– De acuerdo -dijo Krempel-. Ya ha tomado bastante. Vamos a ver si podemos ponernos de pie, ?de acuerdo?

Se levanto, me agarro por las solapas del abrigo con sus manazas como granadas y me saco violentamente de la banera. Era un hombre fuerte… Demasiado para intentar cualquier estupidez. De todos modos, le lance un punetazo, falle, perdi el equilibrio y me cai al suelo; Krempel me pago la molestia que me habia tomado con una patada en las costillas.

– ?Y la pasta? -pregunte, sin sentir dolor apenas-. No se olvide de la pasta.

– No tengo mas que volver despues a buscarla.

Me puso en pie de nuevo y me saco del cuarto de bano.

Dora estaba sentada en el sofa leyendo una revista. Llevaba un abrigo de pieles. Me pregunte si se lo habria comprado Reles.

– ?Ah, eres tu! -dije, quitandome el sombrero-. No te habia reconocido, vestida. Aunque supongo que eso te lo deben de decir muchos, muneca.

Se levanto, me abofeteo y, cuando iba a propinarme otro, Krempel la agarro por la muneca y se la retorcio.

– Vete a buscar el coche -le dijo.

– Si -dije yo-. Vete a buscar el coche y date prisa. Quiero caerme y desmayarme de una vez.

Krempel me sujetaba contra la pared como si fuese yo un baul de barco. Cerre los ojos un momento y, cuando volvi a abrirlos, Dora se habia ido. Krempel me saco de la habitacion y me llevo hasta las escaleras.

– No me importa como baje las escaleras, Gunther. Puedo ayudarle o empujarlo, pero si intenta hacer cualquier movimiento, le prometo que no tendra donde agarrarse.

– Se lo agradezco -me oi decir con voz espesa.

Llegamos abajo, pero no se como. Mis piernas eran de Charlie Chaplin. Reconoci la puerta de Wilhelmstrasse y pense que era muy sensato haber elegido esa salida para ir a la calle a esas horas. Esa puerta siempre se usaba menos que la de Unter den Linden. Tambien el vestibulo era mas pequeno. Pero si Krempel pretendia evitar que nos encontrasemos con alguien, supe que habia fallado.

Casi todos los camareros del Adlon tenian bigote o se afeitaban toda la cara, salvo uno, Abd el-Krim, quien llevaba barba. No era ese su verdadero nombre, pero yo no sabia otro. Era marroqui y todos lo llamaban asi porque se parecia al guia rebelde que se habia rendido a los franceses en 1926, y que ahora se pudria exiliado en una isla. No se nada de las gracias del rebelde, pero nuestro Abd el-Krim era un camarero excelente. Como buen mahometano, era abstemio y me miro con una expresion entre escandalizada y preocupada mientras, apoyado en el dintel que eran los hombros de Krempel, me dirigia hacia la puerta dando bandazos.

– ?Herr Gunther? -me llamo solicitamente-. ?Se encuentra bien, senor? No tiene buena cara.

Tenia la boca muy relajada y se me cayeron unas palabras como si fueran saliva. Tal vez fueran solo eso, no lo se. El caso es que, si dije algo, no lo entendi ni yo, conque dudo que Abd el-Krim captase algo.

– Me temo que ha bebido mas de la cuenta -dijo Krempel al camarero-. Me lo llevo a casa antes de que lo vean en este estado Behlert o los Adlon.

Abd el-Krim, vestido para irse a casa, asintio con seriedad.

– Si, es lo mejor, creo yo. ?Necesita ayuda, senor?

– No, gracias. Esta esperandome un coche ahi fuera. Creo que me las arreglare bien.

El camarero inclino la cabeza y abrio la puerta a mi secuestrador, quien me saco de alli bien abrazado.

En cuanto el aire frio y la lluvia me llegaron a los pulmones, me puse a vomitar en el desague. Se podria haber embotellado y vendido lo que eche por la boca, porque sabia a puro Korn. Inmediatamente se me acerco un coche y me salpico el bajo de los pantalones. Se me volvio a caer el sombrero. Se abrio la portezuela y Krempel me empujo al suelo del coche con la suela del zapato. Un momento despues se cerro la portezuela y nos pusimos en movimiento… hacia adelante, me imagine, aunque a mi me parecia que dabamos vueltas y vueltas en un tiovivo de Luna Park. No sabia adonde ibamos y deje de preocuparme. Me encontraba peor que si hubiera estado desnudo en el escaparate de una funeraria.

