barco que los traia de Alemania. En realidad los documentos fueron interceptados por mis hombres.

»Antes de que llegasen a mis manos, tenia mis sospechas sobre la verdadera identidad de Helmut Gregor, e intuia que practicaba abortos ilegales aqui en Buenos Aires. Supuse que Peron le enviaba chicas jovenes que dejaba embarazadas, pero no pude demostrar nada. No me atrevi. Ni siquiera cuando aparecio muerta una «fruta inmadura» de Peron, que es como llama a sus jovenes amiguitas. Se llamaba Grete Wohlauf. y habia muerto por una infeccion contraida durante un aborto. Cuando aparecieron los papeles de Mengele, me di cuenta de que era el hombre que usted buscaba. Y decidi despertar su interes por el caso de un modo que me beneficiase. Asi que le pedi al patologo que la mutilase para despertar su curiosidad.

– Pero ?por que no fue sincero conmigo?

– Porque no me convenia. Mengele esta protegido por Peron. Usted logro eludir esa proteccion. Yo no podia hacerlo si queria seguir siendo un hombre de confianza de Peron. Como bien dice, usted era mi gambito, Herr Gunther. Cuando supe que los hombres de Peron lo habian detenido y lo habian llevado a Caseros, ejerci cierta influencia en otra parte y consegui que lo liberasen. Pero no sin antes darle una leccion. Como le he dicho antes, preguntar por la Directiva 11 no es muy aconsejable.

– Eso ya lo aprendi. ?Y Fabienne Von Bader? ?Ha desaparecido de verdad?

– Oh, si. ?Ha encontrado algun rastro de ella?

– No, pero empiezo a entender por que desaparecio. Su padre tiene el control parcial de las cuentas bancarias suizas del Reichsbank, y los Peron quieren echar mano de ese dinero. Sospecho que los Von Bader la han escondido para protegerla, para que los Peron no puedan utilizar a la chica como moneda de cambio con el fin de que el padre haga lo que le piden. O algo asi.

– Como siempre -dijo el coronel con una sonrisa-, es un poco mas complicado.

– ?Ah, si? ?Mucho mas complicado?

– Creo que esta a punto de averiguarlo.

CAPITULO 17

BUENOS AIRES. 1950

Pasamos por delante del Ministerio de Trabajo, donde, como de costumbre, una larga cola de personas esperaba a Evita, y el coronel paro el coche al doblar la esquina, delante de una puerta de apariencia anonima.

Por el camino reflexione sobre lo que me habia dicho el coronel sobre Mengele. Y, al salir del coche, le dije que seguramente habia perdido mucho tiempo hablando con los antiguos camaradas; tiempo que, si el coronel hubiese tenido la amabilidad de indicarmelo, lo habria dedicado a otra cosa mas util.

– Hay un refran que dice «Un solo raton muerto no hace buen gato». -Delante de la puerta, saco un punado de llaves del bolsillo, abrio la cerradura y me invito a pasar-. Cuando intercepte los documentos privados de Mengele, me percate de que sabemos muy poco sobre los ex nazis que han venido a Argentina. Puede que a Peron no le importe lo que hayan hecho ustedes durante la guerra, pero yo no me conformo con eso. Asi que decidi que era el momento de empezar a recabar informacion sobre nuestros «trabajadores invitados». Y decidi que usted era nuestro mejor medio para ello.

Cerro la puerta y subimos por unas escaleras de marmol. El pasamanos de madera estaba pegajoso por un exceso de abrillantador y el suelo de marmol tan blanco y brillante como una sarta de perlas de agua dulce. En el descansillo del primer piso habia una fotografia de Evita con un traje azul de lunares blancos, una gran rosa de te en el hombro, un collar de rubies y diamantes y una sonrisa de rubies y diamantes a juego.

– En algun momento las relaciones con Estados Unidos tendran que mejorar, si Argentina quiere recuperar la riqueza economica que disfrutaba hace una decada -dijo el coronel-. Para ello seria politico pedir a alguno de nuestros celebres inmigrantes que se vaya a vivir a otra parte. A Paraguay, por ejemplo. Paraguay es un pais primitivo, sin ley, donde hasta los peores criminales pueden vivir impunemente. Como ve, durante todo este tiempo usted ha estado prestando a este pais un gran servicio por el cual, algun dia, posiblemente muy pronto, tendremos que darle las gracias.

– Ya me siento patriotico.

– Aferrese a ese sentimiento. Lo necesitara cuando se reuna con Evita. Es la persona mas patriotica que conozco.

