La luz bailaba, se agitaba sobre las paredes de la clase y una guirnalda con grandes letras de papel que colgaba sobre el sitio de Jonny se rompio y cayo al suelo con la P y la Q ardiendo. La otra mitad se movia formando un amplio arco y las llamas cayeron sobre el pupitre de Tomas, que al momento se prendio con el mismo
BUMMM.
Una detonacion succionadora al tiempo que Oskar corria fuera de la clase con la cartera golpeandole en la cadera. Piensa si toda la escuela…
Cuando llego al final del pasillo empezo a sonar la alarma. Un estruendo metalico lleno el edificio y solo cuando ya habia bajado un tramo de las escaleras comprendio que se trataba de la alarma contra incendios.
Fuera, en el patio, la gran campana llamaba enfadada a unos alumnos que no existian, convocando a los fantasmas de la escuela y acompanando a Oskar durante la mitad del camino hacia su casa.
Cuando llego a la vieja tienda de Komsum y la campana dejo de sonar, se relajo. Siguio andando tranquilamente.
En el espejo del cuarto de bano vio que tenia las puntas de las pestanas enroscadas, quemadas. Cuando se paso el dedo por ellas, se desprendieron.
Miercoles 11 de noviembre
No fue a la escuela. Dolor de cabeza. Sono el telefono a eso de las nueve. No contesto. A mediodia vio pasar por la ventana a Tommy y a su madre. Tommy iba despacio, inclinado hacia delante. Como una persona mayor. Oskar se agacho para que no le vieran.
El telefono sonaba con un intervalo de una hora. Al final, hacia las doce, contesto:
– Si, soy Oskar.
– Hola. Me llamo Bertil Svanberg y soy, como quiza sabes, el director de la escuela a la que tu…
Colgo el auricular. Volvio a sonar el telefono. Estuvo un rato mirandolo mientras sonaba, imaginandose al director con su chaqueta de cuadros tamborileando con los dedos y haciendo aspavientos. Despues se vistio y bajo al sotano.
Se sento y se entretuvo con los rompecabezas, miro en la cajita blanca de madera en la que relucian los cientos de piezas pequenas del huevo de cristal. Eli solo se habia llevado algunos billetes de mil y el cubo. Cerro la caja de los rompecabezas, abrio la otra, revolvio con la mano entre los billetes. Cogio un punado y los tiro por el suelo. Los cogio de uno en uno, jugando a «El chico de los pantalones de oro» hasta que se canso. Doce billetes arrugados de mil y siete de cien estaban tirados a sus pies.
Junto los billetes de mil en un monton y los doblo. Devolvio los de cien y cerro la caja. Subio al piso, busco un sobre blanco en el que puso los billetes de mil. Sopeso el sobre en la mano preguntandose como hacerlo. No queria escribir; alguien podria reconocer su letra.
Sono el telefono.
Alguien queria hablar en serio con el. Alguien queria preguntarle si sabia lo que habia hecho. Lo sabia muy bien. Jonny y Tomas seguro que tambien lo habian entendido. No habia mas que hablar.
Fue hasta su escritorio y saco sus letras adhesivas. En medio del sobre pego una T y una O. La primera M salio algo torcida, pero la otra quedo recta. Igual que la Y.
Cuando abrio el portal de Tommy con el sobre en el bolsillo de la cazadora sintio mas miedo que la tarde anterior cuando estuvo en la escuela. Con sigilo y con el corazon desbocado deslizo el sobre en el buzon de Tommy para que nadie le oyera y abriera la puerta o le viera por la ventana.
Pero no vino nadie, y cuando Oskar volvio a su piso se sintio un poco mejor. Un rato. Hasta que volvio de nuevo el hormigueo.
– ?Como estas?
– No muy bien.
– No…
Su madre suspiro y se sento en el sofa.
– El director de tu escuela me ha llamado. Al trabajo. Me ha contado que… que habia habido un fuego ayer por la tarde. En la escuela.
– ?Ah, si? ?Se ha quemado?
– No, pero…
Callo, fijo la vista unos segundos en la alfombra de nudos. Despues la levanto y busco la mirada de Oskar.
– Oskar. ?Fuiste tu? El la miro directamente a los ojos y dijo:
– No.
Pausa.
– ?No?, pues por lo visto ha habido muchos desperfectos en la clase, y… habia empezado… en el pupitre de Jonny y en el de Tomas…
– ?Ah, si?
– Y ellos evidentemente estan bastante seguros de que… de que has sido tu.
– Pero no he sido.
Su madre siguio sentada en el sofa y respiraba por la nariz. Estaban a un metro el uno del otro, a una distancia infinita.
– Quieren… hablar contigo.
– Yo no quiero hablar con ellos.
La tarde iba a ser larga. Nada bueno en la tele.
Por la noche, Oskar no podia dormir. Se levanto de la cama, se acerco sigilosamente a la ventana. Le parecio que habia alguien sentado en la escalera del tobogan abajo en el parque. Pero no eran mas que figuraciones, claro. Sin embargo, siguio mirando la sombra que habia alli abajo hasta que se le cerraron los ojos.
Cuando se volvio a meter en la cama seguia sin poder dormirse. Con cuidado dio unos golpecitos en la pared. No hubo respuesta. Solo el sonido seco de sus propios dedos, nudillos contra hormigon, llamadas a una puerta que se habia cerrado para siempre.
Jueves 12 de noviembre
