ahora.

– Es cierto -dije, negando con la cabeza-. Pero mire, eso fue hace casi veinte anos. Y a miles de kilometros de distancia. No insinuara que este crimen guarda relacion con aquellos.

– ?Por que no? -El coronel se encogio de hombros-. Tengo que considerar todas las posibilidades. Con la ventaja de la vision retrospectiva, me parece que aquellos crimenes eran tipicamente alemanes. ?Como se llamaba aquel otro tipo que asesino y mutilo sexualmente a varios chicos y chicas? Haarmann, ?no? Les arranco la garganta a mordiscos y les amputo los genitales. Y Kurten. Peter Kurten, el Vampiro de Dusseldorf. No debemos olvidarlos, ?no le parece?

– Haarmann y Kurten fueron ejecutados, coronel, como sin duda recordara. Asi que no pueden ser ellos, ?verdad?

– Desde luego que no. Pero hubo otros asesinatos lascivos, como recordara tambien. Algunos tambien con mutilacion y canibalismo. -El coronel se inclino hacia delante en la silla-. Bien. Aqui es adonde queria llegar. Muchos alemanes han venido a vivir a Buenos Aires. Antes y despues de la guerra. Y no todos son gente civilizada como usted y como yo. Naturalmente he hecho un seguimiento de los juicios de los llamados criminales de guerra, y me parece bastante evidente que algunos de sus compatriotas han hecho cosas terribles. Cosas inimaginables. Asi que mi teoria, si se puede llamar asi, es la siguiente. No todos los alemanes que han venido a Argentina en los ultimos cinco anos son angeles. Algunos pueden ser demonios. Igual que el viejo club berlines, el Cielo y el Infierno. Estara de acuerdo, ?no?

– Desde luego. Ya ha oido lo que le he dicho al presidente.

– Si. Eso me hizo pensar que usted podia ser el hombre que me ayudase, Herr Gunther. Un angel, si quiere. -Nunca me habian llamado asi.

– Seguro que si, pero ya volvere a eso despues. Dejeme acabar este razonamiento concreto. Asi que reconocera, espero, que a muchos de sus colegas de las SS les gustaba matar, ?no? Quiero decir, parece razonable pensar que algunos de los miembros de las SS eran psicopatas, ?no?

– Ya veo adonde quiere llegar, creo-dije asintiendo con la cabeza.

– Exacto. Tomemos el caso de Rudolf Hoss, el comandante del campo de concentracion de Auschwitz. Ya habia asesinado antes de llegar alli. En 1923. Al igual que Martin Bormann. Un hombre no se vuelve psicopata por llevar un uniforme. Por lo tanto, cabe suponer que muchos psicopatas encontraron un lugar idoneo en las SS y la Gestapo como asesinos y torturadores con licencia.

– Siempre lo he pensado-dije-. Ya se imaginara mi placer cuando me destinaron a las SS en 1940. Es bastante sorprendente pasarse la vida investigando asesinatos y acabar destinado en Rusia con la mision de cometerlos.

– Oh, no pretendia insinuar que usted fuese un psicopata, Herr Gunther. Mire, pensemos que en 1932 no detienen a este asesino. En 1933 los nazis llegan al poder y el entra en las SS, donde encuentra un nuevo medio socialmente aceptable para satisfacer su deseo de crueldad. Durante la guerra-trabaja en un campo de exterminio, donde mata a toda la gente que quiere con impunidad absoluta.

– Y luego ustedes lo invitan a venir a Argentina. -Sonrei-. Ya entiendo lo que quiere decir, pero no se en que sentido le puedo ayudar.

– Creia que era evidente. La oportunidad de reabrir un viejo caso.

– No soy muy ordenado, coronel. Y creame, habia muchos otros casos no resueltos en nuestros expedientes. Ninguno de ellos me quita el sueno.

El coronel asentia, pero me di cuenta de que todavia tenia cartas que jugar.

– Ha desaparecido otra chica -dijo-. Aqui en Buenos Aires.

– Desaparecen chicas todo el tiempo. Darwin lo llamaba seleccion natural. Una chica elige a un muchacho y, naturalmente, a su padre no le gusta mucho, de modo que se escapa con el. -Entonces, ?no puedo apelar a su conciencia social?

– Apenas conozco todavia esta ciudad. Casi no hablo la lengua. Soy como un pez fuera del agua.

