gris sucio del techo se habia vuelto gris claro y las persianas dejaban pasar suficiente luz como para que se sintiera como si estuviera en un solarium. El cuerpo le ardia, se dilataba, pero nada mas. No iba a pasar nada mas.

Lacke resoplaba en la cama de al lado, masticando en suenos. Ella estaba preparada. Si hubiera podido apretar un boton para hacer que viniera una enfermera, lo habria hecho. Pero tenia las manos atadas y no era posible.

Por eso esperaba. El calor de la piel era doloroso, pero no insoportable. Peor era el continuo esfuerzo para mantenerse despierta. Un momento de descuido y la respiracion cesaba, el espacio dentro de su cabeza empezaba a apagarse a toda velocidad y tenia que abrir los ojos y sacudir la cabeza para hacer que se encendiera de nuevo.

Al mismo tiempo, esa atencion necesaria era una bendicion; le impedia pensar. Toda su energia mental la empleaba en mantenerse despierta. No habia espacio para la duda, el arrepentimiento u otras alternativas.

A las ocho en punto llego la enfermera.

Cuando abrio la boca para decir: «?Buenos dias, buenos dias!», o lo que las enfermeras dijeran por la manana, chisto Virginia:

– ?Chsss!

La boca de la enfermera se cerro con un asombrado «clic» y arrugo el entrecejo mientras, en la penumbra, se acercaba a la cama de Virginia; inclinandose sobre ella, dijo:

– Bueno, como…

– ?Chsss! -susurro Virginia-. Perdon, pero no quiero despertarlo. -Hizo un gesto con la cabeza en direccion a Lacke. La enfermera asintio y dijo en voz mas baja:

– No, no. Pero tengo que tomarte la temperatura y una pequena prueba de sangre.

– Si, si. Pero ?podrias sacarlo a el primero?

– Sacar… ?quieres que le despierte?

– No. Pero si pudieras… sacarlo dormido.

La enfermera miro a Lacke como para sopesar si lo que Virginia pedia era posible fisicamente, luego sonrio y contesto:

– Si, seguro que sale bien. Vamos a tomar la temperatura solo en la boca, asi que no teneis que sentiros…

– No es eso. ?Serias tan amable… solo tan amable de hacer lo que te pido?

La enfermera echo un vistazo a su reloj.

– Tendreis que disculparme, pero tengo otros pacientes que… Virginia bufo lo mas alto que se atrevia.

– Por favor.

La enfermera dio medio paso hacia atras. Evidentemente estaba informada de lo que habia ocurrido con Virginia por la noche. Su mirada volo a los cinturones que le sujetaban los brazos y lo que vio parecio tranquilizarla; se volvio a acercar a la cama. Entonces empezo a hablar a Virginia como si fuera debil mental.

– Es que… yo… nosotros, para poder ayudarla a que se ponga bien otra vez necesitamos un poco…

Virginia cerro los ojos, suspiro, desistio. Despues dijo:

– ?Podrias levantar las persianas?

La enfermera asintio y fue hacia la ventana. Mientras tanto Virginia se quito el edredon de una patada, quedandose desnuda sobre la cama. Contuvo la respiracion. Cerro los ojos.

Se acabo. Ahora queria desconectarse. Ahora queria conscientemente dar paso a las mismas funciones contra las que habia estado peleando toda la manana. No fue posible. En cambio llego eso que dicen: la vida paso delante de ella como una pelicula a camara rapida.

El pajaro que tenia en una caja de carton… el olor a sabanas recien planchadas en el lavadero… mama que se agacha sobre las migas de los bollos de canela… papa… el humo de su pipa… Per… la casita… Lena y yo, el rebozuelo tan grande que encontramos aquel verano… Ted con compota de arandanos en la mejilla… Lacke, su espalda… Lacke…

Un sonido chirriante cuando se levantaron las persianas, y un mar de fuego la absorbio.

A Oskar lo habia despertado su madre a las siete y diez, como de costumbre. Se habia levantado y habia tomado el desayuno, como de costumbre. Se habia vestido y habia dado a su madre un abrazo de despedida a las siete y media, como de costumbre.

Se sentia como de costumbre.

Lleno de inquietud, de malos presentimientos, claro. Pero eso tampoco era especialmente raro cuando iba a ir a la escuela el primer dia despues del fin de semana.

Metio el libro de geografia, el atlas y la copia que no habia hecho en la cartera, estuvo listo a las ocho menos veinticinco. No tenia que salir hasta dentro de un cuarto de hora. ?Y si hacia esa copia de todos modos? No. No tenia ganas.

Se sento en su escritorio y se quedo mirando la pared.

?Eso tenia que significar que no estaba contagiado? ?O tendria un periodo de incubacion? No. Ese viejo… habia pasado en solo unas horas.

No estoy contagiado.

Deberia de estar contento, aliviado. Pero no lo estaba. Sono el telefono.

?Eli. Ha pasado algo con…!

Salio disparado de la mesa, al pasillo, levanto el auricular del telefono:

– ?HolasoyOskar!

– Si… Hola. Papa. Solo papa.

– Hola.

– Bueno, ?asi que estas… en casa?

– Me iba a ir ahora a la escuela.

– Bueno, entonces no te voy a… ?esta mama en casa?

– No, se ha ido al trabajo.

– Si, eso pensaba.

Oskar comprendio. Por eso llamaba a esa hora tan rara, porque sabia que su madre no estaria. Su padre tosio.

– Si, he estado pensando… lo que paso el sabado. Fue un poco… lamentable.

– Si.

– Si. ?Le has contado a tu madre… lo que paso?

– ?Tu que crees?

Hubo un silencio al otro lado. El zumbido estatico de cien kilometros de cable telefonico. Los grajos posados en el, tiritando, mientras las conversaciones de la gente corrian bajo sus pies. Su padre volvio a toser.

– Bueno, he preguntado lo de esos patines, y va bien. Puedes tenerlos.

– Tengo que irme ya.

– Si, claro. Que te… vaya bien en la escuela entonces.

– Vale. Adios.

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