bastante intenso como para que se le formaran gotas de sudor en el nacimiento del pelo.
Holmberg habia aguantado mucho cachondeo por su quiza ingenua confianza en la bondad esencial de los jovenes. Eso era lo que intentaba alentar con sus continuas visitas a las escuelas, con sus muchas y largas conversaciones con los muchachos que tenian problemas en la sociedad, y era eso lo que le hacia sentirse tan mal al ver lo que tenia ante sus pies.
Las huellas que habia en la nieve eran de zapatos pequenos. Ni siquiera de lo que se podria llamar un «joven»; no, eran huellas de zapatos de nino. Marcas pequenas y nitidas con una increible distancia entre los pasos. Alguien habia corrido. Rapido.
Con el rabillo del ojo vio al aspirante Larsson acercandose.
– Arrastra los pies, ?joder!
– ?Huy!,
Larsson se acerco arrastrando los pies y se coloco al lado de Holmberg. El aspirante tenia los ojos grandes y saltones con una expresion constante de asombro que ahora dirigia hacia las huellas que habia en la nieve.
– Joder.
– Yo mismo no habria podido decirlo mejor. Es un nino.
– Si, pero… esto es puro…
– Larsson siguio las huellas con la vista un tramo mas alla-, puro triple salto.
– Largo entre las pisadas, si.
– Mas que largo, esto es… esto es una locura. Lo largo que es.
– ?Que quieres decir?
– Que soy corredor. No podria correr de esta manera. Mas que… dos pasos. Y esto es todo el camino.
Staffan llego corriendo entre los chales, se abrio camino entre los grupos de curiosos que se habian reunido alrededor de la parcela y se acerco al grupo del centro, que en ese momento estaba vigilando al personal de la ambulancia que justo entonces introducia el cadaver de una mujer, cubierto con una tela azul, en una ambulancia.
– ?Que tal ha ido? -pregunto Holmberg.
– Nada… salio por… la calle Ballstavagen y luego… no se podia… seguir mas… los coches… habra que poner… a los perros en ello.
Holmberg asintio, atento a la conversacion que se desarrollaba justo al lado. Un vecino que habia sido testigo de una parte de los hechos estaba contando sus impresiones a un policia de la brigada criminal.
– Primero pense que se trataba de fuegos artificiales o algo asi, ?no? Luego vi las manos… que eran manos que se movian. Y ella salio hasta aqui… por la ventana… ella salio…
– ?Asi que la ventana estaba abierta?
– Si, abierta. Y ella salio por la… y entonces ardio la casa, ?no? Eso es lo que vi entonces. Que ardia detras de ella… y salio… joder. Estaba ardiendo, entera. Y entonces salio andando de la casa…
– Perdon. ?Andando? ?No iba corriendo?
– No. Eso era lo mas raro… iba andando. Agitaba las manos asi como para… no se. Y entonces se paro, ?entiendes? Se paro. Ardia asi, toda ella. Se paro asi. Y miro alrededor. Como que… absolutamente tranquila. Y entonces echo a andar de nuevo. Y entonces fue como que… se acabo, ?entiendes? Nada de panico o asi, ella… si, joder… no gritaba. Ni un ruido. Solo… se derrumbo asi. De rodillas. Y entonces… plaf. Cayo en la nieve.
»Y entonces fue como si… no se… fue todo muy raro. Entonces tuve yo como… entre dentro corriendo y busque una manta, dos mantas y sali pitando y… la apague. La hostia, o sea… cuando estaba alli tendida, eso era… no, joder.
El hombre se llevo las manos llenas de tizne a la cara, lloro agachado. El agente de la brigada de investigacion criminal le puso una mano sobre los hombros.
– Tal vez podamos tomar un informe mas detallado de los hechos manana. ?Pero no viste a nadie mas abandonar la casa?
El hombre meneo la cabeza y el de criminalistica hizo una anotacion en su libreta.
– Lo dicho. Manana me pondre en contacto contigo. ?Quieres que le pida al personal sanitario que te den algun tranquilizante, algo que te deje dormir, antes de que se vayan?
El hombre se froto las lagrimas de los ojos. Las manos le dejaron marcas humedas de tizne en las mejillas.
– No. Eso es… yo tengo, en todo caso.
Gunnar Holmberg volvio la mirada hacia la casa incendiada. Los esfuerzos de los bomberos habian dado resultado y ya apenas se veian llamas. Solo una nube enorme de humo que se elevaba hacia el cielo nocturno.
Mientras Virginia abria sus brazos a Lacke, mientras el tecnico de la brigada de investigacion criminal hacia moldes de las huellas encontradas en la nieve, Oskar estaba al lado de la ventana mirando hacia fuera. La nieve habia cubierto con un manto blanco los setos bajo la placa de chapa de su ventana y formaba una pendiente blanca tan densa y seguida que uno creeria que podia deslizarse por ella. Eli no habia venido esta tarde.
Oskar habia estado de pie caminando, dando vueltas, columpiandose, congelandose en el parque entre las siete y media y las nueve. Eli no habia aparecido. A las nueve habia visto a su madre mirando por la ventana y habia entrado, lleno de malos presentimientos.
Ya eran las doce pasadas y estaba al lado de la ventana con el alma en un puno. Dejo la ventana entreabierta, respirando el aire frio de la noche. ?Era realmente solo por ella por lo que habia decidido empezar a defenderse? ?No se trataba de si mismo?
Si.
Por desgracia asi era. Si el lunes se metian con el no tendria animo, ni fuerzas, ni ganas de resistir. Lo sabia. No iria a ese entrenamiento el jueves. No habia motivo.
Dejo la ventana un poco abierta con la vaga esperanza de que ella volviera aquella noche. Lo llamara. Si podia salir en mitad de la noche, tambien podria volver en mitad de la noche.
Oskar se desvistio y se acosto. Dio unos toquecitos en la pared. Sin respuesta. Se echo el edredon por encima de la cabeza y se puso de rodillas en la cama. Entrelazo las manos y, apoyando sobre ellas la frente, susurro:
– Por favor, Dios bueno. Deja que ella vuelva. Te doy lo que quieras. Todos mis comics, todos mis libros, todas mis cosas. Lo que quieras. Pero haz que ella vuelva. A mi. Por favor, Dios, por favor.
Siguio acostado, encogido debajo del edredon, hasta que sintio tanto calor que empezo a sudar. Luego saco de nuevo la cabeza, apoyandola en la almohada. Se puso en posicion fetal. Cerro los ojos. Imagenes de Eli, de Jonny y Micke, Tomas. Su madre. Su padre. Durante un largo rato permanecio acostado haciendo pasar las imagenes que queria ver; despues estas empezaron a vivir su propia vida mientras el se deslizaba en el sueno.
Eli y el estaban sentados en un columpio que se impulsaba cada vez mas alto. Mas y mas alto hasta que se solto de las cadenas, volando hacia el cielo. Ellos se sujetaban bien fuerte en los bordes del columpio, con las rodillas apretadas unas contra otras, y Eli le dijo en voz baja:
– Oskar. Oskar…
Abrio los ojos. El globo terraqueo estaba apagado y la luz de la luna