32

Habia tormenta en alta mar. La cubierta se movia como un ascensor acelerado y, de pronto, una ola de agua fria me dio en la cara. Sacudi la cabeza con mucho esfuerzo y abri los ojos, que me escocian como ostras recien sacadas de la concha y nadando todavia en salsa de Tabasco. Recibi otra ola de agua. Solo que no era una ola, sino agua que me arrojaba Gerhard Krempel con un cubo. Sin embargo, si que estabamos en la cubierta de un barco o, al menos, de una embarcacion tirando a grande. Detras de el se encontraba Max Reles, vestido de ricachon que juega a ser capitan de barco. Llevaba una chaqueta deportiva azul y pantalones blancos, camisa blanca y corbata y una gorra blanca con visera. Alrededor, todo era blanco tambien y me costo un buen rato darme cuenta de que era de dia y que probablemente estabamos rodeados de niebla.

Reles empezo a mover la boca y tambien de ahi salia niebla blanca. Hacia frio, mucho frio. Al principio crei que Reles hablaba en noruego o, en cualquier caso, en una lengua nordica. Despues me parecio que casi lo entendia: danes, quiza. No supe que en realidad estaba hablando en aleman hasta que recibi en la cara la tercera rociada de agua, recogida por la borda mediante un cubo atado a una cuerda.

– Buenos dias -dijo Reles- y bienvenido al mundo. Empezabamos a preocuparnos por usted, Gunther. Es que pensaba que los alemanes aguantaban bien el alcohol, pero ha estado usted inconsciente un buen rato, para mayor incomodidad mia, debo anadir.

Estaba yo sentado en una cubierta de madera pulida, mirandolo a el. Intente levantarme, pero descubri que tenia las manos atadas sobre el regazo y, lo que es peor, puesto que parecia que el barco estaba en el agua, que tambien me habian atado los pies a un monton de bloques de cemento gris que estaban a mi lado.

Me incline a un lado y vomite durante casi un minuto seguido. Me admiro que mi cuerpo pudiese producir semejante sonido. Era el ruido de un ser vivo que saca hasta las tripas por la boca. Entre tanto, Reles se alejo con una expresion de asco en su cara de nudillo. Cuando volvio, Dora venia con el. Llevaba su abrigo de pieles, con gorro a juego, y un vaso de agua.

Me lo acerco a los labios y me ayudo a beber. Cuando hube vaciado el vaso, se lo agradeci sinceramente con un movimiento de cabeza e intente hacerme una idea de la situacion en la que me encontraba. No me gusto mucho. Eche de menos el sombrero, el abrigo y la chaqueta y tenia la cabeza como si hubieran jugado con ella la final de la copa Mitropa. El olor acre del gran puro de Reles me revolvia las tripas. Estaba en un buen aprieto. En medio de una multitud de sensaciones horribles, note que Max Reles se proponia hacerme una demostracion practica del metodo exacto que habian empleado para deshacerse del cadaver de Isaac Deutsch. Un perro hambriento atado a las vias de un tren de gran velocidad no habria estado en peor tesitura que yo.

– ?Se encuentra mejor? -Se sento en los bloques de cemento-. Aunque le parezca un poco pronto para tanto, me temo que no va a encontrarse mejor en lo que le queda de vida. Es mas, se lo garantizo.

Volvio a encender el puro y solto una risita. Dora se inclino por la borda y se quedo mirando al limbo en el que flotabamos como almas perdidas. De pie, con los punos en las caderas, Krempel parecia dispuesto a sacudirme en cuanto se lo pidieran.

– Tenia que haber hecho caso al conde Von Helldorf. No pudo ser mas explicito, creo yo: pero no, usted tenia que ser un maldito Sam Spade y meter las narices donde no debia. Eso es lo que no entiendo. De verdad, no me cabe en la cabeza. Tuvo que haberse dado cuenta de que era un asunto de mucha pasta, de que habia demasiada gente importante sacando una buena tajada del pastel de cerezas de la Selva Negra, llamado Olimpiadas, para permitir que se lo estropeasen y, menos aun, una persona tan prescindible como usted, Gunther.

Cerre los ojos un minuto.

– No es usted mal tipo, no. Casi lo aprecio, de verdad. Incluso pense en ofrecerle trabajo. Un trabajo de verdad, no ese empleo de broma que le dan en el Adlon. Sin embargo, tiene usted un no se que que me inspira desconfianza. Creo que es porque fue policia. -Sacudio la cabeza-. No, no puede ser por eso. En mis buenos tiempos compre a muchos polis. Tiene que ser porque era un policia honrado y bueno, segun tengo entendido. Admiro la integridad, pero ahora mismo no me sirve para nada. No creo que a nadie le sirva en Alemania. Al menos, este ano.

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