arrastraban de espaldas sobre el hielo, hacia el agujero de la sauna. Sus talones trazaban dos surcos en la nieve. Entre ellos se resbalaba la estaca, dejando una huella mas superficial.
A lo lejos, Oskar vio pequenas figuras que se movian. Grito. Grito pidiendo ayuda.
– Tu grita. Quiza lleguen a tiempo para sacarte.
El agujero se abria negro a unos pasos. Oskar tenso los musculos todo lo que pudo y se agito, volviendose de lado de una sacudida. A Micke se le solto. Oskar se balanceaba en los brazos de Jonny y blandio el palo contra la espinilla de este. A punto estuvo de escaparsele el palo de las manos cuando la madera golpeo contra el hueso.
– ?Aaaay! ?Joder!
Jonny solto a Oskar y este cayo al suelo. Se levanto al borde del agujero, sujetando el palo con las dos manos. Jonny se agarraba la espinilla.
– ?Jodido idiota! Ahora te vas a enterar…
Jonny se acercaba despacio, no se atrevia a correr por miedo a caer el mismo al agua si empujaba a Oskar en esa postura. Jonny senalaba el palo.
– Deja eso en el suelo o te mato, ?entiendes?
Oskar apreto los dientes. Cuando Jonny se encontraba a poco mas de un brazo de distancia, blandio el palo contra el hombro de Jonny. Jonny lo esquivo y Oskar sintio un golpe seco en las manos cuando el extremo mas pesado de la estaca alcanzo de lleno la oreja de Jonny.
Este cayo de lado como un bolo sin hacer ruido, derrumbandose en el hielo todo lo largo que era, dando alaridos.
Micke, que estaba un par de pasos detras de Jonny, retrocedio entonces, extendio las manos:
– Joder, solo estabamos bromeando… no pensabamos…
Oskar fue hacia el girando el palo, que zumbaba sordamente en el aire. Micke se dio la vuelta y salio corriendo hacia la playa. Oskar se detuvo, bajo el palo.
Jonny estaba acurrucado con la mano en la oreja. Le salia sangre entre los dedos. Oskar habria querido pedirle perdon. No habia sido su intencion hacerle
Parecia muy pequeno, encogido en posicion fetal y gimiendo -aaayyy, aaayyy- mientras un hilillo de sangre le corria hasta el cuello de la cazadora. Movia la cabeza de un lado a otro con pequenos movimientos.
Oskar lo miraba asombrado.
Aquel pequeno fardo sangrante que yacia en el hielo no podria hacerle
Oskar se levanto apoyandose en el palo. El arrebato desaparecio, sustituido por un profundo malestar en el estomago. ?Que habia
– Asi. Sujetalo.
Jonny cogio el calcetin y se lo apreto contra su oreja herida. Oskar miro la superficie helada. Vio una figura que se acercaba patinando. Era un adulto.
Se oyeron debiles gritos a lo lejos. Gritos de ninos. Gritos de panico. Un solo grito, claro y agudo, que despues de unos segundos se mezclo con otros. La figura que se acercaba se paro. Permanecio quieta un momento. Despues se dio la vuelta y se alejo de nuevo patinando.
Oskar estaba de rodillas al lado de Jonny, sentia como se derretia la nieve y le mojaba las rodillas. Jonny apretaba los parpados con fuerza, le rechinaban los dientes. Oskar acerco su rostro al de el.
– ?Puedes andar?
Jonny abrio la boca para decir algo y un vomito de color amarillo y blanco salio de sus labios y mancho la nieve. A Oskar le cayo un poco en una mano. Se quedo mirando las viscosas gotas que le chorreaban por la mano y se asusto de verdad. Solto el palo y corrio hacia la playa para buscar ayuda.
Los gritos de los ninos cerca del hospital habian aumentado. Corrio hacia ellos.
Al maestro Avila, Fernando Cristobal de Reyes y Avila, le gustaba patinar. Si. Una de las cosas que mas apreciaba de Suecia eran sus largos inviernos. Habia corrido la carrera de esquis de Vasaloppet diez anos atras y los pocos inviernos en los que el agua del archipielago se congelaba cogia el coche hasta la isla de Graddo para practicar el patinaje de fondo deslizandose en direccion a Soderarm, tan lejos como el espesor del hielo se lo permitiera.
Habian pasado ya tres anos desde que el mar se helara por ultima vez, pero en un invierno madrugador como este habia posibilidades. Por supuesto que, como era habitual, Graddo seria un hervidero de amantes del patinaje si helaba, pero eso ocurria por el dia. Fernando Avila preferia patinar por la noche.
Con todos los respetos para Vasaloppet, pero uno se sentia como entre un millar de hormigas que de repente hubieran decidido emigrar. Otra cosa bien distinta era estar fuera, en la vasta superficie de hielo, solo a la luz de la luna. Fernando Avila era un catolico tibio pero firme: en aquellos momentos, Dios estaba cerca.
El acompasado raspar de las cuchillas de los patines, la luz de la luna que daba al hielo su timido resplandor, las estrellas que lo envolvian con su infinitud, el viento frio que le banaba la cara, eternidad y espacio y profundidad por todas partes. La vida no podia ser mas hermosa.
Un nino pequeno le tiro de los pantalones.
– Maestro, tengo que hacer pis.
Avila desperto de sus lejanos suenos y miro a su alrededor, le senalo unos arboles cerca, en la playa, que se inclinaban sobre el agua; el desnudo ramaje caia hasta el hielo como una cortina protectora.
– Ahi puedes hacer pis.
El chico entorno los ojos mirando los arboles.
– ?En el hielo?
– Si. ?Que mas da? Se formara mas hielo. Amarillo.
El chico lo miro como si el maestro no estuviera bien de la cabeza, pero se fue patinando hacia los arboles.
Avila miro alrededor controlando que ninguno de los mayores se hubiera alejado demasiado. Con unos rapidos deslizamientos fue hacia el centro del lago para tener mejor vista. Conto a los ninos. Si. Nueve. Mas el que estaba haciendo pis. Diez.
Dio unas vueltas y miro hacia el otro lado, hacia la ensenada de Kvarnviken, y se detuvo.
Algo pasaba alli fuera. Un monton de cuerpos se movian en direccion a lo que tenia que ser un agujero en el hielo; unos pequenos arboles que sobresalian marcaban el sitio. Mientras permanecia quieto observando, el grupo se deshizo, vio que uno de ellos llevaba una especie de baston en la mano.
El baston giro en el aire y alguien cayo. Oyo un alarido que venia de alli. Se volvio, observo de nuevo a sus chicos y luego se puso en marcha en direccion a los que estaban junto al agujero. Uno de ellos corria ahora hacia la playa.
