sacarlo del volante al mismo tiempo que permanecia atento por si el ruido del palo provocaba algun cambio, algun tipo de reaccion dentro del cuarto.

No. La letania y los susurros continuaban.

El palo estaba fuera. Lo puso contra la pared para no destruir las huellas de la mano o de los dedos.

Sabia que un panuelo no era una garantia para que las huellas no se estropearan, por eso en vez de agarrar directamente el volante puso dos dedos rigidos en una de las aspas y empezo a girarla.

Los pestillos de la cerradura se abrieron. Se chupo los labios. Sintio que tenia la garganta seca. Giro el segundo volante hasta el tope y la puerta se abrio un centimetro.

Entonces oyo las palabras. Era una cancion. La cancion, un susurro entrecortado y lloroso:

?Doscientossetentaycuatro elefantes se balanceaban sobre la tela de una ara (ruido sordo) abana!

?Como veian que no se caian

fueron a llamar a otro elefante!

?Doscientossetentaycinco elefantes se balanceaban

sobre la tela de una ara

(ruido sordo)

aaana!

?Como veian que no se caian…

Staffan separo la porra del cuerpo, empujo con ella la puerta. Vio.

El bulto detras del cual se encontraba Tommy de rodillas habria sido dificil de reconocer como un cuerpo humano si no hubiera sido por el brazo que sobresalia, separado del cuerpo hasta la mitad. La zona del pecho, el vientre, la cara no eran mas que un monton de carne, visceras y huesos rotos.

Tommy sujetaba con las dos manos una piedra cuadrada que, en una parte determinada de la cancion, hundia en los restos de la carniceria; como no ofrecian ninguna resistencia, la piedra podia atravesarlos y golpear en el suelo con un ruido sordo antes de que la levantara de nuevo y de que otro elefante mas subiera a la tela.

Staffan no estaba seguro de que fuera Tommy. La persona que agarraba la piedra estaba tan cubierta de sangre, tan salpicada que era dificil… Staffan se sintio realmente indispuesto. Se trago un vomito que amenazaba con crecer, bajo la mirada para no tener que ver y los ojos se pararon en un soldadito de plomo que estaba tirado al lado del umbral de la puerta. No. Era un tirador de pistola. Lo reconocio. La figura estaba colocada de tal forma que la pistola apuntaba directa al techo.

?Donde esta la peana?

Despues lo comprendio.

La cabeza empezo a darle vueltas y, olvidandose de las huellas digitales y de asegurar las pruebas, apoyo la mano en el marco de la puerta para no caer al suelo mientras la letania de la cancion continuaba:

Doscientossetentaysiete elefantes se balanceaban Sobre la tela…

Tenia que encontrarse realmente mal, puesto que tenia alucinaciones. Le habia parecido ver… si… vio claramente como los restos humanos que habia en el suelo en el intervalo entre golpe y golpe… se movian.

Intentaba levantarse.

Morgan era un fumador impetuoso; cuando apago su cigarro en la jardinera que habia fuera de la entrada del hospital, a Larry todavia le quedaba la mitad. Morgan se llevo las manos a los bolsillos, recorrio el aparcamiento de un lado a otro, juro cuando el agua de un charco se le metio por el agujero de la suela y le mojo el calcetin.

– Larry, ?tienes algo de pasta?

– Como sabes, vivo del subsidio de enfermedad y…

– Si, si, si. ?Pero tienes algo de dinero?

– ?Por que? No presto si es lo que…

– No, no, no. Pero estoy pensando en Lacke. Si no deberiamos invitarle a un verdadero… ya sabes.

Larry tosio y miro acusadoramente el cigarro.

– ?Como… para que se sienta mejor?

– Si.

– No… No se.

– ?Por que? ?Porque no crees que se vaya a sentir mejor por eso, porque no tienes dinero o porque eres demasiado tacano para ponerlo?

Larry suspiro, tosiendo dio otra calada al cigarro, hizo una mueca y apago la colilla con el pie. Luego la recogio y la tiro en un tiesto lleno de arena, miro el reloj.

– Morgan… son las ocho y media de la manana.

– Si, si. Pero dentro de un par de horas. Cuando abran.

– No, ya veremos.

– Asi que tienes pasta.

– ?Entramos o que?

Traspasaron la puerta giratoria. Morgan se atuso el pelo con la mano y se acerco hasta la mujer de la recepcion para enterarse de donde estaba Virginia mientras que Larry se puso a observar unos peces que, medio dormidos, daban vueltas en un acuario cilindrico grande y burbujeante.

Al cabo de un minuto llego Morgan, sacudiendose el chaleco de cuero como para quitarse algo que se le hubiera quedado pegado, y dijo:

– Puta lechuza vieja. No queria decirmelo.

– Eh, estara en intensivos.

– ?Y le dejan a uno entrar alli?

– A veces.

– Oye, parece que tienes experiencia en esto.

– La tengo.

Se dirigieron a cuidados intensivos, Larry sabia como ir.

Muchos de los «conocidos» de Larry estaban o habian estado ingresados en el hospital. Actualmente habia dos solo en Sabbatsberg, sin contar a Virginia. Morgan sospechaba que gente a la que Larry habia visto solo de pasada se convertia en conocida o incluso en colega justo en el momento en que ingresaba en el hospital. Entonces su olfato los detectaba e iba a visitarlos.

?Por que lo hacia?, bueno, eso era lo que Morgan estaba pensando preguntarle cuando llegaron a las puertas batientes de la unidad de cuidados intensivos, empujaron para abrir y vieron a Lacke fuera, en el pasillo. Estaba sentado en una butaca, solo llevaba puestos los calzoncillos. Tenia las manos agarradas a los reposabrazos mientras miraba fijamente a la habitacion de enfrente, donde la gente entraba y salia apresuradamente.

Morgan sacudio el aire con la mano.

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