Habia dejado de nevar, pero un manto blanco lo cubria todo. Habia luz en las grandes ventanas esmeriladas de la piscina pequena a la que iba a ir el jueves por la tarde. Iba a empezar a entrenar. Hacerse mas fuerte.
Viernes por la noche en el chino. El reloj redondo con los bordes de acero que parece tan mal colocado entre lamparas de papel de arroz y dragones dorados en una de las paredes alargadas, senala las nueve menos cinco. Los colegas estan sentados con sus cervezas, perdidos en el paisaje de los mantelitos de papel. Fuera, sigue cayendo la nieve.
Virginia mueve un poco su San Francisco y sorbe con la pajita coronada por una figurita de Johnny Walker.
Da un golpecito en el vaso con la pajita y Morgan alza la vista.
– ?Vas a dar un discurso?
– Alguien tendra que hacerlo.
Se lo habian contado a ella. Todo lo que Gosta habia dicho sobre Jocke, el puente, el nino. Luego se habian quedado en silencio. Virginia hacia sonar los hielos del vaso observando como la luz velada del techo se reflejaba en los hielos medio deshechos.
– Hay algo que no entiendo. Si esto ha ocurrido como dice Gosta, ?donde esta? Jocke, quiero decir.
Karlsson se animo, como si esa fuera la ocasion que andaba esperando.
– Exactamente lo que yo he tratado de decir. ?Donde esta el cadaver? Si es que uno va a…
Morgan apunto a Karlsson con un dedo acusatorio en el aire.
– Tu no llamas cadaver a Jocke.
– ?Y como le llamo entonces?
– No le vas a llamar nada hasta que sepamos lo que ha pasado.
– Eso es precisamente lo que estoy tratando de decir. Mientras no tengamos un c… mientras ellos no lo hayan… encontrado, no podemos…
– ?Que
– Bueno, ?tu que crees? ?La division de helicopteros de Berga? La policia, claro.
Larry se froto un ojo y dijo:
– Ese es el problema. Mientras no lo hayan encontrado no se van a tomar interes, y si no se toman interes no van a buscarlo. Virginia meneo la cabeza.
– Es que teneis que ir a la policia y contar lo que pasa.
– Si, si, ?que te parece que vamos a decir? -dijo Morgan cloqueando-. Hola, dejad toda esa mierda del asesino de ninos, el submarino, todo, porque aqui estamos tres borrachines y un borrachin colega nuestro ha desaparecido y resulta que otro de nuestros colegas, tambien borrachin, ha contado que una tarde, cuando estaba realmente en las nubes, vio… ?que?
– Pero Gosta, ?entonces? El es precisamente quien lo ha visto, el es quien…
– Si, si. Claro. Pero esta tan deteriorado… Haz un poco de ruido con un uniforme delante de el y se desmorona, queda listo para el manicomio de Beckomberga. No aguanta. Interrogatorios y mierdas. -Morgan se encogio de hombros-. Esta jodido.
– ?Y vais a dejarlo
– Si, ?que cojones podemos hacer?
Lacke, que se habia bebido su cerveza mientras discurria la conversacion, dijo algo demasiado bajo como para que los otros pudieran entenderlo. Virginia se inclino hacia el y puso la cabeza en su hombro.
– ?Que has dicho?
Lacke miraba fijamente el paisaje envuelto en la niebla hecho a tinta china e impreso en el mantelito que tenia encima de la mesa y susurro:
– Tu dijiste que lo ibamos a coger.
Morgan dio tal golpe en la mesa que hizo saltar los vasos de cerveza, y poniendo la mano en alto delante de el como una garra afirmo:
– Y lo vamos a hacer. Pero primero tenemos que tener algo en lo que apoyarnos.
Lacke asintio medio sonambulo y empezo a levantarse.
– Solo tengo que…
Las piernas se le doblaron y cayo de bruces sobre la mesa con un estrepito de vasos que hizo que los ocho comensales se volvieran a ver lo que pasaba. Virginia agarro a Lacke por los hombros y lo sento de nuevo en la silla. Los ojos de Lacke estaban perdidos.
– Perdon, yo…
El camarero acudio rapidamente a su mesa secandose freneticamente las manos en el delantal. Se inclino hacia Lacke y Virginia mascullando en voz baja:
– Esto es un
Virginia puso la mejor sonrisa que pudo mientras ayudaba a Lacke a levantarse.
– Vamos, Lacke. Vamos a mi casa.
Con una mirada acusatoria hacia el resto del grupo, el camarero rodeo rapidamente a Lacke y a Virginia, ayudando a Lacke por el otro lado para mostrar a los comensales que estaba tan interesado como ellos en alejar a este elemento distorsionador de la paz de la mesa.
Virginia ayudo a Lacke a ponerse su pesado y en otros tiempos elegante abrigo, una herencia de su padre, que habia muerto dos anos antes, y lo arrastro hacia la puerta.
Detras oyo un par de silbidos maliciosos de Morgan y Karlsson. Con el brazo de Lacke sobre los hombros se volvio hacia ellos y les saco la lengua. Luego abrio la puerta de fuera y salio.
La nieve caia en copos grandes y lentos creando un espacio de frio y silencio para los dos. Las mejillas de Virginia ardian cuando guiaba a Lacke hacia abajo, hacia el camino del parque. Era mejor asi.
– Hola. He quedado con mi papa, pero no llega y… ?puedo entrar a llamar por telefono?
– Si, claro.
– ?Puedo entrar?
– El telefono esta ahi.
La mujer senalaba hacia el pasillo: en una mesita estaba el telefono gris. Eli permanecia fuera, todavia no habia sido invitada. Al lado de la puerta habia un erizo de hierro con puas de fibra vegetal. Eli se limpio los pies en el para disimular que no podia entrar.
– ?Seguro que puedo?
– Si, si. Pasa, pasa.
Hizo un gesto cansado: Eli estaba invitada. La mujer parecia haber perdido el interes y se fue al cuarto de estar, desde donde Eli podia oir el monotono zumbido de un televisor. Una larga cinta de seda de color amarillo, atada alrededor del pelo lleno de canas grises, se deslizaba por la espalda de la mujer como una serpiente amaestrada.
