la nariz apretada contra la arteria visible. Jabon, sudor, olor a piel vieja… ese olor a hospital… y algo mas, que era el olor propio de la mujer. Y debajo, a traves de todo ello, la sangre.
La mujer se rasco cuando la nariz de Eli le rozo el cuello; intento moverse, pero la muchacha la agarro firmemente por el pecho con un brazo y con el otro mantuvo fija su cabeza. Abrio la boca tanto como le fue posible y la puso sobre el cuello que sujetaba hasta que la lengua hizo presion contra la arteria y mordio. Cerro las mandibulas.
La mujer pataleo como si hubiera recibido una descarga. El cuerpo se descontrolo y los pies golpearon contra el reposabrazos con tanta fuerza que se desplazo y quedo con la espalda en las rodillas de Eli.
La sangre salia a borbotones de la arteria abierta salpicando la piel marron del sofa. Gritaba y agitaba las manos, tiro la manta de la mesa. Un tufo a queso mohoso lleno los orificios nasales de Eli cuando esta se echo a lo largo sobre la mujer y, apretando la boca contra su cuello, bebio a grandes sorbos. Los gritos reventaban los oidos de Eli y tuvo que soltarle un brazo para poder ponerle una mano en la boca.
Los chillidos quedaron ahogados, pero la mano libre de la mujer se movia sobre la mesa del sofa, agarro el mando a distancia y golpeo la cabeza de Eli. Los trozos de plastico se esparcieron al tiempo que el sonido de la tele se puso en marcha.
La sintonia de
La sangre sabia a medicina. Morfina.
La mujer miraba a Eli con los ojos muy abiertos. Entonces la muchacha aprecio otro sabor mas, un sabor a podrido que se deslizaba junto con el olor al queso mohoso.
Cancer. Tenia cancer.
El estomago se le revolvio del asco y tuvo que soltarla y sentarse en el sofa para no vomitar.
La camara sobrevolaba Southfork mientras la musica se acercaba a su crescendo. La mujer habia dejado de gritar, permanecia tendida boca arriba mientras la sangre salia de ella cada vez con menos fuerza, corria en hilillos hacia abajo, hacia los cojines del sofa. Sus ojos estaban humedecidos, ausentes cuando buscaban los de Eli y decia:
– Por favor, por favor…
Eli, tragandose un amago de vomito, se inclino sobre ella.
– ?Perdon?
– Por favor…
– Si. ?Que quieres que haga?
– Por favor… por favor…
Despues de un momento los ojos de la mujer cambiaron, se pusieron rigidos. Se volvieron ciegos. Eli le cerro los parpados. Se volvieron a abrir. Eli cogio la manta del suelo y se la puso sobre la cara, se sento en el sofa.
La sangre servia como alimento aunque sabia mal, pero la morfina…
En la pantalla del televisor, un rascacielos de espejos. Un hombre con traje y sombrero de vaquero salia de su coche, frente al rascacielos. Eli intento levantarse del sofa. No podia. El rascacielos empezo a inclinarse, a girar. Los espejos reflejaban las nubes que se deslizaban por el cielo a camara lenta, recreando formas de animales, plantas.
Eli se echo a reir cuando el hombre con el sombrero de vaquero se sento tras la mesa de un escritorio y empezo a hablar en ingles. Eli entendia lo que estaba diciendo, pero no tenia sentido. Todo el cuarto habia empezado a inclinarse tanto que era raro que la tele no se hubiera caido rodando. La voz del vaquero le retumbaba en la cabeza. Busco el mando a distancia, pero estaba hecho pedazos sobre la mesa y el suelo.
Se deslizo del sofa y, gateando, llego frente al televisor con la morfina dandole vueltas en el cuerpo; se rio de las figuras que se descomponian en colores, solo colores. No podia mas. Cayo de bruces delante del televisor con los colores chisporroteandole en los ojos.
Algunos ninos se deslizaban todavia con sus trineos por la cuesta que habia entre la calle Bjornsonsgatan y el pequeno campo junto al camino del parque. La cuesta de la muerte, como por alguna razon la llamaban. Tres sombras se pusieron en marcha al mismo tiempo desde la cima y se oyo bien alto una palabrota cuando una de ellas se salio al bosque; risas de los otros que seguian cuesta abajo, salieron volando en un bache y aterrizaron con golpes y tintineos sordos.
Lacke se detuvo, miraba al suelo. Virginia intentaba con cuidado llevarlo consigo.
– Venga, vamos ya, Lacke.
– Es tan jodidamente duro.
– No puedo contigo, ya lo sabes.
Una mueca que podia haber sido una sonrisa acabo en tos. Lacke retiro la mano del hombro de Virginia, quedandose con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo y la cabeza vuelta hacia la cuesta.
– Joder, ahi estan los jovenes tirandose con sus trineos, y alli… -hizo un gesto vago hacia el puente, al final de la colina de la que era parte la cuesta-, ahi mataron a Jocke.
– No pienses mas en eso ahora.
– ?Como voy a dejarlo? A lo mejor fue uno de esos jovenes quien lo hizo.
– No lo creo.
Ella le cogio el brazo para ponerlo alrededor de sus hombros de nuevo, pero Lacke lo retiro. -No, puedo andar.
Lacke camino a pulso a lo largo del camino del parque. La nieve crujia bajo sus pies. Virginia permanecia parada mirandole. Ahi iba el, el hombre al que amaba y con el que no podia vivir.
Lo habia intentado.
Durante una temporada, hacia ya ocho anos, justo cuando la hija de Virginia se habia ido de la casa materna, Lacke se habia mudado a vivir con ella. Virginia trabajaba entonces, igual que ahora, en una tienda de la cadena de supermercados ICA, en la calle Arvid Mornes, encima del parque China. Vivia en un apartamento de un dormitorio, cuarto de estar y cocina en Arvid Mornes, a solo tres minutos del trabajo.
Durante los cuatro meses que vivieron juntos, Virginia no consiguio averiguar lo que Lacke
Estaba en el apartamento, salia de paseo, hablaba con gente, leia bastantes libros y periodicos. Eso era todo. Para Virginia, que habia trabajado desde que termino la escuela, aquella era una manera incomprensible de vivir. Le habia preguntado:
– Bueno, Lacke, no quiero decir que… Pero tu en realidad ?que
– No tengo dinero.
– Esto es Suecia. Cogete una silla y ponia en la acera. Sientate en la silla y espera. Si esperas suficiente llegara alguien a darte dinero. O a hacerse cargo de ti de alguna manera.
– ?Es asi como me ves a mi?
– Virginia. Cuando digas «Lacke, vete de aqui», me ire.