– No exactamente. La chica que ha desaparecido es de origen germano-argentino. Como Grete Wohlauf. He pensado que usted podria limitar sus investigaciones a la comunidad alemana de Buenos Aires. ?No le acabo de explicar que tengo el presentimiento de que buscamos a un aleman? Para eso no hace falta que hable bien espanol, ni que conozca la ciudad. Lo importante es que sea aleman. Y para indagar entre las personas que nos interesan en este caso, tiene que pertenecer a su mismo grupo. Cuando dije que podria ser mi angel, me referia a mi angel negro. ?No era asi como llamaban los alemanes a los hombres de las SS? ?Angeles negros?

– Nada mejor que un ladron para atrapar a otro ladron, ?no?

– Algo asi.

– A mis viejos camaradas no les va a hacer ninguna gracia.

Tienen nombres nuevos, caras nuevas en algunos casos. Nuevos nombres, nuevas caras, y amnesia. Podria llegar a ser muy impopular entre algunos de los hombres mas despiadados de Sudamerica. Mejorando lo presente.

– Ya he pensado un modo de tratar el asunto sin que acabe usted muerto.

Sonrei. Era insistente, habia que reconocerselo. Empezaba a tener la sensacion de que el coronel ya habia previsto todas mis objeciones.

– Apuesto que si, coronel.

– Incluso he estudiado su situacion financiera -dijo-. Despues de convertir su dinero en el Banco de Londres y Sudamerica, en la sucursal de la calle Bartolome Mitre, ?no?

– Menos mal que hay secreto bancario en este pais -dije.

– Como sabra, veinticinco mil chelines austriacos no es mucho. Segun mis calculos tiene unos mil dolares, lo cual no le va a durar mucho en Buenos Aires. Un ano, o tal vez menos si hay gastos imprevistos. Y la experiencia me dice que siempre hay gastos imprevistos, sobre todo para un hombre de su posicion. Por otro lado, le estoy ofreciendo un trabajo. No del tipo que le ofreceria probablemente Carlos Fuldner, sino uno en el que puede desenvolverse francamente bien.

– ?Trabajar para usted? ?En la policia secreta?

– ?Por que no? Tendra un salario, un despacho en la Casa Rosada, un coche. Hasta tendra pasaporte. Un pasaporte adecuado. No esa mierda que le han dado en la Cruz Roja. Con un pasaporte valido quiza pudiera volver a Alemania sin tener que responder toda clase de preguntas impertinentes al llegar alli. Al fin y al cabo, seria ciudadano argentino. Pienselo.

– Tal vez seria posible si tuviese los expedientes originales.

– Hice un gesto negativo con la cabeza-. Pero han pasado casi veinte anos. Probablemente los expedientes se perdieron durante la guerra.

– No, senor. Estan aqui en Buenos Aires. Consegui que los enviasen desde la jefatura de policia de Alexanderplatz, en Berlin. -?Ah, si? ?Como?

El coronel se encogio de hombros modestamente, pero aun asi no ocultaba su ufania. Motivos no le faltaban, todo sea dicho. Me habia impresionado.

– La verdad es que no me costo mucho. A los americanos les desagradan Peron y los generales, pero a los rusos no. Ademas, la Delegacion Argentina para la Inmigracion en Europa tiene muchos amigos en Alemania. Como sabra mejor que nadie. Si la DAIE puede sacar a Eichmann de Alemania, no creo que le cueste mucho sacar unos papeles viejos.

– Lo felicito, coronel. Parece que lo ha pensado todo.

– En Buenos Aires mas vale saberlo todo que saber demasiado -dijo el coronel.

Cruzo las piernas y recogio una pelusa de la rodilla mientras esperaba pacientemente mi respuesta. Yo estaba seguro de que iba a ganarle con un triunfo, pero su gelida mirada me hizo pensar que todavia escondia un as en la manga.

– Por favor, no crea que no me halaga su ofrecimiento -le dije-. Pero ahora mismo tengo otras cosas en mente. Lo ha pensado todo, es cierto. Salvo la unica razon por la que no voy a trabajar con usted. Mire, coronel, no me encuentro bien. Tuve palpitaciones cardiacas en el barco. Pense que era un infarto. He ido a ver al doctor Espejo, el que me recomendo Peron. Y dice que no tengo ninguna afeccion cardiaca y que las palpitaciones se deben a una tirotoxicosis. Tengo cancer de tiroides, coronel Montalban. Por eso no voy a trabajar con usted.

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