del portafolios extrajo una pistola, antes de vaciar el resto de los contenidos en la mesa.

– Una pistola semiautomatica Smith & Wesson. Una caja de municion. Una pistolera. Un carne de conducir a nombre de Carlos Hausner. Un carne de identidad de la SIDE a nombre de Carlos Hausner. Un certificado de seguridad para la Casa Rosada a nombre de Carlos Hausner. Un manual de la SIDE, que debe leer atentamente. Cien mil pesos en efectivo. Recibira mas cuando los necesite. Naturalmente, se requieren recibos en la medida de lo posible. El manual le dira exactamente como debe rellenar el formulario de gastos. Encontrara todo lo demas en su archivador de la Casa Rosada: los expedientes de la DAlE sobre los inmigrantes alemanes, los expedientes del Kripo y la Gestapo de Alexanderplatz.

Asenti en silencio. No era necesario decir que todo esto estaba preparado antes de que entrase en la jefatura de policia. Tan seguro estaba el coronel de que yo iba a aceptar su ofrecimiento, que me dieron ganas de mandarlo a la mierda. Me horrorizaba que diese por sentada mi colaboracion. Pero me horrorizaba aun mas estar enfermo. ?Como podia negarme? Los dos sabiamos que no tenia eleccion, si queria recibir el mejor tratamiento medico.

Saco del bolsillo una llave de coche y me la entrego.

– Es el que esta fuera. El Chevrolet de color lima en el que hemos venido.

– Mi sabor favorito -le dije.

– ?Sabe conducir, verdad? -me pregunto despues de levantarse de la mesa.

– Si.

– Bien. Entonces vamos a Retiro. -Miro la hora-. Nos estan esperando, asi que mas vale que nos pongamos en camino.

– Antes de irnos me gustaria echar otro vistazo al cadaver.

– Si quiere -dijo el coronel, encogiendose de hombros-. ?Ha observado algo?

– Nada aparte de lo evidente. -Negue con la cabeza-. Es que antes no preste mucha atencion.

CAPITULO 6

BERLIN. 1932

En un manual de medicina forense que entregaba Ernst Gennat a todos los sabuesos que ingresaban en el Departamento Cuatro, habia una fotografia que siempre suscitaba cierto alborozo al verla por primera vez. En ella aparecia una chica desnuda, tendida en una cama, con las manos atadas en la nuca; alrededor del cuello tenia una ligadura cenida y le faltaba la mitad de la cabeza, que le habian volado con una escopeta. Ah, si, y tambien tenia un consolador en el culo. Por supuesto, la escena no tenia ninguna gracia. Lo gracioso era el pie de fotografia que habia debajo de la imagen. Decia: «Circunstancias que levantan sospechas». Nos partiamos de risa con eso. Cada vez que los miembros del D4 nos encontrabamos con un caso atroz y evidente de homicidio, repetiamos las palabras del pie de foto. Ayudaba a esclarecer las cosas.

El cadaver aparecio en el parque de Friedrichschain, cerca del hospital, en la zona este de Berlin. Era un lugar popular entre los ninos por su fuente de cuento. El agua caia en una serie de escalones poco profundos, rodeados por diez grupos de personajes de cuentos tradicionales, que todos los ninos conocian desde la mas tierna infancia. Cuando se recibio la llamada en la jefatura de policia de Alexanderplatz, esperabamos que la nina se hubiera muerto ahogada de forma accidental. Pero con un vistazo al cadaver supe que no era asi. Parecia la victima del lobo de un cuento infantil. Un lobo feroz que hubiera intentado comerse a todos aquellos heroes y heroinas de piedra caliza.

– Que infierno, senor -dijo mi sargento, el KBS Heinrich Grund, mientras iluminabamos el cadaver con las linternas-. Circunstancias que levantan sospechas, ?no?

– Me da en la nariz que si.

– Si, ligeramente. Joder, ya veras cuando los chicos de Alex se enteren de esto.

