volvia todas las cosas de color azul. Gene Simmons lo miraba desde la pared de enfrente, sacandole su larga lengua. Se acurruco, cerro los ojos. Entonces volvio a oir el susurro.

– Oskar…

Venia de la ventana. Abrio los ojos, miro hacia alli. Al otro lado vio el contorno de una cabeza pequena. Se quito el edredon, pero antes de que tuviera tiempo de salir de la cama, Eli susurro:

– Espera. Quedate en la cama. ?Puedo entrar?

Oskar susurro:

– Siii…

– Di que puedo entrar.

– Puedes entrar. -Cierra los ojos.

Oskar cerro los ojos. La ventana se dio la vuelta hacia arriba; una corriente fria recorrio la habitacion. La ventana se cerro con cuidado. Oyo como respiraba Eli, susurro:

– ?Puedo mirar?

– Espera.

Sono el sofa cama de la otra habitacion. Su madre se levanto. Oskar tenia aun los ojos cerrados cuando tiraron del edredon y un cuerpo frio y desnudo se metio en la cama detras de el, tapo con el edredon a los dos y se acurruco a su espalda.

La puerta de su habitacion se abrio.

– ?Oskar?

– ?Mmm?

– ?Eres tu el que habla?

– No.

Su madre se quedo en el vano de la puerta escuchando. Eli permanecio totalmente quieta a sus espaldas, apoyando la frente entre sus omoplatos. Su aliento calido descendio por sus rinones.

Su madre meneo la cabeza.

– Tienen que ser esos vecinos. -Escucho un momento mas, despues dijo-: Buenas noches, corazon -y cerro la puerta. Oskar estaba solo con Eli. A sus espaldas oyo un susurro.

– ?Esos vecinos?

– ?Chist!

Otro crujido cuando su madre se acosto de nuevo en el sofa cama. Oskar miro hacia la ventana. Estaba cerrada.

Una mano fria se deslizaba sobre su cintura, se puso sobre su pecho, sobre su corazon. El la apreto entre sus dos manos, la calento. La otra hurgo bajo su axila, subiendo por su pecho y colocandose entre sus manos. Eli giro la cabeza y puso la mejilla sobre su espalda.

Un olor nuevo habia llegado a la habitacion. Un suave olor como el del deposito de la moto de su padre cuando acababan de llenarlo. Gasolina. Oskar inclino la cabeza, olio las manos de ella. Si. Eran las que olian.

Estuvieron asi un buen rato. Cuando Oskar dedujo por la respiracion que su madre se habia dormido en la habitacion de al lado, cuando el monton de manos ya estaban calientes y empezaba sudarle el pecho, dijo en voz baja:

– ?Donde has ido?

– A buscar comida.

Los labios de ella le hacian cosquillas en el hombro. Eli retiro sus manos, se volvio de espaldas. Oskar se quedo un momento como estaba mirando a Gene Simmons a los ojos. Despues se puso boca abajo. Se imagino que las pequenas figuras del papel pintado que Eli tenia detras de la cabeza la observaban llenas de curiosidad. La muchacha tenia los ojos abiertos, de color negro azulado a la luz de la luna. A Oskar se le puso la piel de gallina en los brazos.

– ?Y tu padre?

– Ha desaparecido.

– ?Ha desaparecido? -Oskar alzo la voz sin querer.

– ?Chist! Eso no tiene importancia.

– Pero… como… el ha…

– Eso no tiene importancia.

Oskar asintio mostrando que no iba a seguir preguntando, Eli se puso las manos bajo la cabeza mirando al techo.

– Me sentia sola. Por eso he venido. ?Podia hacerlo?

– Si. Pero… es que no llevas ropa.

– Perdon. ?Te da asco?

– No. Pero ?no tienes frio?

– No. No.

Los mechones blancos habian desaparecido de su pelo. Si, sobre todo parecia mas sana que cuando se encontraron el dia anterior. Tenia las mejillas mas redondeadas, los hoyuelos de la risa aparecieron cuando Oskar, en broma, le pregunto:

– ?No pasarias asi por delante del kiosco del Amante?

Eli se echo a reir, despues se puso muy seria y dijo con voz de fantasma:

– Si. ?Y sabes que? El asomo la cabeza y dijo: «Veeeen… Veeeen… Tengo golosiiiinas… y plaaaatanos…».

Oskar hundio la cara en la almohada, Eli se volvio hacia el, le susurro al oido:

– Veeen… ratooones…

Oskar grito:

– ?No! ?No! -con la cabeza debajo de la almohada. Siguieron asi un rato. Luego Eli miro los libros de la estanteria y Oskar le conto un resumen de su favorito: La niebla, de James Herbert. La espalda de Eli relucia blanca como un gran folio en la oscuridad, acostada como estaba boca abajo mirando la estanteria.

El tenia la mano tan cerca de ella que podia sentir su calor. Despues encogio los dedos y recorrio con ellos la espalda de ella, susurrando:

– Kili, kili, viene la cabra. ?Cuantos cuernos tiene?

– Mmm. ?Ocho?

– Has dicho ocho y eran ocho, kili, kili.

Luego Eli se lo hizo a el, pero Oskar no era tan bueno como ella adivinandolo. Sin embargo a piedra, papel, tijera gano el con diferencia. Siete-tres. Lo hicieron una vez mas. Entonces gano el nueve-uno. Eli se enfado un poco.

– ?Sabes lo que voy a pedir?

– Si.

– ?Como?

– Lo se, nada mas. Es siempre asi. Me viene la imagen.

– Otra vez. Ahora no voy a pensar. Solo pedir.

– Intentalo.

Paso lo mismo. Oskar gano ocho-dos. Eli se hizo la enfadada, volviendose hacia la pared.

– Ya no juego mas contigo. Haces trampa.

Oskar observaba el cuadrado blanco de su espalda. ?Se atreveria? Si, ahora que ella no lo miraba, si que se atrevia.

– Eli, ?tengo alguna posibilidad contigo? Ella se dio la vuelta, se subio

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