tal estas?
– Asi, asi.
Staffan habia puesto otro cojin en la silla de su escritorio para mitigar el dolor de la columna. Preferiria estar de pie, o mejor aun, acostado en la cama. Pero el informe de los sucesos del dia anterior tenia que llegar a la brigada de homicidios antes del domingo.
Holmberg miraba su cuaderno de notas golpeando en el con el lapicero.
– Esos tres que estaban dentro, en el vestuario, dijeron que el asesino ese, antes de echarse el acido clorhidrico encima, habia gritado «?Eli, Eli!», yo me pregunto…
El corazon le brinco en el pecho a Staffan, se inclino sobre la mesa.
– ?Dijo eso?
– Si. ?Sabes lo que…?
– Si.
Staffan se echo para atras en la silla de forma brusca y el dolor disparo una flecha hasta la mismisima raiz del pelo. Se agarro a los bordes de la mesa, se sento bien y se llevo las manos a la cara. Holmberg lo miraba.
– Joder, ?has ido al medico?
– No, es solo… se me pasara. Eli, Eli.
– ?Es un nombre?
Staffan asintio con cuidado.
– Si… significa… Dios.
– Bueno, asi que llamaba a Dios. ?Crees que le oyo?
– ?Que?
– Dios. Que si crees que le oyo. Dadas las circunstancias parece poco… probable. Aunque claro, tu eres el experto en esas cosas. Bueno, tu sabras.
– Son las ultimas palabras que Cristo dijo en la cruz. «Dios mio, Dios mio, ?por que me has abandonado?
Holmberg guino un ojo y siguio mirando sus notas.
– Si, eso.
– Segun san Mateo y san Marcos. Holmberg asintio, chupo el lapiz.
– ?Lo vamos a poner en el informe?
Cuando llego a casa de la escuela Oskar se puso un par de pantalones limpios y bajo al kiosco del Amante para comprar el periodico. Habia oido comentar que el asesino habia sido detenido y queria saberlo todo. Cortar y guardar.
Noto algo raro cuando bajaba al kiosco, algo que no era normal, aparte de que estaba nevando.
De vuelta a casa con el periodico supo lo que era. No estaba todo el tiempo alerta. Solo caminaba. Habia recorrido el camino hasta el kiosco sin ir vigilando a todos aquellos que pudieran meterse con el.
Empezo a correr. Corrio todo el camino hasta casa con el periodico en la mano mientras los copos le lamian la cara. Cerro la puerta de la calle. Fue a la cama, se echo boca abajo y dio unos golpecitos en la pared. No hubo respuesta. Le habria gustado hablar con Eli, contarselo.
Abrio el periodico. La piscina de Vallingby. Coches de policia. Ambulancias. Intento de asesinato. Las lesiones del individuo de tal naturaleza que dificultaban su identificacion. Fotografia del hospital de Danderyd donde estaba siendo atendido el hombre. Referencias al anterior asesinato. Ningun comentario.
Despues submarino, submarino, submarino. Reforzado el estado de alerta.
Llamaron a la puerta.
Oskar salto de la cama, salio rapidamente al pasillo. Eli, Eli, Eli.
Cuando tenia ya la mano en el picaporte, se detuvo. ?Y si eran Jonny y esos? No, nunca vendrian asi a su casa. Abrio. Fuera estaba Johan.
– Hola.
– Si… hola.
– ?Vamos a jugar?
– Si, ?a que?
– No se. A algo.
– Vale.
Oskar se puso los zapatos y la cazadora mientras Johan lo esperaba en el rellano de la escalera.
– Jonny estaba bastante enfadado. En gimnasia.
– Cogio mis pantalones, ?verdad?
– Si. Se donde estan.
– ?Donde?
– Alli detras. Al lado de la piscina. Te lo voy a ensenar.
Oskar penso, aunque no lo dijo, que en ese caso los podria
– Bien.
Fueron hasta la piscina y buscaron los pantalones, que colgaban de un arbusto. Luego dieron una vuelta y curiosearon un poco. Hicieron bolas de nieve y las tiraron a los arboles. En un contenedor encontraron un cable electrico que se podia cortar en trozos, doblarlos y usarlos como municion para el tirachinas. Hablaron del asesino, del submarino y de Jonny, Micke y Tomas, que a Johan le parecia que estaban mal de la cabeza.
– Totalmente idos.
– A ti no te suelen hacer nada.
– No. Pero de todas formas.
Fueron al kiosco de las salchichas al lado del metro y se compraron dos «vagabundos» cada uno. A una corona cada «vagabundo»; solo el pan tostado con mostaza, ketchup, alino para hamburguesas y cebolla. Empezaba a oscurecer. Johan hablaba con la chica del kiosco y Oskar miraba los vagones del metro que iban y venian, observando el tendido electrico que corria por encima de las vias.
Echando vaho con sabor a cebolla por la boca bajaron hacia la escuela, donde sus caminos se separaban. Oskar dijo:
– ?Crees que la gente se quita la vida saltando por esos cables que van por encima de la via?
– No lo se. Seguro que lo hacen. Mi hermano conoce a uno que fue y meo en un rail electrico.
– ?Que paso?
– Murio. La corriente subio por el pis hasta su cuerpo.
– No me digas.
– No. Estaba borracho. Joder. Imaginatelo…
Johan hizo como que se cogia el pito y meaba, y empezo a temblar con todo el cuerpo. Oskar se reia.
Abajo, junto a la escuela, se despidieron. Oskar se dirigio a casa con los recien encontrados pantalones atados alrededor de la cintura y silbando la sintonia de
