uno sentia el deseo de remolcar a un esquiador acuatico.
– ?Asi que la bofia de Buenos Aires usa estos coches? -dije extranado, pasando la mano por la superficie de la puerta. Tenia tal altura que daba la sensacion de estar en la barra de un hotel de lujo. Supongo que era coherente. Una hermosa casa rosada para el presidente, un descapotable lima para su numero dos de seguridad e informacion. Nunca el fascismo habia sido tan bello. Los pelotones de fusilamiento probablemente irian vestidos con tutus.
Nos dirigimos hacia el oeste por Moreno con la capota cerrada. Aquel dia, agradablemente primaveral para mi, debia de ser frio para el coronel. La temperatura rondaba los quince grados, pero la mayor parte de los portenos caminaban con sombrero y abrigo como si fuera Munich en enero.
– ?Adonde vamos?
– A la jefatura de policia.
– Mi lugar favorito.
– Relajese -me dijo, riendose-. Quiero que vea una cosa.
– Espero que sean los nuevos uniformes de verano. Si es asi, puede ahorrarse el viaje. En mi opinion, deberian hacerlos del mismo color que la Casa Rosada. Asi los policias serian mas populares en Argentina. ?A quien no le caeria bien un policia vestido de rosa?
– ?Usted siempre habla tanto? ?No decia que procuraba mantener la boca cerrada y los oidos abiertos?
– Despues de doce anos de nazismo es agradable abrir la boca de vez en cuando.
Atravesamos el portal de un hermoso edificio del siglo XIX que no parecia una jefatura de policia. Empezaba a entender un poco la cultura argentina a traves de la iniciacion en su arquitectura. Era un pais muy catolico. Hasta la policia tenia una especie de basilica dentro, probablemente dedicada a san Miguel, el patron de los policias.
Puede que no pareciese una comisaria, pero el olor era inconfundible. Todas las comisarias huelen a mierda y miedo.
El coronel Montalban me guio por un laberinto de pasillos con suelo de marmol. Nos cruzamos con varios policias con carpetas en la mano, que se apartaban para dejarnos pasar. -Empiezo a pensar que usted es un hombre importante -dije.
Paramos delante de una puerta donde el aire parecia mas fetido. Eso me recordo una visita que hice al acuario del zoo de Berlin cuando era nino. O quizas era la Casa de los Reptiles. Algo humedo y viscoso e incomodo, en cualquier caso. El coronel saco una cajetilla de Capstan Navy Cut, me ofrecio uno y luego encendio el suyo y el mio.
– Desodorantes -dijo-. Aqui dentro esta la Morgue Judicial.
– ?Trae aqui a todas sus citas el primer dia?
– Solo a usted, amigo.
– Creo que debo advertirle que soy muy aprensivo. No me gustan las morgues. Sobre todo cuando tienen cadaveres. -Venga. Usted ha trabajado en homicidios, ?no?
– Eso fue hace anos. Ahora que me estoy haciendo viejo, prefiero estar con los vivos, coronel. Ya tendre oportunidad de pasar tiempo con los muertos cuando me muera.
El coronel abrio la puerta y espero. No me quedaba otra opcion que entrar. El olor empeoro. Olor a algo humedo, viscoso e indudablemente muerto, como un caiman muerto. Un hombre vestido de blanco con guantes de goma de color verde brillante se acerco a saludarnos. Tenia un aspecto vagamente indio, con la piel oscura y cercos mas oscuros bajo los ojos, uno de los cuales era lechoso como una ostra. Tuve la sensacion de que acababa de salir a rastras de un cajon de la morgue. El coronel y el se dirigieron una mimica gestual y luego los guantes verdes se pusieron a trabajar. En menos de un minuto me encontre ante el cuerpo desnudo de una chica adolescente. Creo que era una chica. Las habituales pistas en materia de sexo alli brillaban por su ausencia. Y no solo en las zonas exteriores, sino tambien en las internas. Yo solo habia visto heridas mas graves en el Frente Occidental de 1917. Todo lo que habia al sur del ombligo se habia esfumado.
– Me preguntaba si le recordaria a alguien -dijo el coronel, despues de dejarme examinar el cadaver.
– No lo se. ?Alguien que ha muerto?
– Se llama Grete Wohlauf. Una chica germano-argentina.
