– ?Ah, si? Entonces, ?a que viene el Frente de Hierro contra el fascismo? ?Por que no montais tambien un Frente de Hierro contra el bolchevismo?
– Porque, como sabes muy bien, Heinrich, la mayor parte de la violencia callejera la cometen o provocan los nazis.
– ?De donde sacas eso?
– La mujer que aparecio en Neukolln, la que esta investigando Lipik. Ya antes de salir de Alex, supuso que habia sido asesinada por un soldado de las tropas de asalto que perseguia a un comunista.
– Bueno, fue un accidente. Pero eso no prueba que los nazis organicen la mayor parte de la violencia.
– ?No? Pues, si quieres, pasate por mi barrio y echa un vistazo a la ventana de mi apartamento en Dragonerstrasse. Las oficinas centrales del Partido Comunista estan al doblar la esquina con Bulowplatz, y alli es donde los nazis decidieron ejercer su derecho democratico de montar un desfile. ?Te parece sensato? ?Te parece respetuoso con la ley?
– Eso demuestra lo que te decia, ?no? Vives en una zona roja.
– Lo unico que demuestra es que los nazis siempre andan buscando pelea.
Me agache e ilumine con la linterna el cadaver de la chica. De cintura para arriba parecia mas o menos normal. Tenia unos trece o catorce anos, era rubia con ojos azules y una galaxia de pecas en la nariz de elfo. Era una cara poco femenina. Podria pasar por chico. La identidad sexual solo se confirmaba por los pechos adolescentes, pues el resto de los organos sexuales habian sido extirpados junto con el intestino inferior, el utero y cualquier otro organo que tuviera la chica cuando nacio. Pero no fue la evisceracion lo que me llamo la atencion. A decir verdad, Heinrich y yo ya estabamos curados de espanto desde los tiempos de las trincheras. Pero esta chica tenia ademas un aparato ortopedico en la pierna izquierda. Hasta ese momento no me habia fijado.
– No hay baston -dije, senalando el aparato con mi lapiz-. Lo logico seria que llevase baston.
– A lo mejor no lo necesitaba. No todos los cojos usan baston.
– Tienes razon. Goebbels se las arregla muy bien sin el, ?verdad? Para ser cojo. Aunque en casi todo lo que dice hay mano dura y bastonazos a tutiplen… -. Encendi un pitillo y exhale un gran suspiro humeante-. ?Por que hara la gente estas cosas?
– ?Matar ninos, quieres decir?
– Quiero decir que por que los mataran asi. Es monstruoso, ?no crees? Depravado.
– Creia que eso era evidente -dijo Grund,
– ?Ah, si?
– Fuiste tu quien dijo que debia de ser un tipo depravado. Yo no podia estar mas de acuerdo, pero ?acaso te sorprende? ?Te sorprende que haya depravados haciendo estas cosas, en vista de la obscenidad y depravacion que tolera este gobierno de pacotilla? Echa un vistazo a tu alrededor, Bernie. Berlin es como una gran roca viscosa. Si la levantas, veras todo lo que repta por debajo. Chulos, chaperos, maricas pederastas, putas embarazadas, travestis… Mujeres que son hombres y hombres que son mujeres. Algo enfermizo, venal, corrupto, depravado y todo con el consentimiento de tu querida Republica de Weimar.
– Supongo que todo sera muy distinto si Adolf Hitler llega al poder -dije entre risas. Los nazis habian obtenido un buen resultado en las ultimas elecciones, pero nadie con dos dedos de frente podia imaginar que llegasen a dirigir el pais. A nadie se le pasaba por la cabeza que el presidente Hindenburg tuviera que pedir al hombre que mas detestaba en el mundo, un perfido suboficial austriaco, que fuese el siguiente canciller de Alemania.
– ?Por que no? Alguien tiene que restaurar el orden en este pais.
Mientras hablaba, oimos otro disparo que perforo el tibio aire nocturno.
– Claro, y para restaurar el orden, ?quien mejor que el hombre que esta armando todo este cisco? Ya le veo la logica.
Uno de los agentes uniformados se acerco. Nos levantamos. Era el sargento Gollner, mas conocido como Tanker por su tamano y forma.
– Mientras discutiais -dijo-, he acordonado esta zona del parque para que no pasen los curiosos. Lo ultimo que quiero es que se filtre a la prensa como la mataron. No hay que dar ideas estupidas a los estupidos. Como, por ejemplo, confesar cosas que no han cometido. Lo examinaremos mas despacio por la manana, ?eh? Cuando sea de dia.
