el edredon hasta la barbilla.

– ?Que quiere decir eso?

Oskar fijo la mirada en los lomos de los libros que tenia delante de el, encogiendose de hombros.

– Que… que si quieres que salgamos juntos, y eso.

– ?Como juntos?

Su voz sonaba recelosa, dura. Oskar se apresuro a decir:

– A lo mejor tu ya tienes un chico en la escuela.

– No, pero… Oskar, yo no puedo… No soy una chica. Oskar se rio.

– ?Que dices? ?Eres un chico, o…?

– No. No.

– ?Entonces que eres?

– Nada.

– ?Como que nada?

– No soy nada. Ni un nino. Ni un viejo. Ni un chico. Ni una chica. Nada.

Oskar paso el dedo sobre el lomo del libro Las ratas, apretando los labios, negando con la cabeza.

– Entonces, ?tengo alguna posibilidad contigo o no?

– Oskar, me gustaria mucho, pero… ?no podemos estar juntos asi como estamos?

– … Si.

– ?Estas triste? Podemos besarnos, si quieres.

– No.

– ?No quieres?

– No, no quiero.

Eli arrugo el entrecejo.

– ?Hace uno algo especial con quien tiene una posibilidad?

– No.

– ?No es mas que… lo normal?

– Si.

Eli se puso muy contenta, entrelazo las manos sobre el estomago y miro a Oskar.

– Entonces tienes una posibilidad conmigo. Entonces salimos juntos.

– ?De verdad?

– Si.

– Bien.

Con una alegria serena Oskar siguio mirando los lomos de los libros. Eli estaba quieta, esperando. Despues de un rato, dijo:

– ?No hay nada mas?

– No.

– ?No podremos estar acostados como antes? Oskar se dio la vuelta de espaldas a ella. Eli le rodeo con los brazos y el le cogio las manos entre las suyas. Estuvieron asi hasta que Oskar empezo a tener sueno. Le escocian los ojos y era dificil mantener los parpados abiertos. Antes de quedarse dormido dijo:

– ?Eli?

– ?Mmm?

– Has hecho bien en venir.

– Si.

– ?Por que… hueles a gasolina?

Las manos de Eli apretaron con fuerza sus manos, su corazon. Abrazandolo. La habitacion se hizo mas grande alrededor de Oskar, las paredes y el techo se ablandaron, el suelo desaparecio y, cuando sintio como la cama se deslizaba libremente en el aire, comprendio que se habia dormido.

Sabado 31 de Octubre

Se apagaron las luces de la noche

y el alegre dia despunta en las cimas brumosas.

He de irme y vivir, o quedarme y morir.

William Shakespeare, Romeo y Julieta III. v (Traduccion de Angel Luis Pujante)

Gris. Todo era confusamente gris. La mirada no se queria centrar, era como si estuviera acostado en una nube. ?Acostado? Si, estaba acostado. Sentia la presion en la espalda, en el culo, en los talones. Un ruido silbante a su izquierda. El gas. El gas estaba abierto. No. Ahora lo cerraban. Lo ponian de nuevo. Algo ocurria en su pecho al ritmo del silbido. Se llenaba, se vaciaba al ritmo del ruido.

?Estaba todavia en la piscina? ?Estaba el conectado al gas? ?Como podia estar despierto en ese caso? ?Estaba despierto?

Hakan intento parpadear. No paso nada. Casi nada. Algo se desprendio delante de su ojo y ensombrecio la vista aun mas. Su otro ojo no existia. Intento abrir la boca. La boca no existia. Evoco la imagen de su boca como la habia visto en los espejos, en su cabeza, intento… pero no habia. Nada que respondiera a sus ordenes. Como intentar insuflar conciencia a una piedra para hacer que se mueva. No habia contacto.

Una sensacion fuerte de calor en toda la cara. Una flecha de terror le recorrio el cuerpo. La cabeza estaba metida dentro de algo caliente, solidificado. Cera. Un aparato controlaba su respiracion puesto que su cara estaba cubierta de cera.

Busco con el pensamiento su mano derecha. Si. Estaba ahi. La abrio, la cerro, sintio las yemas de los dedos contra la palma. El tacto. Suspiro aliviado; se imagino un suspiro de alivio porque su pecho se movia al ritmo de la maquina, no al suyo.

Levanto la mano despacio. Le tiraba el pecho, el hombro. La mano aparecio en su campo visual, un bulto borroso. La dirigio a la cara, se detuvo. Un pitido suave a su derecha. Volvio la cabeza despacio y noto que algo duro le rozaba la barbilla. Llevo la mano hacia aquello.

Una canula de metal fija en su cuello. Desde la canula salia un tubo. Siguio el tubo todo lo que pudo hasta una pieza metalica y estriada donde acababa. Entendio. Esa era la que habia que desconectar cuando quisiera morir. Se lo habian dejado preparado. Puso los dedos en la junta de conexion del tubo. Eli. Piscina. Chico. Acido clorhidrico.

Los recuerdos terminaban cuando desenroscaba la tapa del tarro de confitura. Seguro que se lo habia echado encima. Siguiendo su plan. Lo unico que habia fallado era que aun estaba vivo. Habia visto imagenes. Mujeres a las que sus maridos celosos habian vertido acido en la cara. No queria tocarsela, menos aun verla.

Aumento la presion del tubo. No cedia. Enroscado. Intento girar la

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