– ?Y tanto que esta! Por fuerza. Lo vi subir hace un rato, pero no ha vuelto a bajar. Ademas, tiene la puerta abierta. -Siguio frotando los peldanos con el cepillo varios segundos-. Supongo que me evita.

– ?Suele dejar la puerta abierta? -pregunte con repentino recelo.

– ?Que? ?En este barrio? ?Esta usted de broma! No, pero supongo que espera visitas. A usted, quiza, si se llama Gunther. Ha puesto una nota en la puerta.

Subimos rapidamente los dos tramos que faltaban y nos detuvimos ante una puerta que alguna vez habia estado pintada de escarlata, pero que ahora no tenia mas pintura que una estrella amarilla y las palabras judios fuera pintarrajeadas a conciencia. Habia un sobre con mi nombre pegado en el marco de la puerta, que, en efecto, estaba abierta, tal como habia dicho la mujer que fregaba las escaleras. Me meti el sobre en el bolsillo, saque la pistola de Eric Goerz y me puse delante de Noreen.

– Aqui hay algo que no encaja -dije, y empuje la puerta.

Al entrar en el pequeno apartamento, Noreen toco un platito de bronce que habia en el marco.

– La mezuza -dijo-. Es un pasaje de la Tora. La hay en casi todos los hogares judios.

Quite el seguro de la pequena automatica y entre en el reducido pasillo. El apartamento tenia dos habitaciones mas o menos grandes. A la izquierda estaba el salon, convertido en un altar al boxeo y a un boxeador en particular: Isaac Deutsch. En una vitrina habia unas diez o quince peanas de trofeo vacias y varias fotografias de Joey e Isaac. Supuse que habrian empenado los trofeos hacia tiempo. Las paredes estaban empapeladas con carteles de combates y habia pilas de revistas de lucha por toda la habitacion. En la mesa reposaba un pan muy viejo al lado de un frutero con un par de platanos renegridos, convertidos en una gran feria mundial de mosquitas diminutas. En la puerta, colgado de un clavo, habia un par de antiguos guantes de boxeo y, cerca de una barra apoyada contra la pared, una seleccion de pesas oxidadas. Por encima pasaba una cuerda de la que pendian una camisa y un paraguas roto. Habia tambien un sillon desvencijado y, detras, un espejo de cuerpo entero con el cristal rajado. Todo lo demas era basura.

– ?Herr Deutsch? -La voz se me tenso en el pecho, como si tuviese un nido de cucos entre los pulmones-. Soy Gunther. ?Hay alguien aqui?

Volvimos al pasillo y entramos en el dormitorio, cuya cortina estaba corrida. Olia mucho a jabon con fenol y a desinfectante, o eso me parecio, al menos. Frente a un armario, del tamano de la camara acorazada de un banco suizo pequeno, habia una enorme cama de laton.

– Joey, ?estas ahi?

En la penumbra, con la cortina corrida, distingui en la cama la forma de un cuerpo; el pelo me levanto la parte de atras del sombrero. Cuando se han pasado diez anos en la policia, a veces se sabe lo que se va a ver antes de verlo. Tambien se adivina que no debe verlo cualquiera.

– Noreen -dije-, me parece que Joey se ha quitado la vida. Solo lo sabremos cuando descorramos las cortinas y leamos la nota. Aunque te parezca que, como escritora, tienes que verlo todo; aunque pienses que tienes el deber de informar de todo sin titubear, no se, pero, en mi opinion, preparate o sal de la habitacion. He visto suficientes cadaveres en mi vida para saber que nunca…

– No sera el primer muerto que vea, Bernie. Ya te conte el linchamiento de Georgia. Mi padre se suicido con una escopeta. Eso no se olvida facilmente, te lo aseguro.

Pensando en lo interesante que era la rapidez con que mi preocupacion por no herirle los sentimientos se habia convertido en sadismo, abri las cortinas de golpe sin mas discusion. Si Noreen queria jugar a ser Turgeniev, por mi, de acuerdo.

Joey Deutsch yacia, atravesado en la cama, con la misma ropa con que lo habia visto antes. Estaba torcido, medio fuera del colchon, como empujado desde la rabadilla por muelles que hubiesen reventado la tela, y perfectamente afeitado, igual que unas horas antes, aunque ahora parecia que se hubiese dejado un bigote castano y una barba pequena. Eran quemaduras de un corrosivo, consecuencia del veneno que debia de haberse tomado. Habia dejado una botella en el suelo y, al lado, un charco de vomito sanguinolento. Cogi la botella y, con precaucion, oli el contenido.