– ?Es ahi adonde vamos?

– Si. Y, por cierto, ?recuerda que le dije que, cuando me entere de que los hombres de Peron lo habian detenido y lo habian llevado a Caseros, logre ejercer cierta influencia en otra parte para liberarlo? Evita es esa otra parte. Es su nueva protectora. Convendria que lo tuviese presente.

El coronel Montalban se detuvo delante de una puerta gruesa de madera. Al otro lado se oia un zumbido como de enjambre. Me miro de arriba abajo y me entrego un peine. Me lo pase rapidamente por el pelo y se lo devolvi.

– Si hubiera sabido que iba a reunirme con la esposa del presidente esta noche, me habria comprado un traje nuevo -dije-. Hasta puede que me hubiese dado un bano.

– Creame, no notara su olor. Aqui no.

Abrio la puerta y entramos en una sala del tamano de una pista de tenis revestida de madera. En el extremo opuesto, habia otro retrato mayor de Evita, con un traje azul, sonriendo a un grupo de ninos. Tenia una luz brillante detras de la cabeza y, si no la conociera, habria pensado que tenia un marido llamado Jose y un hijo carpintero. La sala estaba repleta de gente y de olor a suciedad corporal. Unos eran discapacitados, otras estaban embarazadas, la mayoria parecia muy pobre. Todos estaban seguros de que la mujer que esperaban ver era nada menos que la Madonna de Buenos Aires, la Dama de la Esperanza. Sin embargo, no habia empujones ni zarandeos. Cada persona tenia un billete numerado y, de vez en cuando, un oficial entraba en la sala y anunciaba un numero. Era el turno de que una madre soltera, una familia sin hogar o un huerfano tullido fuesen recibidos ante la santa presencia.

Segui al coronel a la sala del fondo. Alli habia una mesa de caoba larga contra una pared, con tres telefonos y cuatro jarrones de calas. Habia tambien un sofa tapizado de seda con tres sillas a juego, cuatro secretarias con cuadernos y lapices, o con un telefono, o con un sobre lleno de dinero. Evita estaba de pie junto a la ventana, que habian dejado abierta para airear el olor de la suciedad corporal. Por el menor volumen del espacio, el olor era mas perceptible en el gabinete que en la antesala grande.

Vestia un traje ceremonial de color gris perla, atado a la cintura como una toga. En la solapa lucia un broche de zafiros y diamantes con la forma y el color de la bandera argentina. Pense que tenia suerte de no ser la esposa del presidente de Alemania; poca cosa puede hacer un joyero en negro, amarillo y rojo. En el dedo de la mano izquierda exhibia un anillo con un diamante del tamano de una anemona, y sus hermanos en las orejitas. En la cabeza llevaba una boina de seda gris con incrustaciones de rubies, mas apropiada para Lucrecia Borgia que para la Santa Madre. No tenia cara de enferma. Rezumaba mas salud que la mujer y el nino esqueleticos que le besaban las manos enguantadas. Evita entrego a la mujer un fajo doblado de billetes de cincuenta pesos. Si Otto Skorzeny no se equivocaba, algun botin nazi se estaba repartiendo entre las manos necesitadas de los pobres argentinos, y yo no sabia si reir o llorar. Como medio para impedir el derrocamiento democratico de un gobierno, esta escena conmovedora carecia del simbolismo del incendio de un parlamento, pero, al parecer, no resultaba menos efectiva. Ni los apostoles habrian organizado con mayor eficiencia esta clase de caridad.

Un fotografo de un diario pero ni sta inmortalizo la escena. Parecia improbable que dejase fuera del cuadro la enorme estampa de Cristo lavando los pies de sus discipulos detras del hombro de Evita. Por el rabillo del ojo azul, el carpintero contemplaba a su alumna y sus buenas obras con gesto de aprobacion. Esta es mi adorada hija, que me complace plenamente. No voteis a otra persona.

Evita miro al coronel. La mujer esqueletica y el nino, que se deshacian en un efusivo agradecimiento, salieron de la sala por indicacion del personal. Evita dio media vuelta con elegancia y traspaso una puerta al fondo del gabinete. El coronel y yo la seguimos. En cuanto entramos, cerro la puerta. Era un cuarto con un lavabo, un tocador, un perchero de riel y una sola silla. Evita se sento. Entre el maquillaje y la multitud de frascos de perfume y laca, habia una fotografia de Peron. Evita la cogio y la beso, cosa que me hizo pensar que Otto Skorzeny se

Вы читаете Una Llama Misteriosa
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату