correr hacia el aparcamiento y, a resguardo entre dos coches, abrir con cuidado la cartera, sacar el cubo.

Pesaba mucho mas que la copia que el tenia. Las secciones se deslizaban como sobre un rodamiento de cojinete. ?Quiza llevara ese tipo de rodamiento? Bueno, no pensaba desmontarlo para mirar, arriesgandose a estropearlo.

El envoltorio era una cosa fea de plastico transparente ahora que no estaba el cubo dentro, y a la salida del aparcamiento lo tiro en un contenedor. Era mas bonito el cubo solo. Se lo metio en el bolsillo de la cazadora para poder ir tocandolo, jugando con su peso en la mano. Era un buen regalo, un bonito… regalo de despedida.

Ya dentro de la estacion del metro, se detuvo.

Si Eli piensa… que yo…

Bueno, que al darle un regalo pudiera parecer que de alguna manera aceptaba que Eli se fuera. Un regalo de despedida: bien mientras duro y nada mas. Adios, adios. Asi no era la cosa. El no queria de ninguna manera que…

Recorrio la estacion con la mirada, deteniendose en el kiosco. En los periodicos. En el Expressen. Toda la portada aparecia ocupada por una gran foto del hombre que habia vivido con Eli.

Oskar se acerco y hojeo el diario. Cinco paginas dedicadas a la busqueda en el bosque de Judarn… asesino ritual… antecedentes y, luego, otra pagina mas con la foto. Hakan Bengtsson… Karlstad… paradero desconocido durante ocho meses… la policia solicita de los ciudadanos… si alguien ha observado…

La angustia volco sus dardos en el pecho de Oskar.

Alguien mas que le haya visto, que sepa donde vivia…

La mujer del kiosco saco la cabeza por la ventanilla.

– ?Lo vas a comprar o que?

Oskar nego con la cabeza y tiro el periodico. Luego echo a correr. Cuando llego al anden se dio cuenta de que no habia ensenado la tarjeta al vigilante. Dio una patada en el suelo, se chupo los nudillos, los ojos se le llenaron de lagrimas. Ven ya, por favor, metro, ven.

Lacke estaba medio tumbado en el sofa mirando con los ojos entornados hacia el balcon en el que se encontraba Morgan tratando, sin exito, de atraer a un pardillo que estaba posado en el balcon de al lado. El sol en su descenso quedaba justamente detras de la cabeza de Morgan, irradiando una aureola de luz alrededor de su pelo.

– Siii… vamos, ven. Que no soy peligroso.

Larry estaba sentado en un sillon siguiendo un curso de espanol de la television sueca. En la pantalla aparecian personas en actitud forzada y siguiendo un guion que decian:

– Yo tengo un bolso.

– ?Que hay en el bolso?

Morgan movio la cabeza de modo que a Lacke le dio el sol en los ojos, los cerro mientras oia a Larry mascullar:

– Ke haj en el balsa.

El piso olia a tabaco y a polvo. El aguardiente se habia terminado. La botella vacia estaba sobre la mesa del sofa al lado de un cenicero rebosante. Lacke se quedo mirando las marcas que en el tablero de la mesa habian dejado las colillas mal apagadas; se deslizaban ante sus ojos, como lentos escarabajos.

– Ona kamisa y pantalanes.

Larry cloqueaba para si:

– … pantalanes.

No le creyeron. Bueno, si, le creyeron, pero se resistian a interpretar los acontecimientos como el lo hacia.

– Combustion espontanea -habia dicho Larry, y Morgan le pidio que lo deletreara.

Solo que la combustion espontanea esta exactamente igual de bien documentada y cientificamente probada que la existencia de los vampiros. Es decir, en absoluto.

Pero uno prefiere creer en el desproposito que menos le obliga a actuar. No pensaban ayudarle. Morgan habia escuchado con cara seria el relato de Lacke acerca de lo que habia pasado en el hospital, pero cuando llego a aquello de aniquilar al causante de todo, habia dicho:

– Entonces, ?lo que quieres decir es que nos convirtamos en cazadores de vampiros, o algo asi? Tu, Larry y yo. Que preparemos estacas y cruces y… No, perdona, Lacke, pero a mi me cuesta un poco… verlo de esa manera, la verdad.

El pensamiento inmediato de Lacke al ver sus caras escepticas y desconfiadas fue:

Virginia me habria creido.

Y el dolor habia vuelto a hacer presa en su persona. Era el quien no habia creido a Virginia, y por eso ella habia… el habria preferido pasarse unos anos en la carcel como causante de un asesinato por compasion que tener que vivir con aquella imagen grabada en la retina.

Su cuerpo retorciendose en la cama mientras la piel se pone negra, empieza a echar humo. El camison del hospital, resbalandose sobre el vientre, deja al descubierto su sexo. El ruido de los barrotes de acero mientras sus caderas se agitan, arriba y abajo en un demencial coito con un hombre invisible, mientras las llamas le suben por las piernas; ella grita, grita y el olor a pelo quemado, a piel quemada llena la habitacion; sus ojos aterrados se encuentran con los mios y unos segundos despues se ponen blancos, empiezan a cocer… revientan…

Lacke se habia bebido mas de la mitad de lo que habia en la botella. Morgan y Larry se lo habian permitido.

– … pantalanes.

Lacke intento levantarse del sofa. La nuca le pesaba tanto como el resto del cuerpo. Apoyandose en la mesa, consiguio enderezarse. Larry se incorporo para echarle una mano.

– Lacke, joder… duerme un poco.

– No, tengo que ir a casa.

– ?Que tienes que hacer en casa?

– Es que tengo que… arreglar un asunto.

– ?No tendra nada que ver con eso… de lo que hablas?

– No, no.

Morgan entro desde el balcon mientras Lacke se encaminaba a tientas hacia la salida.

– ?Oye, tu! ?Adonde vas?

– A casa.

– Entonces te acompano.

Lacke se dio la vuelta esforzandose por mantenerse derecho, por parecer lo mas sobrio posible. Morgan se acerco a el con las manos preparadas por si se caia. Lacke meneo la cabeza, le dio una palmada en el hombro a Morgan.

– Quiero estar tranquilo, ?vale? Quiero estar tranquilo. De verdad.

– ?Te las arreglaras tu solo, entonces?

– Si, me las arreglare.

Lacke asintio varias veces, se quedo fijo en aquel gesto, se vio

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