que siempre olia la ropa de Jimmy.
Fumaron en silencio un rato. Luego Roger alargo el cigarrillo a Jonny.
– ?Quieres darle una calada?
Jonny estaba a punto de alargar la mano para cogerlo, pero Jimmy le dio una palmada en el hombro a Roger.
– Idiota. ?Quieres que se vuelva como tu, eh?
– Seria agradable.
– Para ti, puede. Pero no para el.
Roger se encogio de hombros, retirando su invitacion.
Eran las siete y media cuando dejaron de fumar, y Jimmy, cuando hablo, lo hizo con exagerada claridad, cada palabra una complicada escultura que tenia que salir de su boca.
– Bueno. Este… es Jonny. Mi hermano.
Roger y Prebbe asintieron complacidos. Jimmy agarro la barbilla de Jonny con un gesto algo torpe y giro su cabeza de perfil hacia los otros dos.
– Mirad aqui, la oreja. Se lo ha hecho el. De esto es de lo que vamos a… ocuparnos.
Roger dio un paso al frente, entorno los ojos mirando la oreja de Jonny y chascando la lengua dijo:
– Joder. Parece increible.
– No necesito la opinion… de ningun… experto. Solo teneis que escucharme. Esto es lo que vamos a hacer…
Las verjas del callejon entre las paredes de ladrillo estaban abiertas. Plaf, plaf, sonaba el eco de las botas de Oskar mientras avanzaba hacia la puerta de la piscina; la abrio. El calor humedo se poso sobre su cara y una nube de vapor se escapo hacia fuera, hacia el frio callejon. Se apresuro a entrar y cerrar la puerta.
Se quito las botas de dos patadas y continuo hasta los vestuarios. Vacios. Desde el cuarto de las duchas se oia el agua de una de ellas y una voz grave que cantaba:
El maestro. Sin quitarse la cazadora Oskar se sento en uno de los bancos, a esperar. Despues de un rato se dejo de oir el chapoteo del agua y la cancion, y el maestro salio a los vestuarios con la toalla alrededor de las caderas. Tenia el pecho totalmente cubierto de vello negro y ensortijado con algunos rizos blancos. A Oskar le parecio alguien de otro planeta. El maestro lo vio, lo saludo con una amplia sonrisa.
– ?Oskar! Asi que tu salir del caparazon de todos modos.
Oskar asintio.
– Se volvio algo… estrecho.
El maestro se rio mientras se rascaba el pecho; las puntas de los dedos desaparecieron entre los rizos.
– Has venido pronto.
– Si, pense…
Oskar se encogio de hombros. El maestro dejo de rascarse.
– ?Que pensaste?
– No se.
– ?Hablar?
– No, yo solo…
– Deja que te mire.
El maestro dio un par de pasos rapidos y se puso delante de Oskar, observo su cara.
– ?Ah, si! Vale.
– ?Que?
– Fuiste tu -el maestro senalo sus propios ojos-: Yo veo. Te has quemado las cejas. No, ?como se llaman? Debajo. Pesti…
– ?Pestanas?
– Pestanas. Eso es. Y un poco aqui, en el pelo, tambien. Hmm. Si no quieres que nadie lo sepa, tendras que cortartelo un poco. Las pesti… pestanas crecen enseguida. Lunes ha desaparecido. ?Gasolina?
– Alcohol de quemar.
El maestro expulso aire por la boca, meneando la cabeza.
– Muy peligroso. Probablemente… -Avila puso el dedo indice sobre la sien de Oskar-… estas un poco loco. No mucho. Pero un poco. ?Por que alcohol de quemar?
– Yo… me lo encontre.
– ?Encontraste? ?Donde?
Oskar levanto la vista y miro al maestro: una roca humeda, comprensiva. Y queria contar. Queria contarlo todo. Solo que no sabia por donde empezar. Avila espero. Luego dijo:
– Jugar con fuego es muy peligroso. Puede convertirse en una costumbre. No es un buen metodo. Mucho mejor el ejercicio fisico.
Oskar asintio, y el sentimiento desaparecio. El maestro era bueno, pero no iba a comprenderle.
– Ahora te cambias y te enseno un poco de tecnica con la barra de las pesas. ?De acuerdo?
Avila se dio la vuelta para dirigirse a su despacho. Se paro al otro lado de la puerta.
– Y Oskar: no te preocupes. Yo digo no a nadie si tu no quieres. ?Bien? Podemos hablar mas despues del entrenamiento.
Oskar se cambio. Cuando ya estaba listo llegaron Patrik y Hasse, dos chicos de 6o A. Saludaron a Oskar, pero a el le parecio que le miraban demasiado, y cuando entro en el gimnasio oyo como empezaban a cuchichear entre ellos.
Una sensacion de malestar se le fijo en la boca del estomago. Se arrepintio de haber ido alli. Pero enseguida llego Avila, vestido con una camiseta y un pantalon corto, y le enseno como podia realizar un levantamiento de barra mas eficaz dejandola que se apoyara sobre las yemas de los dedos; asi, Oskar consiguio levantar 28 kilos; dos mas que la vez anterior. El maestro apunto en su cuaderno el nuevo record.
Llegaron mas chavales, entre ellos Micke. Este sonrio con su habitual mueca criptica que podia significar cualquier cosa: la posibilidad de ofrecerte un bonito regalo o de hacer algo terrible contra ti.
Y se trataba de lo ultimo, aunque ni siquiera el propio Micke comprendiera la gravedad del asunto.
De camino hacia el entrenamiento, Jonny habia llegado corriendo y le habia pedido que hiciera una cosa, porque Jonny queria burlarse un poco de Oskar, lo que le parecio muy bien a Micke. A Micke le gustaba burlarse de otros. Ademas, toda su coleccion de cromos de hockey habia ardido el martes por la tarde, asi que se apuntaba encantado a un poco de cachondeo a costa de Oskar.
Pero mientras tanto, seguia sonriendo.
El entrenamiento continuo. A Oskar le parecia que los demas le
