– Sonrio-. Pero ninguno de los dos solicito mi presencia.

Serian las cuatro y media cuando volvi a Alex, Encima de mi mesa tenia una caja de pepinos. Ondee uno en el aire mientras me aplaudian y vitoreaban varios hombres del Kripo en la sala de detectives. Otto Trettin, uno de los mejores polis del departamento, especialista en bandas criminales como los Guardianes de la Verdad, se acerco a mi mesa. Tenia medio pepino en la pistolera. Lo desenfundo, me apunto y emitio un ruido como de pistoletazo.

– Muy gracioso. -Sonrei mientras me quitaba la chaqueta y la colgaba en el respaldo de la silla.

– ?Y la tuya donde esta? -pregunto-. Tu arma, quiero decir.

– En el coche.

– Bueno, supongo que eso explica lo del pepino.

– Venga, Otto. Ya sabes lo que pasa a veces. Si llevas el arma encima, tienes que tener la chaqueta abotonada, y con el calor que hace…

– Pensaste que tendrias ocasion de quitartela.

– Algo asi.

– En serio, Bernie. Ahora que te has enfrentado a Ricci Kamm, tendras que andarte con cuidado.

– ?Tu crees?

– Un hombre que manda a Ricci Kamm al Charite con la nariz rota y una conmocion cerebral mas valeque empiece a empunar un arma de fuego o que se esconda una navaja en los omoplatos. Aunque sea poli.

– Es posible que tengas razon -reconoci.

– Claro que tengo razon. Tu vives en Dragonerstrasse, ?no, Bernie? Justo a las puertas del territorio de los Guardianes de la Verdad. El arma no esta bien en la guantera, tio. A no ser que tengas pensado atracar un garaje. -y, dicho esto, Otto se alejo, disparandome con el pepino.

– Deberias hacerle caso -dijo una voz-. Lo que te dice es cierto. Cuando no sirven las palabras, un arma a mano puede ser muy util.

Era Arthur Nebe, uno de los detectives menos de fiar de todo el Kripo. Habia sido miembro de los derechistas Freikorps. Lo nombraron comisario del Dla solo dos anos despues de ingresar en el cuerpo de policia y tenia un formidable historial en resolucion de crimenes. Era miembro fundador de la NSBAG -la Asociacion Nacionalsocialista de Funcionarios- y se rumoreaba que mantenia una estrecha amistad con nazis tan importantes como Goebbels, el conde von Helldorf y Kurt Daluege. Curiosamente, Nebe era tambien amigo de Bernhard Weiss. Tenia otros amigos influyentes en el SDP. y en Alex se daba por hecho que Arthur Nebe tenia mas opciones de compra que la Bolsa de Berlin.

– Hola, Arthur -le dije-. ?Que haces aqui? ?No hay bastante trabajo en la politica y vienes de caza por aqui?

– Desde que detuvo a los hermanos Sass,-dijo Nebe, haciendo caso omiso de mi comentario-, Otto tiene que andarse con cuidado. Es como si estuviese pintando su propio retrato.

– Bueno, ya sabernos lo de Otto y los hermanos Sass -replique. En 1928 Otto Trettin estuvo a punto de ser expulsado del cuerpo cuando se supo que habia torturado a esos dos criminales para que confesasen su culpabilidad-. Lo mio no tiene nada que ver con eso. Le eche el guante a Ricci Kamm con una jugada limpia.

– Espero que el opine lo mismo -dijo Nebe-. Por tu propio bien. Mira, andar por ahi sin pistola no es bueno para un poli. En abril, despues de mandar al trullo a PranzSpernau, recibi tantas amenazas de muerte que llegaron a ofrecer dinero en el Hoppergarten a quien consiguiese acabar conmigo antes del final del verano. Casi se cobran la apuesta.-Nebe dibujo su sonrisa voraz y se abrio la chaqueta para ensenarme una gran Mauserde mango deescoba-. Pero acabe yo con ellos antes, mira tU.Ya sabes lo que quiero decir… -Se dio unos golpecitos en un lado de la nariz (nada desdenable, dicho sea de paso), con un claro significado-. Por cierto, ?como llevas el caso de Schwartz?

– ?Por que quieres saberlo, Arthur?

– Conozco a Kurt Daluege. Estuvimos juntos en el ejercito. La proxima vez que nos veamos me preguntara.

