CAPITULO 5
El coronel Montalban se quito las gafas y empezo a limpiar las lentes tintadas con el extremo de su corbata de lana. Procuraba no sonreir para no herir mis sentimientos, pero me di cuenta de que en realidad le daba lo mismo. Era como si intentase no descubrir de golpe todo el pastel.
Me imagine lo que era.
– Pero usted ya lo sabia, ?no?
El coronel se encogio de hombros y continuo con la limpieza.
– ?Que clase de pais es este? No hay secreto bancario. No hay etica medica… Supongo que el doctor Espejo es amigo suyo.
– Pues no. Mas bien todo lo contrario. Espejo es lo que aqui llamamos un resentido. Un tipo que detesta profundamente a Peron.
– Ya me extrano que fuera la unica persona en esta ciudad que no tiene una fotografia del presidente en la pared. -Hice un gesto negativo con la cabeza-. ?Y Peron me recomendo un medico que lo detesta? No entiendo.
– Antes menciono usted a los oyentes.
– Y usted tiene un microfono instalado en su consulta -dije con una sonrisa.
– Varios.
– Supongo que asi se puede comprobar si el diagnostico es honesto.
– ?Acaso piensa usted que el suyo no lo es?
– Desde luego, no me parecio que Espejo me ocultase nada.
El tipo tiene un buen gancho de izquierda. Hacia tiempo que no me atizaban uno asi en la barbilla. -Hice una pausa-. No me dira que se anduvo con miramientos.
– En absoluto -dijo el coronel-. Espejo es un buen medico. Pero los hay mejores. Si yo fuera usted, Herr Gunther, consultaria con alguien mas experto que Espejo en estos asuntos. Un especialista.
– Eso es muy caro. Demasiado caro para mis mil dolares.
– Razon de mas para que trabaje conmigo. Aqui en Argentina tenemos un dicho: «No confiare en vos hasta que te cuente un secreto». Y eso es lo que voy a hacer. Voy a confiarle uno de los grandes secretos del pais. Luego tendra que ayudarme y yo tendre que ayudarle a usted. Sera un signo de buena fe entre nosotros.
– ?Y si prefiero no saber lo que usted sabe?
– No puedo contarle B si no le cuento tambien A. Le contare primero B y luego puede que usted adivine A. El doctor George Pack es uno de los mejores oncologos del mundo. Trabaja como especialista en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York. Alli atiende a pacientes como los Rockefeller y los Astor. Pero viene con frecuencia a Buenos Aires.
– A tratar a alguien no menos importante, sin duda -dije-. ?El general?
El coronel nego con la cabeza.
– ?La esposa del general?
– . Pero no lo sabe ni ella -dijo el coronel, mientras asentia con la cabeza.
– ?Es posible?
– Lo es si el general asi lo desea. Evita cree que tiene un problema femenino. Pero es otra cosa. Ya he hablado con el doctor Pack. Y, como favor al general, ha aceptado tratarlo a usted la proxima vez que venga al pais. Nosotros correremos con los gastos, por supuesto. -El coronel levanto las manos-. Asi que ya ve, no tiene eleccion, ni excusas para rechazar la oferta. No hay ninguna objecion en la que no haya pensado yo antes.
– De acuerdo -dije-. Se reconocer las derrotas. Parece confiar mucho en mis capacidades, coronel.
– ?Tan dificil es aceptar mi admiracion por sus capacidades forenses, Herr Gunther? Lo mismo cabria decir de usted y Ernst Gennat, ?no? O del otro gran detective de Berlin, Bernard Weiss. Eran sus mentores. Sus propios heroes.
– Durante un tiempo, si lo fueron -dije-. De todos modos, parece que se ha tornado muchas molestias para que yo investigue un crimen y la desaparicion de una chica.
– Aunque le parezca mentira, Herr Gunther, no me he tornado ninguna molestia. Conseguirnos que nos enviasen unos viejos documentos desde Berlin. Ahora le ofrecemos un trabajo. Le pagarnos algo de dinero. Contratamos a un medico para que trate su enfermedad. Son cosas faciles de arreglar cuando se es un hombre de mi posicion. ?Hay algo mas sencillo?
