– Y tu… -Jimmy se dirigio de nuevo a Johan-, y tu dices que… ?que es lo que has dicho?: «Unos pocos papeles». ?Crees que se lo va a tragar?
Johan agacho la cabeza avergonzado.
– No sabia que decirle. Pense que iba a sospechar si le decia que…
– Bueno, bueno. Lo hecho, hecho esta. Ahora, esperemos a que venga.
Johan posaba sus ojos en Jonny y en Jimmy alternativamente. Pero las miradas de ambos estaban vacias, concentradas en las imagenes de la tarde que se avecinaba.
– ?Que pensais hacer?
Jimmy se inclino hacia delante en la silla, sacudio un poco de ceniza que le habia caido en la manga del jersey y dijo lentamente:
– El prendio fuego. Todo lo que teniamos de
Su madre llego a las cinco y media. Las mentiras, la desconfianza de la tarde anterior flotaban aun entre ellos como una niebla fria y su madre se fue directamente a la cocina y empezo a hacer un ruido innecesariamente alto con los cacharros. Oskar cerro su puerta. Se tumbo en la cama y se quedo mirando al techo.
Se podia ir. Fuera, al patio. Abajo, al sotano. A la plaza. Coger el metro. Y sin embargo no habia ningun sitio… ningun sitio en el que el… nada.
Oyo como su madre iba hacia el telefono, marcaba un numero con muchas cifras. El de su padre, probablemente. Oskar sintio un pequeno escalofrio.
Se echo el edredon por encima, se sento con la cabeza contra la pared, escuchando retazos de la conversacion entre sus padres. Si el pudiera hablar con su padre. Pero no podia. Nunca funcionaba.
Se coloco el edredon haciendo como si fuera un jefe indio, impasible ante todo, mientras la voz de su madre subia de tono. Despues de un rato empezo a gritar y el jefe indio se derrumbo en la cama, apretando el edredon, las manos contra los oidos.
Oskar convirtio rayas, colores y puntos ante sus ojos en planetas, en lejanos sistemas solares a traves de los cuales viajaba. Aterrizo en una cometa, volo un rato sobre ella, salto y se quedo flotando libremente en el espacio hasta que tiraron del cobertor y abrio los ojos.
Alli estaba su madre. Con los labios apretados. Su voz, un cortante
– Bueno. Ahora me ha contado tu padre… que el… el sabado… que tu… ?donde estuviste? ?Eh? ?Donde estuviste? ?Me puedes contestar a eso?
Su madre tiro del edredon, justo sobre su cara, y el cuello se le tenso como una soga.
– Ya no vas a volver a ir alli mas. Nunca mas. ?Me oyes? ?Por que no me has dicho nada? Desde luego… ese cabron. Esos no deberian tener hijos. No va a volver a verte. Se puede quedar alli bebiendo todo lo quiera. ?Me oyes? No le necesitamos para nada. Estoy tan…
Su madre se dio media vuelta, alejandose de la cama salio de la habitacion dando un portazo que hizo temblar las paredes. Oskar oyo como enseguida volvio a marcar el largo numero, lanzo un taco al equivocarse en uno y empezo de nuevo. Unos segundos despues de que hubiera marcado la ultima cifra, empezo otra vez a gritar.
Oskar se deslizo fuera de la cama, cogio la bolsa de gimnasia y salio al pasillo, donde su madre estaba tan ocupada gritando a su padre que no noto siquiera que el se ponia las botas y, sin atarselas, se dirigia hacia la puerta.
No le vio hasta que estaba ya en el rellano de la escalera.
– ?Oye? ?Adonde vas?
Oskar dio un portazo y bajo las escaleras corriendo, siguio corriendo con las botas desatadas hacia la piscina.
– Roger, Prebbe…
Jimmy senalaba con el tenedor de plastico a los dos que salian del metro. El bocado de ensalada con gambas que Jonny acababa de darle a su rollito se le quedo atragantado a medio camino y se vio obligado a tragar una vez mas para poderlo pasar. Miro a su hermano con cara interrogante, pero la atencion de Jimmy se hallaba concentrada en los dos que se acercaban pesadamente hasta el puesto de salchichas, saludando.
Roger era delgado y tenia el pelo largo y lacio, cazadora de cuero. La piel de la cara marcada por cientos de pequenos crateres y aparentemente consumida porque tenia los huesos muy marcados y los ojos parecian extranamente grandes.
Prebbe llevaba una cazadora vaquera con las mangas cortadas y debajo una camiseta, y nada mas, aunque la temperatura no subia de los dos grados. Era grandote. Desbordado por todos sitios, con el pelo rapado. Un cazador de montana que hubiera perdido la forma fisica.
Jimmy les comento algo, senalando, y ellos fueron los primeros en dirigirse hacia la caseta del transformador que habia al lado de los railes del metro. Jonny dijo en voz baja:
– ?Por que… vienen?
– Para ayudarnos, claro.
– ?Hace falta?
Jimmy sonrio meneando la cabeza, como si Jonny en realidad no entendiera ni jota de como funcionaba aquello.
– ?Que habias pensado hacer con el profe, entonces?
– ?Avila?
– Si. ?Creias que nos iba a dejar entrar sin mas y… eh?
Jonny no tenia respuesta para eso, asi que siguio a su hermano hasta la parte de atras de la caseta de ladrillos. Roger y Prebbe estaban a la sombra con las manos en los bolsillos y calentandose los pies dando patadas. Jimmy saco del bolsillo de la cazadora una pitillera plateada, apreto el boton y se la acerco a los dos.
Roger se quedo observando los seis cigarrillos liados a mano que habia en ella, y dijo:
– Liado y listo, se agradece… -y pesco el mas grueso entre dos dedos delgados.
Prebbe hizo una mueca que le hizo parecerse a un Teleneco en el balcon.
– Pierden fuerza si no se fuman pronto. Jimmy, ofreciendole la pitillera, dijo:
– Puta vieja. Los lie hace una hora. Y esto no es esa mierda marroqui que tu sueles traer. Esto es autentico.
Prebbe suspiro y cogio uno de los cigarrillos, Roger le dio fuego.
Jonny miraba a su hermano. La cara de Jimmy era una silueta afilada contra la luz que salia del anden del metro. Jonny le admiraba. Se preguntaba si el alguna vez seria un tipo asi y se atreveria a decirle «puta vieja» a alguien como Prebbe.
Jimmy tambien cogio un cigarrillo, lo encendio. El papelillo liado en el extremo ardio un momento antes de que se formara el ascua.
Dio una calada profunda y Jonny quedo envuelto en el aire dulzon al
