puede ahorrarme toda esa propaganda del partido.

– Son hechos, Gunther, no propaganda. Es usted un anacronismo, ?lo sabe? No pertenece a su tiempo.

– Segun la poca historia que conozco, me parece que la justicia nunca estuvo muy de moda, Kindermann. Si yo no pertenezco a mi tiempo, si no sintonizo con la voluntad del pueblo, tal como usted la describe, entonces me alegro. Lo que nos diferencia a usted y a mi es que mientras usted desea utilizar la voluntad de ese pueblo, yo quiero verla frenada.

– Es la peor clase de idealista; es ingenuo. ?De verdad cree que puede detener lo que les sucede a los judios? Ha perdido ese tren. Los periodicos ya tienen la historia sobre los asesinatos rituales de los judios en Berlin. Dudo que Himmler y Heydrich pudieran evitar lo que esta en marcha, aunque quisieran.

– Puede que no sea capaz de detenerlo -dije-, pero quiza puedo tratar de posponerlo.

– Incluso si consigue convencer a Himmler para que estudie sus pruebas, ?en serio cree que se sentira feliz de que su estupidez se haga publica? Dudo que consiga usted mucho en cuanto a justicia por parte del Reichsfuhrer SS. Se limitara a barrerlo todo debajo de la alfombra y dentro de poco todo se habra olvidado. Y lo mismo sucedera con los judios. Recuerde mis palabras. La gente de este pais tiene muy mala memoria.

– Yo no -dije-, yo nunca olvido nada. Soy un jodido elefante. Tomemos a otro paciente suyo, por ejemplo. - Cogi una de las dos carpetas que habia traido conmigo del despacho de Kindermann y la lance al asiento de atras-. Vera, hasta hace poco era detective privado. Y mira por donde, resulta que aunque usted es un monton de mierda, tenemos algo en comun. Esa paciente suya fue cliente mia.

Encendio la luz cenital y cogio la carpeta.

– Si, la recuerdo.

– Hace un par de anos desaparecio. Por casualidad, estaba en las cercanias de su clinica en aquel momento. Lo se porque se habia encargado de aparcarme el coche cerca de alli. Digame, HerrDoktor, ?que tiene que decir su amigo Jung sobre las coincidencias?

– Humm… coincidencia significativa, supongo que quiere decir. Es un principio que llama sincronia; que un suceso aparentemente fortuito puede ser significativo de acuerdo a un saber inconsciente que vincula un acontecimiento fisico con un estado psiquico. Es bastante dificil de explicar en terminos que usted pueda comprender. Pero no consigo ver que esta coincidencia pueda ser significativa.

– No, claro que no. Usted no tiene conocimiento alguno de mi inconsciente. Tal vez sea mejor asi.

Despues de aquello, permanecio callado durante bastante rato.

Al norte de Brunswick cruzamos el canal Mittelland, donde acababa la autobahn, y seguimos hacia el suroeste en direccion a Hildesheim y Hamelin.

– Ya no estamos lejos -dije sin volverme. No hubo respuesta. Sali de la carretera principal y conduje lentamente durante unos minutos por una estrecha pista que llevaba a una zona de bosque.

Detuve el coche y me volvi. Kindermann estaba durmiendo tranquilamente. Con mano temblorosa, encendi un cigarrillo y sali. Se habia levantado un fuerte viento y una tormenta electrica disparaba cables de plata a traves del cielo negro y rugiente. Puede que esos cables fueran para Kindermann.

Al cabo de un par de minutos me incline sobre el asiento delantero y cogi la pistola. Luego abri la puerta trasera y sacudi a Kindermann por el hombro.

– Venga -dije dandole la llave de las esposas-, vamos a estirar las piernas otra vez.

Senale el camino que teniamos enfrente, iluminado por los potentes faros del Mercedes. Caminamos hasta el borde de la luz y alli me detuve.

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