– Bien, ya esta bien -dije. El se volvio para mirarme-. Sincronia… me gusta. Una bonita palabra para algo que hace tiempo que me roe las entranas. Soy un hombre reservado y lo que hago me hace valorar mas aun mi propia intimidad. Por ejemplo, nunca jamas anotaria mi numero de telefono privado en una de mis tarjetas profesionales. No a menos que se la diera a alguien muy especial para mi. Asi que cuando le pregunte a la madre de Reinhart Lange como me contrato a mi, en lugar de a otro tipo, me mostro justo esa tarjeta, que habia sacado del bolsillo de Reinhart antes de enviar su traje a la tintoreria. Naturalmente, eso empezo a darme que pensar. Cuando ella encontro la tarjeta, temio que su hijo pudiera tener problemas y se lo menciono. El le dijo que la habia cogido del escritorio de su amigo Kindermann. Me pregunto si tendria alguna razon para hacerlo. Quiza no tuviera ninguna. Supongo que ya nunca lo sabremos. Pero fuera cual fuera esa razon, esa tarjeta situaba a mi cliente en su despacho el dia en que desaparecio para no volver a ser vista nunca mas. Fijese que ejemplo de sincronia.
– Mire, Gunther, lo que sucedio fue un accidente; era adicta.
– ?Y como llego a serlo?
– La habia estado tratando contra la depresion. Habia perdido su empleo, una relacion que tenia se habia terminado. Necesitaba cocaina mas de lo que parecia a primera vista; no habia forma de saberlo solo mirandola. Para cuando me di cuenta de que se estaba habituando a la droga, era demasiado tarde.
– ?Que sucedio?
– Una tarde se presento sin mas en la clinica. Estaba en el vecindario y se sentia deprimida. Habia un trabajo que queria, un trabajo importante, y que creia poder conseguir si yo le prestaba un poco de ayuda. Al principio me negue. Pero era una mujer muy persuasiva y, finalmente, acepte. La deje sola un rato; me parece que hacia mucho tiempo que no se drogaba y tenia menos tolerancia a su dosis habitual. Debio de tragarse su propio vomito.
No dije nada. No era el contexto adecuado. La venganza no es dulce. Su verdadero sabor es amargo, ya que lo mas probable es que te quede un regusto a compasion.
– ?Que va a hacer? -dijo, nervioso-. No ira a matarme, ?verdad? Mire, fue un accidente. No puede matar a nadie por eso, ?no?
– No -dije-, no puedo; no por eso. -Vi que soltaba un suspiro de alivio y empezaba a acercarseme-. En una sociedad civilizada no se dispara contra un hombre a sangre fria.
Excepto que esta era la Ale mania de Hitler y no era mas civilizada que los mismo paganos venerados por Weisthor y Himmler.
– Pero por los asesinatos de todas esas pobres chicas, alguien tiene que hacerlo- dije.
Le apunte a la cabeza y aprete el gatillo una vez… y luego varias veces mas.
Desde la estrecha carretera llena de curvas, Wewelsburg parecia un pueblo de campesinos tipico de Westfalia, con tantos altares dedicados a la Vir gen Maria en los muros y al borde de los campos como piezas de maquinaria agricola descansando frente a las casas mitad de madera y parecidas a las de los cuentos de hadas. Sabia que me iba a meter en algo pavoroso cuando decidi detenerme en una de ellas y preguntar el camino hasta la escuela de las SS. Los grifos voladores, los simbolos runicos y las palabras del aleman antiguo talladas o pintadas en oro sobre los marcos de las negras ventanas y dinteles me hicieron pensar en brujos y brujas, asi que ya estaba casi preparado para la horrible vision que aparecio en la puerta, envuelta en el humo de la lena y de la ternera friendose.
Era una chica joven, de no mas de veinticinco anos, y si no fuera por el enorme cancer que se le iba comiendo todo un lado de la cara, se podria decir que era atractiva. No vacile mas de un segundo, pero fue suficiente para despertar su ira.
– Bueno, ?que esta mirando? -me increpo, con la boca hinchada que se ensanchaba en una mueca que dejaba al descubierto unos dientes ennegrecidos y el borde de algo mas oscuro y mas corrupto-. ?Y que horas son estas de llamar a la puerta? ?Que es lo que quiere?
