– Joder, ?han incinerado a alguien aqui o que pasa? -y echandose a reir-: Estos putos conservadores. Medidas de ahorro, ya sabes. Deja que el hospital se haga cargo de…
Se callo cuando llegaron junto a Lacke. Tenia la cara de color gris ceniza; los ojos, rojos, no veian. Morgan sospecho lo que habia pasado, dejo que Larry fuera delante. A el no se le daban bien estas cosas.
Larry se acerco a Lacke, le puso la mano en el brazo.
– Hola, Lacke. ?Que tal?
Alboroto en la habitacion de enfrente. Las ventanas que se veian desde la puerta estaban abiertas de par en par, pero de todas formas llegaba hasta el pasillo un olor a ceniza acida. En la habitacion habia humo, y dentro de ella personas hablando a voces y gesticulando. Morgan pillo las palabras «responsabilidad del hospital» y «tenemos que intentar…».
Lo que debian intentar, eso no lo oyo, porque Lacke se volvio hacia ellos, mirandolos fijamente como si fueran dos desconocidos, y dijo:
– … tenia que haberlo comprendido…
Larry se inclino sobre el:
– ?Tenias que haber comprendido que?
– Que iba a pasar.
– ?Que es lo que ha pasado?
Los ojos de Lacke se despejaron y, mirando hacia la habitacion nublada y como en un ensueno, dijo sencillamente:
– Ha ardido.
– ?Virginia?
– Si. Ella ha ardido.
Morgan dio un par de pasos hacia la habitacion y echo una ojeada. Un hombre mayor con cara de autoridad se acerco a el.
– Disculpa, pero esto no es un circo.
– No, no. Yo solo…
Morgan estaba a punto de soltar alguna de sus ocurrencias, como que iba a buscar su serpiente boa, pero se contuvo. De todas formas habia podido ver. Dos camas. La una con las sabanas revueltas y una manta echada a un lado, como si alguien se hubiera levantado de ella a toda prisa.
La otra estaba cubierta de la cabeza a los pies con una manta gruesa de color gris oscuro. La madera del cabecero de la cama estaba manchada de hollin. Bajo la manta se dibujaba la silueta de una persona increiblemente delgada. La cabeza, el torax… el hueso de la pelvis era el unico que se podia distinguir claramente. El resto podian haber sido pliegues, o arrugas de la manta.
Morgan se froto los ojos con tanta fuerza que casi se le salen por detras. Es verdad. Joder, es verdad.
Miro hacia el pasillo buscando a alguien con quien desahogar su aturdimiento. Vio a un senor mayor que iba apoyado en un andador con un gotero a su lado y que intentaba curiosear en la habitacion. Morgan dio un paso hacia el.
– ?Que haces aqui mirando, jodido bobo? ?Quieres que te de un empujon al andador o que?
El hombre empezo a retirarse hacia atras, diez centimetros cada vez. Morgan apreto los punos, se contuvo. Luego recordo algo que habia visto en la habitacion, se dio la vuelta de repente y volvio.
El hombre que le habia llamado antes la atencion salia en ese momento.
– Tendras que disculparnos, pero…
– Si, si, si… -Morgan lo aparto-… solo voy a buscar la ropa de mi colega, si se puede. ?O te parece que tiene que estar todo el dia en pelotas ahi fuera, eh?
El hombre se cruzo de brazos y dejo pasar a Morgan.
Recogio la ropa de Lacke de la silla que habia al lado de la cama deshecha, echo una ojeada a la otra cama. Una mano quemada con los dedos separados sobresalia de la manta. La mano era irreconocible; el anillo que llevaba en el dedo corazon no estaba. Un anillo dorado con una piedra azul, el anillo de Virginia. Antes de volverse, Morgan alcanzo a ver que tenia un cinturon de cuero atado en la muneca.
El hombre estaba todavia en la puerta con los brazos cruzados.
– ?Contento?
– No. ?Por que cojones esta atada? El hombre meneo la cabeza.
– Puedes decirle a tu amigo que la policia vendra de un momento a otro, y que, probablemente, querran hablar con el.
– ?Y eso por que?
– No lo se. No soy policia.
– No, no. Aunque se podria pensar.
Fuera, en el pasillo, ayudaron a Lacke a vestirse y justo habian terminado cuando llegaron dos comisarios de policia. Lacke estaba inaccesible, pero la enfermera que habia subido las persianas tuvo la suficiente entereza como para poder testificar que Lacke no habia tenido nada que ver con aquello. Que estaba aun dormido cuando aquello… empezo.
Sus companeras la consolaban. Larry y Morgan sacaron a Lacke del hospital.
Cuando llegaron ante la puerta giratoria, Morgan, tomando aire fresco, dijo:
– Tendre que aligerar un poco -se inclino sobre un seto y vomito los restos de la comida del dia anterior mezclados con mucosidad verdosa sobre el seto desnudo.
Cuando termino se limpio la boca y se seco la mano en el pantalon. Despues levanto la mano como si fuera la prueba del delito y le dijo a Larry:
– Pues ahora tendras que aflojar un poco la cartera, joder.
Consiguieron llegar a Blackeberg y Morgan recibio ciento cincuenta coronas para ir a comprar algo mientras Larry condujo a Lacke a su casa.
Lacke se dejaba llevar. No habia dicho ni media palabra durante el viaje en metro.
En el ascensor, subiendo a casa de Larry en el septimo piso de uno de los edificios altos, empezo a llorar. No de forma tranquila y silenciosa, no, berreando como un nino aunque peor, mas. Cuando Larry abrio la puerta del ascensor y le ayudo a salir al rellano de la escalera, se agudizaron los berridos, retumbando en las paredes de hormigon. El grito de Lacke, de verdadera e infinita tristeza, alcanzo todos los pisos de la escalera, recorrio los buzones, los agujeros de las cerraduras, convirtiendo el edificio en una lapida funeraria levantada al amor, a la esperanza. Larry se estremecio; nunca habia oido nada parecido. Asi no se llora. No se puede llorar asi. Uno se muere si llora asi.
Los
Larry daba vueltas al llavero mientras todo el sufrimiento humano, miles de anos de impotencia y desenganos que por un momento habian encontrado una via de escape en el fragil cuerpo de Lacke, continuaron saliendo en tromba.
La llave entro en la cerradura y, con una fuerza de la que ni el mismo se creia capaz, Larry
En mitad del panico hizo lo que habia visto hacer en las peliculas. Con la mano abierta golpeo a Lacke en la mejilla, se quedo aterrado por el agudo restallido, arrepintiendose en el