En Alex no habia una plantilla permanente de detectives para las investigaciones de homicidios. El D4 estaba concebido como un mero organo supervisor con tres equipos rotantes de policias procedentes de otros cuerpos de Berlin, pero en la practica no funcionaba asi. En 1932 habia tres equipos en servicio activo, sin ningun agente en la reserva. Aquella noche ya me habia desplazado a Wedding para examinar el cadaver de un chico de quince anos que aparecio apunalado en una marquesina de autobus. Los otros dos equipos continuaban trabajando en otros casos: el KOK Muller investigaba la muerte de un hombre que aparecio ahorcado en una farola de Lichtenrade; y el KOK Lipik se encontraba en Neukolln, investigando la muerte de una mujer por arma de fuego. Aunque parezca lo contrario, aquello no era una oleada de crimenes. La mayoria de los asesinatos que ocurrieron en Berlin aquella primavera y al principio del verano eran politicos. Al margen de la violencia de represalias desencadenada por las tropas de asalto nazis y los grupos comunistas, el indice de criminalidad disminuyo durante los ultimos meses de la Republica de Weimar.

El parque de Friedrichschain era un kilometro arbolado al noroeste de Alex. Despues de recibir la llamada, llegarnos alli en menos de veinte minutos. El secretario de distrito Grund, un secretario criminal ordinario, un ayudante de secretario general, media docena de agentes uniformados de la Policia de Proteccion, la Schutzpolizei y yo.

– ?Crees que es un asesinato lascivo? -pregunto Grund.

– Es posible. Aunque no veo mucha sangre por aqui. Si hubo algun acto lascivo, debio de ocurrir en otra parte. -Eche un vistazo a los alrededores. El cruce de carreteras de Konigs- Thor estaba a pocos metros de alli hacia el oeste-. Quienquiera que fuese pudo parar el coche en Friedenstrasse, o en Am Friedrichschain, y quiza la saco del maletero y la arrastro hasta aqui hoy mismo al anochecer.

– Con el parque a un lado de la carretera y un par de cementerios al otro, parece un lugar adecuado -dijo Grund-. Con tantos arboles y arbustos pudo pasar desapercibido. Es un sitio tranquilo y agradable.

De pronto sonaron dos disparos en algun lugar al oeste de donde nos encontrabamos, en Scheunvierte.

– Aunque no tanto, como puedes comprobar -replique. Al oir un tercer disparo, y luego un cuarto, anadi-: Parece que tus amiguitos tienen trabajo esta noche.

– Eso no tiene nada que ver conmigo -dijo Grund-. Mas probable es que sean los Guardianes de la Verdad, creo yo. Estamos en su territorio.

Los Guardianes de la Verdad eran una de las bandas criminales mas poderosas de Berlin.

– Pero si fuera un rojo el que acaban de matar, entonces, presuntamente, saldria ganando tu pena.

Heinrich Grund era, o habia sido, uno de mis mejores amigos en el cuerpo. Estuvimos juntos en el ejercito. Tenia una foto suya en la pared de mi puesto en la sala de detectives. En la foto, nada menos que Paul Van Hindenburg, el presidente de la Republica, entregaba a Heinrich la placa de vencedor en los Campeonatos de Boxeo de la Policia prusiana. No obstante, la semana anterior yo habia descubierto que mi viejo amigo habia ingresado en la Asociacion Nacionalsocialista de Funcionarios. Por su aficion al boxeo y su fama de tener dos dedos de frente, era evidente que hacerse nazi le venia al pelo. De todos modos, lo senti como una traicion.

– ?Que te hace pensar que ha sido un nazi el que ha disparado a un rojo y no un rojo a un nazi?

– Se distinguir.

– ?Como?

– Los dias de luna llena, como hoy, suelen ser el momento en que los hombres lobo y los nazis salen de sus guaridas para cometer asesinatos.

– Muy gracioso. -Grund sonrio pacientemente y encendio un pitillo. Apago la cerilla de un soplido y, para no contaminar el lugar del crimen, la guardo en el bolsillo de la chaqueta. Aunque fuera nazi, seguia siendo buen detective-. ?Y tu pena, que? Es otra historia totalmente distinta, ?verdad?

– ?Mi pena? ?Que pena es esa?

– Vamos, Bernie. Todo el mundo sabe que el Oficial apoya a los rojos.

El Oficial era el sindicato de agentes de policia al que yo pertenecia, que no era el sindicato mas importante. La palma se la llevaba otro, llamado el General. Pero los principales nombres de la cupula del General -policias como Dillenburger y Borckeran claramente derechistas y antisemitas. Por eso me marche del General y me pase al Oficial.

– El Oficial no es comunista -dije-. Apoyamos a los socialdemocratas y a la Republica.

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