Honor.
Pronuncie la palabra y observe como la arrogancia del teniente rendia homenaje a la mia.
– Quiero insistir en lo delicado de mi mision, teniente -dije, bajando la voz-. Es imperativo que, en este estadio, solo el general Heydrich o su ayudante de campo sean informados de mi presencia en el castillo. Es posible que ya haya espias comunistas infiltrados en las sesiones. ?Comprende?
El teniente asintio cortante y volvio a entrar en su oficina para hacer la llamada telefonica, mientras yo iba hasta el extremo del patio empedrado que se extendia bajo el frio cielo nocturno.
El castillo parecia mas pequeno desde dentro, con tres alas con tejado, unidas por tres torres, dos de ellas con cupula y la tercera mas baja pero mas ancha, almenada y provista de un mastil donde la ensena de las SS se agitaba ruidosamente por el cada vez mas fuerte viento.
El teniente volvio y con gran sorpresa por mi parte se puso firme, dando un taconazo. Supuse que esto tenia mas que ver con lo que Heydrich o su ayudante de campo le hubieran dicho que con mi propia personalidad dominante.
–
– Gracias, teniente -dije-, pero primero tengo que recoger unos documentos importantes que he dejado en el asiento delantero.
Una vez recuperado el maletin, que contenia el historial medico de Weisthor, la declaracion de Lange y la correspondencia entre Lange y Kindermann, segui al teniente a traves del patio hacia el ala oeste. Desde algun lugar a nuestra izquierda podian oirse voces de hombres cantando.
– Suena casi como una fiesta -dije friamente.
Mi escolta gruno sin demasiado entusiasmo. Cualquier clase de fiesta es mejor que una guardia nocturna en noviembre. Pasamos por una gruesa puerta de roble y entramos en el enorme vestibulo.
Todos los castillos alemanes tendrian que ser igual de goticos; todos los senores teutones tendrian que vivir y ufanarse en un lugar asi; todos los matones arios inquisitoriales tendria que rodearse de igual cantidad de emblemas de una tirania implacable. Ademas de las gruesas y pesadas alfombras, los gruesos tapices y los aburridos cuadros, habia suficientes armaduras, soportes con mosquetes y panoplias con armas blancas como para librar una guerra contra el rey Gustavo Adolfo y todo el ejercito sueco.
En contraste, la sala, a la que llegamos por una escalera de caracol de madera, estaba amueblada con sencillez y dominaba una espectacular vista de las luces de aterrizaje de un pequeno aerodromo a un par de kilometros de distancia.
– Sirvase lo que quiera de beber -dijo el teniente, abriendo el mueble-bar-. Si necesita cualquier otra cosa, tire de la campanilla.
Luego dio otro taconazo y desaparecio escaleras abajo. Me servi un generoso conac y lo bebi de un trago. Estaba cansado despues de tantas horas al volante. Con otro vaso en la mano, me sente rigidamente en un sillon y cerre los ojos. Seguia viendo la expresion de sobresalto de la cara de Kindermann cuando la primera bala lo alcanzo entre los ojos. Pense que para entonces Weisthor estaria echandolo mucho de menos, a el y a su maletin de drogas. A mi mismo me habria venido bien una ayuda.
Tome otro sorbo de conac. Pasaron diez minutos y note que cabeceaba.
Me quede dormido y el aterrador galope de mi pesadilla me llevo ante hombres bestiales, predicadores de la muerte, jueces escarlata y ante los marginados del paraiso.
23. Lunes, 7 de noviembre
Cuando acabe de contarle a Heydrich mi historia, los rasgos normalmente palidos del general estaban sonrojados de entusiasmo.
– Le felicito, Gunther -dijo-. Es mucho mas de lo que esperaba. Y llega en el momento oportuno. ?No estas de acuerdo, Nebe?
– Por supuesto, general.
– Puede que le sorprenda, Gunther -dijo Heydrich-, pero el
El Reichskriminaldirektor se acaricio un lado de su larga nariz y asintio, pensativo.
– No tenemos que mencionar la implicacion de Himmler en absoluto, si podemos evitarlo de algun modo, general -dijo-. Estoy totalmente a favor de dejar al descubierto a Weisthor delante de testigos. No quiero que ese cabron de mierda se libre del castigo. Pero al mismo tiempo, tenemos que evitar abochornar al
– Estoy de acuerdo -dijo Heydrich. Se quedo pensativo un momento-. Esta es la seccion seis de la Si po, ?verdad?
Nebe asintio.
– ?Cual es la comisaria central del SD provincial mas cercana a Wewelsburg?
– Bielefeld -respondio Nebe.
– Bien. Quiero que los telefonees inmediatamente. Haz que envien un destacamento de hombres aqui antes de que amanezca. -Sonrio friamente-. Solo por si Weisthor consigue que se crean esa acusacion suya de que yo soy judio. No me gusta este sitio. Weisthor tiene muchos amigos aqui en Wewelsburg. Incluso oficia algun tipo de ridiculas ceremonias de boda de las SS que tienen lugar aqui. Asi que quiza necesitemos montar una exhibicion de fuerza.
– El comandante del castillo,Taubert, estuvo en la Si po antes de que lo destinaran aqui -dijo Nebe-. Estoy bastante seguro de que podemos confiar en el.
– Bien. Pero no le diga nada de Weisthor. Solo siga con la historia original de Gunther sobre esos infiltrados del KPD y digale que tenga un destacamento de hombres en alerta maxima. Y ya que esta en ello, sera mejor que disponga una cama para el
– La habitacion de al lado de la mia esta libre, general. Creo que es la habitacion de Enrique I de Sajonia -dijo Nebe con una sonrisa.
– Es una locura -comento Heydrich riendo-. Yo estoy en la del rey Arturo y el Santo Grial. Pero ?quien sabe? A lo mejor hoy derrotare por lo menos al hada Morgana.
La sala del tribunal estaba en la planta baja del ala oeste. Con la puerta de una de las habitaciones contiguas abierta una rendija, podia ver perfectamente lo que sucedia alli dentro.
La estancia tenia mas de cuarenta metros de largo, el suelo de madera pulida sin alfombras, paredes de paneles de madera y un techo alto con vigas de roble y gargolas talladas. Dominando la sala habia una larga mesa de roble rodeada en sus cuatro lados por sillas de cuero de respaldo alto, en cada una de las cuales habia un disco de plata y lo que yo suponia que era el nombre del oficial de las SS que tenia derecho a sentarse en ella. Con los negros uniformes y todo el ritual ceremonial que acompanaba el inicio de las sesiones del tribunal, era como espiar una reunion de la Gran Lo gia de los Francmasones.
El primer punto del orden del dia era la aprobacion por parte del