– En realidad, empiezo a hacer grandes avances. Estoy mas o menos seguro de que el principal sospechoso es un paciente de la Clinica Urologica del Hospital Estatal en Friedrichschain.

– ?Ah, si?

– Asi que ya le puedes decir a tu colega Daluege que no es nada personal. Pondria todo mi empeno en detener al asesino de esta nina aunque su padre no fuese un nazi repugnante.

– Seguro que le alegrara saberlo, pero, personalmente, no se que sentido tiene traer al mundo a una nina asi. Como sociedad, creo que deberiamos seguir el ejemplo de los romanos. ?Sabes a que me refiero? ?Romulo y Remo? Habria que dejarlos en la ladera de una montana hasta que murieran de frio. O algo asi.

– Es posible. Solo que esos dos no acabaron en una ladera porque estuviesen enfermos, sino porque su madre era una virgen vestal que habia infringido su voto de celibato.

– Bueno, ni siquiera se como se escribe eso -dijo Nebe.

– Ademas, Romulo y Remo sobrevivieron. ?No lo sabias? y fundaron Roma.

– Me refiero al principio general. Me refiero al derroche de dinero en miembros inutiles de la sociedad. ?Sabes que al gobierno le cuesta sesenta mil marcos mas mantener vivo a un tullido en este pais que a un ciudadano medio sano?

– Dime, Arthur. Cuando hablamos de ciudadanos sanos, ?incluimos a Joey Goebbels?

– Eres buen poli, Bernie -dijo Nebecon una sonrisa-. Todo el mundo lo dice. Seria una pena que arruinases una carrera tan prometedora con un par de comentarios irreflexivos como ese.

– ?Quien ha dicho que ese comentario es irreflexivo?

– ?No lo es? Tengo entendido que no eres ningun rojo.

– Pongo mucho empeno en mi aversion a los nazis, Arthur. Y tu deberias saberlo mejor que nadie.

– Sin embargo, los nazis van a ganar las proximas elecciones. ?Y que piensas hacer entonces?

– Hare lo mismo que todo el mundo, Arthur. Me ire a casa y metere la cabeza en el horno de gas con la esperanza de despertarme de una pesadilla.

Hacia otra noche muy agradable, mas calida que de costumbre.

– ?Venga! -le dije a Heinrich Grund, despues de lanzarle la chaqueta-. Vamos a hacer de detectives un rato.

Bajamos al patio central de Alex, donde habia aparcado el coche. Gire la llave en el contacto y presione el boton para accionar el motor de arranque. El coche cobro vida con gran estruendo. -

?Adonde vamos? -pregunto Grund.

– A Oranienburger Strasse.

– ?Por que?

– Estamos buscando sospechosos, ?recuerdas? Es lo bueno que tiene esta ciudad, Heinrich. No hay que ir al manicomio para encontrar mentes retorcidas y trastornadas. Las hay por todas partes. En el Reichstag. En Wilhelmstrasse. En el Parlamento Prusiano. No me extranaria que hubiera una o dos en Oranienburger Strasse. Eso nos facilita mucho el trabajo, ?no crees?

– Si tu lo dices, jefe… ?Pero por que Oranienburger Strassei

– Porque es famosa por cierta clase de putas.

– Las tullidas.

– Exacto.

Era viernes por la noche, pero que le ibamos a hacer. Todas las noches habia mucho bullicio en la Oranienburger Strasse. Los coches paraban delante de la Oficina Central de telegrafos que estaba abierta dia y noche. Y, hasta el ano anterior, la Oranienburger Strasse era el lugar donde se encontraba uno de los cabares mas populares de Berlin, el Nido de Ciguena, uno de los motivos por los que la calle se habia.popularizado entre las prostitutas de la ciudad. Se rumoreaba que bastantes chicas de Oranienburger habian trabajado en el Nido antes de que el dueno del cabare contratase a cabareteras polacas, que eran mas baratas.

Los viernes por la noche habia aun mas trafico del habitual, porque todos los judios asistian al shul en la Nueva Sinagoga, la mayor de Berlin. El tamano del edificio y la suntuosa cupula en forma de bulbo indicaban la relevancia de la presencia judia en Berlin. Sin embargo, las cosas empezaban a cambiar. Segun mi amigo Lasker, algunos judios de la ciudad se preparaban para marcharse de Alemania, por si sucedia lo impensable y los nazis ganaban las elecciones. Cuando llegamos, cientos de judios

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