– Gracias, Tanker -dije-. Deberia haber…
– Olvidalo. -Inhalo profundamente el aire nocturno humedecido por el agua que la brisa traia de la fuente-. Se esta bien aqui, ?verdad? Siempre me ha gustado este sitio. Antes venia mucho por aqui. Porque mi hermano esta enterrado alli. -Senalo hacia el sur, en la direccion del Hospital Estatal-. Con los revolucionarios de 1848.
– No sabia que eras tan viejo -dije.
– No -replico Tanker con una sonrisa-. Lo mataron los Freikorps en diciembre de 1918. Era rojillo. Y bastante alborotador, pero no se merecia eso, despues de lo que soporto en las trincheras. Aunque fueran rojos, ninguno de ellos merecia que los fusilasen por lo que ocurrio.
– No me lo digas a mi -dije, senalando a Heinrich Grund-. Diselo a el.
– El ya sabe lo que pienso -dijo Tanker. Observo el cuerpo de la chica y anadio-: ?Y que le paso en la pierna?
– Eso poco importa ya-observo Grund.
– Seguramente tuvo polio -me aventure a decir-. O a lo mejor era espastica.
– No deberian haberla dejado sola -dijo Grund.
– Era discapacitada. -Me agache para inspeccionar los bolsillos del abrigo de la chica. Saque un fajo de billetes sujetos con una goma. Era tan grueso como el mango de una raqueta de tenis. Se lo lance a Grund-. Muchos discapacitados se las arreglan perfectamente solos. Hasta los crios.
– Aqui debe de haber varios cientos de marcos -mascullo-. ?De donde habra sacado una cria asi tanto dinero?
– No se.
– Tenia que arreglarselas -dijo Tanker-. Como todos los mutilados y heridos que habia despues de la guerra. Durante un tiempo hice ronda junto al hospital Charite. Entable amistad con algunos de los muchachos que estaban alli ingresados. Muchos se las arreglaban sin brazos o sin piernas.
– Una cosa es sufrir una discapacidad por algo que ocurrio luchando por la patria -dijo Grund, manoseando el fajo de billetes-, y otra muy distinta nacer con ella.
– ?Que quieres decir exactamente? -pregunte.
– Quiero decir que ya es bastante dificil ser padre, como para encima tener que cuidar de un hijo discapacitado.
– A lo mejor no les importaba cuidarla. Si la querian, no creo que les importase mucho.
– Si quieres mi opinion, si la chica era espastica, mas vale que se la hayan quitado de en medio -dijo Grund-. Alemania en general esta mejor con menos tullidos. Cuestion de pureza racial. Hay que proteger la estirpe.
– Me viene a la cabeza el nombre de un tullido del que mas valdria que nos librasemos-replique.
Tanker solto una carcajada y se alejo.
– De todos modos, no es mas que un aparato ortopedico -dije-. Los usan muchos ninos
– Es posible -dijo Grund. Me lanzo de nuevo el dinero-. Pero no todos llevan encima varios cientos de marcos.
– Es verdad. Mas vale que echemos un vistazo antes de que pisoteen la zona. Vamos a ver lo que encontramos a gatas con las linternas.
Me puse a cuatro patas y, lentamente, me aleje del cadaver en la direccion de Konigs-Thor. Heinrich Grund hizo lo mismo a un metro o dos de distancia a mi izquierda. En la noche tibia, la hierba estaba seca y emanaba un olor dulce bajo mis manos. Era algo que ya habiamos hecho en otras ocasiones. Algo que le encantaba a Ernst Gennat. Algo que estaba en el manual que nos habia dado, donde se explicaba que las cosas pequenas eran las que resolvian los crimenes: casquillos de bala, manchas de sangre, botones del cuello, colillas, cajas de cerillas, pendientes, matas de pelo, insignias. Las cosas grandes y faciles de ver solian apartarse del lugar del crimen. En cambio, no ocurria lo mismo con las cosas pequenas, las que podian mandar a un hombre a la guillotina. Nadie las llamaba pistas. Gennat detestaba esa palabra.
«Las pistas son para los despistados -decia Ernst el Rollizo-. No es eso lo que yo quiero de mis detectives. Denme pequenas manchas de color en un lienzo. Como el frances que pintaba con puntitos. Georges Seurat. Cada punto no significa nada por si solo. Pero si uno retrocede unos pasos y mira todos los puntos juntos, ve una