Aparecio en el Barrio Norte hace un par de semanas. Creemos que la estrangularon. Como se puede apreciar, extrajeron el utero y otros organos reproductivos. Probablemente el autor del crimen sabia bien lo que hacia. No fue un ataque desenfrenado. Como ve, se hizo con cierta eficiencia clinica.
Yo mantenia el cigarrillo en la boca, de manera que el humo servia de pantalla entre mi sentido del olfato y el cadaver tendido ante nosotros como una res en un matadero. En realidad, olia sobre todo a formol, pero cada vez que me llegaba a las narinas desencadenaba recuerdos de muchas cosas desagradables que habia visto en mis tiempos de detective de homicidios en Berlin. Recordaba dos cosas en concreto, pero no vi ningun motivo para comentarselas al coronel Montalban.
Fuera lo que fuese lo que queria de mi, yo no queria saber nada de ello. Al cabo de un rato, me aparte. -?Y bien? -dije.
– Solo me preguntaba… si esto le refrescaba la memoria.
– No me recuerda nada que debiera estar en mi album de fotos.
– Tenia quince anos.
– Que lastima.
– Si -dijo-. Yo tambien tengo una hija, algo mayor que ella.
No se que haria si sucediese algo asi. -Se encogio de hombros-. Seria capaz de cualquier cosa.
No dije nada. Supuse que iba a ir al grano.
Me guio de nuevo hacia la puerta de la morgue.
– Ya le dije que estudie jurisprudencia en Berlin -dijo-. Fichte, Von Savigny, Erlich. Mi padre queria que fuese abogado, pero mi madre, que es alemana, queria que fuese filosofo. Y yo queria viajar. A Europa. Y despues de la licenciatura en derecho me ofrecieron la oportunidad de estudiar en Alemania. Todos estabamos contentos. Sobre todo yo. Me encantaba Berlin.
Abrio la puerta y volvimos al pasillo.
– Tenia un apartamento en el Kudamm, cerca de la iglesia Memorial y aquel club donde el portero iba vestido de diablo y los camareros se disfrazaban de angeles.
– El Cielo y el Infierno -dije-. Lo recuerdo muy bien.
– Exacto. -El coronel sonrio-. Yo era un chico formal, catolico romano. Nunca habia visto tantas mujeres desnudas. Tenian un espectaculo que se llamaba
– Si. Todo Berlin es una ruina. Poco mas que una obra en construccion. No lo reconoceria.
– Que pena.
Abrio la cerradura de una sala pequena situada enfrente de la Morgue Judicial. Habia una mesa barata, unas cuantas sillas baratas y varios ceniceros baratos. El coronel abrio una persiana y una ventana sucia para que entrase aire fresco. Al otro lado de la calle vi una iglesia donde entraba gente ajena a la medicina forense y a los asesinatos, gente que se llenaba las narinas de algo mas agradable que el olor a cigarrillo y formol. Suspire y mire la hora, ya casi sin ocultar mi impaciencia. No tenia la menor intencion de ver el cadaver de una chica muerta. Eso me contrariaba, asi como lo que sabia que iba a venir a continuacion.
– Disculpeme -dijo-. Ya voy al grano, Herr Gunther. El asunto sobre el que queria hablar con usted. Mire, siempre me ha interesado el lado oscuro de la conducta humana. Por eso me intereso usted, Herr Gunther. Usted es una de las razones por las que me hice policia en vez de abogado. En cierto sentido, usted me ayudo a salvarme de una vida muy aburrida. -El coronel me acerco una silla y nos sentamos. Luego continuo-:
En 1932 hubo dos crimenes sensacionales en la prensa alemana. -Hubo muchos mas que dos -replique agriamente.
– No como esos dos. Recuerdo que lei muchos detalles escabrosos sobre ellos. Eran asesinatos lascivos, ?no? Dos chicas mutiladas de manera similar, como la pobre Grete Wohlauf. Una en Berlin y otra en Munich. Y usted, Herr Gunther, fue el detective que investigo los casos. Su fotografia salio en la prensa.
– Si, era yo. Lo que no se es que tiene eso que ver con todo lo demas.
– Nunca lograron atrapar al asesino, Herr Gunther. Nunca lo detuvieron. Por eso estamos hablando