– Lejia -dije, pero Noreen habia dado media vuelta y salia ya de la habitacion. La segui al pasillo-. Ha tomado lejia. ?Dios! ?Que manera de suicidarse!

Noreen se habia pegado de cara a la pared, en un rincon de la entrada, como una nina desobediente. Se habia cruzado de brazos, a la defensiva, y tenia los ojos cerrados. Encendi dos cigarrillos, le di un golpecito en el hombro y le pase uno. No dije nada. Dijera lo que dijese, seria como recordarle: «Te lo adverti».

Con el pitillo encendido, volvi a la sala de estar. Encima de una de las pilas de revistas de boxeo habia una pequena carpeta de piel para papel de cartas. Dentro encontre sobres y cuartillas con el mismo membrete que la nota que me habia dejado. Tambien era la misma la tinta de la Pelikan que habia vuelto a dejar en su pequena funda cilindrica de piel. Nada indicaba que lo hubiesen obligado a escribir la nota. La letra era clara, habia escrito sin prisas. Habia recibido yo cartas de amor mucho mas ilegibles, aunque no muchas. Lei atentamente el mensaje, como si Joey Deutsch hubiera significado algo para mi. Me parecio que era lo menos que podia hacer por un difunto. Despues volvi a leerlo.

– ?Que dice? -Noreen estaba en el umbral de la puerta, con un panuelo en la mano y lagrimas en los ojos.

Le pase la nota.

– Toma.

Me quede mirandola mientras leia, preguntandome que estaria pensando, si de verdad sentiria algo por el pobre hombre que acababa de suicidarse o si, simplemente, la consolaba haber encontrado el final de su articulo y una buena excusa para volver a su pais. Puede que parezca cinico y tal vez lo fuese, pero lo cierto es que yo no podia pensar en otra cosa, mas que en su partida de Berlin, porque en ese momento y por primera vez me di cuenta de que me habia enamorado de ella. Cuando uno se enamora de alguien sabiendo que esta a punto de abandonarlo, es mas facil ser cinico, solo por protegerse del dolor inminente.

Quiso devolverme la carta.

– ?Por que no te la quedas? -dije-. Aunque no llego a conocerte, creo que en realidad la escribio para ti, para tu articulo. Asi fue como lo convenci, mas o menos, diciendole que podia ser como un homenaje a Isaac.

– Y lo sera, me parece. ?Por que no? -Guardo la carta-. Pero, ?y la policia? ?No querra quedarse con esto? Es una prueba, ?verdad?

– ?Y que nos importa a nosotros? -Me encogi de hombros-. ?Ya no te acuerdas de lo preocupados que estaban por descubrir lo que le habia pasado a Isaac? De todos modos, lo mejor sera que nos marchemos de aqui antes de tener que hacer tiempo para contestar preguntas que quiza no queramos que nos hagan. Por ejemplo, por que tengo una pistola sin licencia y a que se debe la senal de correa de perro de la cara.

– Las vecinas -dijo ella-. La mujer de las escaleras. Supongamos que cuenta a la policia que estuvimos aqui, que habia una nota. No habra olvidado tu nombre.

– Eso lo arreglo yo con ella ahora, al salir de aqui. Diez marcos compran mucho silencio en esta parte de Berlin. Por otra parte, ya has visto lo que le han pintado en la puerta. Me parece que este vecindario no es lo que se dice muy acogedor. Seguro que se alegraran de que Joey haya muerto y salga del edificio. Ademas, ?que crees que haria la pasma con una nota asi? ?Publicarla en la prensa? Yo creo que no. Lo mas facil es que la destruyan. No, es mejor que te la quedes tu, Noreen, por Joey y por Isaac.

– Creo que tienes razon, Gunther, aunque preferiria que no la tuvieses.

– Lo entiendo. -Eche una ojeada general al piso y suspire-. ?Quien sabe? Puede que Joey este mejor ahora, fuera de todo esto.

– No te lo crees ni tu.

– No me parece que las cosas esten mejorando para los judios en este pais. Pronto decretaran un punado de leyes nuevas que haran la vida muy dificil a quienes, segun el punto de vista del gobierno, no sean autenticos alemanes. Eso es lo que va a pasar, segun me han dicho, desde luego.

– ?Antes de las Olimpiadas?

– ?No te lo habia contado?

– Sabes que no.

Me encogi de hombros.

– Seria por no fastidiarte el optimismo, encanto, la ilusion de que todavia se puede hacer algo. A lo mejor esperaba que me contagiases un poco de idealismo de izquierdas, con el roce de tus bragas y tus medias.

– ?Y lo he conseguido?

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