– Siento molestarla -dije, concentrandome en el lado de su cara que no tenia huellas de la enfermedad-, pero me he perdido y confiaba en que pudiera orientarme para ir a la escuela de las SS.
– No hay ninguna escuela en Wewelsburg -dijo mirandome con suspicacia.
– La escuela de las SS -repeti debilmente-. Me dijeron que estaba por aqui cerca.
– Ah, eso -me espeto, y volviendose desde la puerta, senalo hacia donde la carretera se hundia colina abajo-. Ahi esta el camino. La carretera gira a la derecha y a la izquierda durante un trecho corto antes de llegar a una carretera mas estrecha con una cerca que sube por una colina a la izquierda. La escuela, como usted la llama - anadio riendose, burlona-, esta alla arriba.
Y con eso me cerro la puerta de golpe en la cara.
Era agradable salir de la ciudad, me dije mientras volvia al Mercedes. La gente del campo tiene muchisimo mas tiempo para intercambiar las cortesias habituales.
Encontre la carretera con la cerca y conduje colina arriba hasta una explanada empedrada.
Ahora era facil ver por que a la chica del trozo de carbon en la boca le habia hecho tanta gracia, ya que lo que veian mis ojos se parecia tanto a lo que cualquiera reconoceria como una escuela como un zoo se parece a una tienda de animales de compania o una catedral a un salon de actos. La escuela de Himmler era en realidad un castillo de tamano considerable, con sus torres con cupulas, una de las cuales se elevaba sobre la explanada como la cabeza con yelmo de algun enorme soldado prusiano.
Me detuve al lado de una pequena iglesia, a corta distancia de la cual habia varias camionetas para tropas y varios coches de oficiales aparcados frente a lo que parecia el cuartel de la guardia del castillo, en el lado este. Durante un momento la tormenta ilumino todo el cielo y tuve una vision espectral en blanco y negro de todo el castillo.
Desde cualquier punto de vista, era un lugar impresionante, con un aspecto demasiado parecido a las peliculas de terror para resultar totalmente comodo para quien quisiera entrar sin autorizacion. Aquella llamada escuela parecia una segunda casa de Dracula, Frankenstein, Orlac y un bosque lleno de hombres-lobo; era ese tipo de situacion en la que me habria sentido impulsado a cargar mi pistola con cortos dientes de ajo de nueve milimetros.
Casi con total certeza habia suficientes monstruos reales en el castillo de Wewelsburg para que no fuera necesario preocuparse de otros mas extravagantes, y no me cabia duda alguna de que Himmler habria podido hacerle unas cuantas sugerencias al Doctor X.
Pero ?podia confiar en Heydrich? Lo pense durante bastante rato. Finalmente, decidi que casi con toda seguridad podia confiar en que era ambicioso y, dado que le iba a proporcionar los medios para destruir a un enemigo bajo la forma de Weisthor, no me quedaba otra alternativa que poner mi informacion y a mi mismo en sus blancas manos asesinas.
La pequena campana de la iglesia tocaba medianoche cuando conduje el Mercedes hasta el final de la explanada y mas alla, hasta el puente que se curvaba hacia la izquierda por encima del vacio foso en direccion a la verja del castillo.
Un soldado de las SS surgio de una garita de piedra para mirar mis papeles e indicarme por senas que siguiera adelante.
Frente a la puerta de madera me detuve y toque la bocina del coche un par de veces. Habia luces encendidas en todo el castillo y no parecia probable que fuera a despertar a nadie, vivo o muerto. Se abrio una puertecilla en el porton y un cabo de las SS salio para hablar conmigo. Despues de escudrinar mis papeles a la luz de su linterna, me permitio pasar por la puerta y entrar en el portalon abovedado, donde repeti mi historia una vez mas y presente mis papeles, solo que esta vez a un joven teniente que parecia estar al mando del cuerpo de guardia.
Solo hay una manera de tratar a los jovenes y arrogantes oficiales de las SS, que parecen haber sido creados especialmente con el matiz exacto de azul en los ojos y rubio en el pelo, y es ser mas arrogante que ellos. Asi que pense en el hombre al que habia matado aquella noche, y mire al teniente con el tipo de mirada fria y altanera que habria hecho desmoronar a un principe de la casa Hohenzollern.
– Soy el