– Visto asi…
– Da la casualidad -anadio- de que la desaparecida no es una chica cualquiera. Fabienne Van Bader es muy paquete, como decirnos aqui. Gente elegante. Su padre, Kurt Van Bader, es un buen amigo de los Peron, ademas de ser el director del Banco Germanico de Buenos Aires. Por supuesto, la policia pone todos los medios para encontrarla. Usted sera solo una parte de esos medios. Puede que ya este muerta. Puede, como ha sugerido usted, que solo se haya escapado de casa. Aunque, francamente, es un poco joven para tener novio; solo tiene catorce anos. De Grete Wohlauf se encargara la policia regular, pero Fabienne es un caso diferente. Y es el caso en que deberia concentrarse usted. Si no me equivoco, las desapariciones eran una de sus especialidades cuando dejo la policia de Berlin en 1933, cuando era detective privado.
– Parece que lo sabe todo sobre mi, coronel-dije-. Demasiado.
– Demasiado, no. Solo se todo lo importante. Para los fines de su investigacion debe presuponer que nuestro asesino potencial es aleman y limitarse a la comunidad de inmigrantes recientes, asi como los de origen germano-argentino. Buscamos a un psicopata, si, pero tambien necesitamos pistas sobre el paradero de la joven Fabienne Von Bader.
– No sera facil interrogar a mis viejos camaradas.
– Por ello debe elegir bien las preguntas. Debe intentar que parezcan preguntas inocentes.
– Usted no los conoce -dije-. Para ellos no existen las preguntas inocentes.
– La Cruz Roja es una institucion admirable -dijo el coronel-. Pero para ir a cualquier otro lugar fuera de este pais, a Alemania por ejemplo, se necesita pasaporte argentino. Para conseguir este pasaporte hay que demostrar buena conducta como residente en Argentina. Despues se emite un certificado de buena conducta. Con un certificado de buena conducta se puede solicitar un pasaporte en un juzgado de primera instancia. He pensado que una buena tapadera para su investigacion seria decir que se encarga de comprobar historiales para el Servicio de Informaciones de Estado (la SIDE) con el fin de evaluar la idoneidad de los candidatos para la obtencion del certificado de buena conducta. De ese modo puede entrometerse en el pasado de sus viejos camaradas con total impunidad. Me atrevo a decir que la mayoria estara dispuesta a responder todas sus preguntas, Herr Gunther, por muy impertinentes que sean. ?Como no van a querer sus camaradas un pasaporte con un nuevo nombre?
– Puede funcionar- dije.
– Por supuesto que si. Como he dicho, se le proporcionara un despacho en la Casa Rosada, que es donde esta la sede de la SIDE, y tendra un vehiculo a su disposicion. Se le pagaran dietas. Tendra un salario. Y plena identificacion de la SIDE. Estara directamente bajo mis ordenes. Me tendra al corriente de todo. Absolutamente todo. Por muy insignificante que sea. El doctor Pack vendra dentro de un par de semanas. Entonces se consultara con el. Por razones obvias, sin embargo, me gustaria que iniciase las investigaciones de inmediato. Se le entregara una lista de nombres y direcciones de sus viejos camaradas en la Casa Rosada. Como es logico, Fuldner y la DAIE nos han informado sobre quienes eran esas personas en Alemania. Que hicieron y cuando. Pero me gustaria saber mucho mas sobre ellos, con el fin de evaluar el riesgo diplomatico y de seguridad que podrian suponer para nosotros en el futuro. Puede actualizar los expedientes a medida que desarrolle su investigacion. ?Esta claro?
– Creo que si.
– Supongo que una de sus prioridades sera conocer a los padres de la chica desaparecida.
– Si fuera posible.
El coronel asintio. Abrio un cajon pequeno de la mesa y saco un portafolios de cuero. De uno de los bolsillos
