La nieve fundiendose en la piel

Y despues de haber puesto su mano en la mia,

con un rostro alegre que me reanimo,

me introdujo en las cosas secretas.

Dante Alighieri, La Divina Comedia, Infierno,

Canto III

– No soy una sabana. Soy un fantasma DE VERDAD. BUU… BUU…

?Tienes que asustarte!

– Pero no me asusto.

Nationalteatern, Col rellena y calzoncillos

Jueves 5 de Noviembre

Morgan tenia frio en los pies. La helada que cayo mas o menos al mismo tiempo que el submarino encallara no habia hecho mas que empeorar durante la ultima semana. Le gustaban sus viejas botas camperas, pero no se podia poner calcetines de lana con ellas. Ademas tenia un agujero en una de las suelas. Claro que podia comprarse alguna birria china por cien coronas, pero para eso preferia pasar frio.

Eran las nueve y media de la manana y volvia a casa desde el metro. Habia estado en el desguace de Ulvsunda para ver si podia echarles una mano que valiera unos cientos de coronas, pero el negocio iba mal. Tampoco este ano habria botas de invierno. Se habia tomado un cafe con los chicos en la oficina, abarrotada de catalogos de piezas de recambio y calendarios de tias, y vuelta a casa en el metro.

Larry salio del edificio; parecia, como de costumbre, alguien que tuviera una pena de muerte colgando sobre el.

– ?Que pasa tio? -grito Morgan.

Larry saludo friamente con la cabeza, como si desde que se despertara aquella manana hubiera sabido que Morgan iba a estar ahi; se acerco a saludarle:

– Hola. ?Que tal?

– Los pies congelados, el coche en el desguace, sin trabajo y de camino a casa para tomarme un plato de sopa de sobre. ?Y tu?

Larry seguia andando en direccion a la calle Bjornsonsgatan, a lo largo del parque.

– Si, pensaba bajar al hospital a saludar a Herbert. ?Te vienes?

– ?Esta mejor de la cabeza?

– No, creo que sigue como antes.

– Entonces no voy. Me pongo malo con esos desvarios. La ultima vez creia que yo era su madre, queria que le contara un cuento.

– ?Lo hiciste?

– Claro que lo hice. Ricitos de oro y los tres ositos. Pero no. Hoy no estoy de humor para eso.

Siguieron caminando. Cuando Morgan se dio cuenta de que Larry tenia un par de guantes gruesos, fue consciente de que tenia frio en las manos y se las metio con cierto malestar en los estrechos bolsillos de los vaqueros. Ante ellos aparecio el puente bajo el que Jocke habia desaparecido.

Quiza para evitar hablar de ello Larry dijo:

– ?Has visto el periodico esta manana? Ahora dice Falldin, el primer ministro, que los rusos tienen armas nucleares a bordo de ese submarino.

– ?Y que se creia antes que tenian? ?Tirachinas?

– No, pero… pero es que ya lleva ahi una semana. Imaginate si hubiera explotado.

– No te preocupes. Saben lo que hacen, los rusos.

– Pero resulta que no soy comunista.

– Ni yo tampoco.

– No, no. ?A quien votaste la ultima vez? ?A los liberales?

– No soy partidario de Moscu, eso desde luego.

Ya habian tenido esa conversacion antes. Ahora la repetian para evitar ver, para evitar pensar en aquello cuando se acercaban al tunel. A pesar de todo, sus voces se apagaron al entrar en el y se detuvieron. Los dos pensaron que el otro se habia detenido primero. Los dos miraron los montones de hojas convertidos ahora en montones de nieve y que sugerian formas que hicieron que ambos se sintieran mal. Larry meneo la cabeza.

– ?Que cojones vamos a hacer?

Morgan hundio aun mas las manos en los bolsillos y golpeo el suelo con los pies para que le entraran en calor.

– Solo Gosta puede hacer algo.

Los dos miraron hacia el piso donde vivia Gosta. Sin cortinas, con los cristales sucios.

Larry ofrecio el paquete de tabaco a Morgan. Este cogio un cigarro y Larry cogio un cigarro, saco fuego para los dos. Se quedaron callados fumando, mirando los montones de nieve. Despues de un rato fueron interrumpidos en sus pensamientos por voces jovenes.

Un grupo de ninos con patines y cascos en las manos venian de la escuela dirigidos por un hombre con aspecto de militar. Los chicos marchaban a una distancia de un metro los unos de los otros, casi al compas. En el tunel pasaron al lado de Morgan y de Larry. Morgan saludo con la cabeza a uno de los chicos que conocia de su patio.

– ?Vais a la guerra o que?

El chico meneo la cabeza, iba a decir algo pero no hizo mas que seguir trotando, por miedo a salirse de la fila. Siguieron bajando hacia el hospital; tendrian un dia de actividades al aire libre o algo asi. Morgan apago el cigarro con el pie, se puso la mano en la boca haciendo bocina y grito:

– ?Ataque aereo! ?Todos a cubierto!

Larry, escandalizado, apago su cigarro.

– Dios mio. Que haya todavia gente asi. Exigira hasta que las cazadoras cuelguen firmes en el pasillo. ?Entonces no te vienes?

– No. No lo soporto. Pero date prisa, puede que llegues a formar filas.

– Hasta luego.

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату