obligado a interrumpirlo conscientemente para no permanecer alli parado, luego se volvio y fue hasta la entrada, se puso los zapatos y el abrigo.

Sabia que estaba muy borracho, pero lo habia estado tantas veces que ya era una especie de rutina desconectar sus movimientos del cerebro, realizarlos de forma automatica. Habria podido jugar a los palillos chinos, al menos un poco, sin que le temblaran las manos.

Desde dentro del piso le llegaron las voces de los otros.

– ?No deberiamos…?

– No. Si dice que no, tendremos que respetarlo.

Salieron de todos modos a la entrada para despedirlo. Le abrazaron algo embarazados. Morgan le cogio de los brazos, volviendo la cabeza para poder mirarlo a los ojos y le dijo:

– ?No estaras pensando en hacer alguna tonteria, verdad? Nos tienes a nosotros, ya lo sabes.

– Si, si. No, no.

Fuera del edificio se quedo parado un rato, mirando al sol que brillaba en la copa de un pino. Nunca mas podra… el sol…

La muerte de Virginia, la manera en que habia muerto, colgaba como una plomada dentro de su pecho en el sitio donde antes estaba el corazon; le hacia caminar inclinado hacia delante, cargado. La luz del atardecer sobre las calles era como una burla. Las pocas personas que se movian en esa… burla. Las voces. Hablaban de cosas cotidianas como si no… en todas partes, en cualquier instante…

Puede golpearos a vosotros tambien.

Fuera del kiosco habia una persona apoyada en el ventanuco hablando con el dueno. Lacke vio como un bulto negro caia del cielo, se le posaba en la espalda y…

Joder…

Se detuvo delante de la hilera de portadas, parpadeando, tratando de enfocar bien la vista sobre la foto que ocupaba casi todo el espacio.

El asesino ritual. Lacke sonrio. El sabia como eran en realidad las cosas. Pero…

Reconocio aquella cara. Si era…

El chino. Aquel que… le invito a whisky. No…

Se acerco mas, miro la fotografia con mayor detenimiento. Si. Claro que era el. Los mismos ojos juntos, la misma… Lacke se llevo la mano a la boca, apretandose los labios con los dedos. Las imagenes le daban vueltas, intentando encontrar el sentido.

El se habia sentado y habia sido invitado por el que mato a Jocke. El asesino de Jocke vivia en el mismo patio que el, unos portales mas alla. El le habia saludado algunas veces, habia…

Pero no fue el quien lo hizo. Fue…

Una voz. Dijo algo.

– ?Hola, Lacke! ?Que pasa, le conoces?

El dueno del kiosco y el hombre que estaba fuera lo miraron. El dijo:

– … Si -y echo a andar de nuevo. El mundo desaparecio. Ante sus ojos, el portal del que el hombre habia salido. Las ventanas cubiertas. Iba a ocuparse de ello. Tenia que hacerlo.

Los pies iban mas deprisa y la columna se le enderezo. La plomada, un pendulo que golpeaba en su pecho, que le hacia temblar, tocando a presentimiento en su cuerpo.

Ahora voy yo. Ahora me cago en tal… voy yo.

El metro paro en Racksta y Oskar se mordia los labios de impaciencia, panico; le parecia que las puertas permanecian abiertas demasiado tiempo. Cuando sono el altavoz creyo que el conductor iba a decir algo acerca de que el tren estaria parado alli un momento, pero

ATENCION A LAS PUERTAS. CIERRE DE PUERTAS.

Y el metro salio de la estacion.

No tenia ningun plan aparte de avisar a Eli de que cualquiera, en cualquier momento, podia llamar a la policia y decir que habia visto a ese viejo. En Blackeberg. En ese patio. En ese portal. En ese piso.

Que ocurriria si la policia… si forzaran la puerta… el cuarto de bano…

El metro traqueteaba sobre el puente y Oskar miro por la ventana. Habia dos hombres junto al kiosco del Amante y, medio tapadas por uno de ellos, Oskar pudo entrever las odiosas portadas amarillas. Uno de los hombres se alejo deprisa del kiosco.

Cualquiera. Cualquiera puede saberlo. El puede saberlo.

Cuando el metro empezo a frenar, Oskar ya estaba delante de las puertas presionando con los dedos los labios de goma, como si de esa manera se fueran a abrir mas deprisa. Apreto la frente contra el cristal, un poco de fresco sobre su frente caliente. Los frenos chirriaron y el conductor debio de haberse olvidado, porque hasta entonces no se oyo:

PROXIMA ESTACION, BLACKEBERG.

Jonny estaba en el anden. Y Tomas.

No. Nonono hazlos desaparecer.

Cuando el metro, vibrando, se paro, los ojos de Oskar se encontraron con los de Jonny. Se dilataron y, al abrirse las puertas, Oskar vio que Jonny le decia algo a Tomas.

Oskar se puso alerta, se lanzo fuera y empezo a correr.

Tomas saco su larga pierna, choco con la de Oskar y este cayo todo lo largo que era en el anden, raspandose las palmas de las manos al intentar frenar el golpe. Jonny se puso encima de el.

– ?Tienes prisa o que?

– ?Sueltame! ?Sueltame!

– Y eso, ?por que?

Oskar cerro los ojos, apreto los punos. Respiro profundamente un par de veces, tan profundo como pudo con el peso de Jonny encima, y dijo contra el cemento:

– Hacedme lo que querais. Y soltadme.

– De acuerdo.

Lo agarraron de los brazos y lo pusieron de pie. Oskar alcanzo a ver el reloj de la estacion. Las dos y diez. El segundero avanzaba a saltos sobre la esfera del reloj. Tenso los musculos de la cara, los del estomago, tratando de convertirse en una piedra, insensible a los golpes.

Solo que vaya rapido.

Pero cuando vio lo que pensaban hacer, empezo a resistirse. Los otros dos, como a traves de un pacto silencioso, le habian retorcido los brazos de manera que con cada movimiento parecia como si se le fueran a romper. Lo arrastraron hasta el borde del anden.

No se atreven. No pueden…

Pero Tomas estaba loco, y Jonny…

Intento hacer cuna con los pies. Se agitaban sobre el anden mientras Tomas y Jonny lo llevaban hasta la linea blanca de seguridad antes del foso de las vias.

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