Eli paso al recibidor, se quito los zapatos y la cazadora, levanto el auricular del telefono. Marco un numero al azar, hizo como si hablara con alguien, colgo el auricular.
Aspiro a traves de la nariz. Olor a fritura, productos de limpieza, tierra, betun, manzanas de invierno, ropa humeda, electricidad, polvo, sudor, cola para papeles pintados y… orina de gato.
Si. Un gato negro como el tizon estaba en el vano de la puerta de la cocina ronroneando con las orejas echadas para atras, la piel desgrenada y el lomo encorvado. Alrededor del cuello llevaba una cinta roja con un pequeno cilindro metalico, probablemente para meter un papel con el nombre y la direccion.
Eli dio un paso hacia el gato y este mostro los dientes, bufo. El cuerpo erguido para saltar. Un paso mas.
El gato se retiro, escurriendose hacia atras mientras seguia bufando, sin apartar la mirada de los ojos de Eli. El odio que sacudia su cuerpo hizo temblar el cilindro de metal. Se estaban midiendo. Eli avanzaba lentamente obligando al gato a retroceder hasta que estuvo dentro de la cocina, y cerro la puerta.
El gato continuo bufando y maullando al otro lado. Eli fue al cuarto de estar.
La mujer estaba sentada en un sofa de piel tan reluciente que reflejaba la luz del televisor. Con la espalda recta miraba con fijeza la resplandeciente pantalla azul. Llevaba una cinta amarilla atada en el pelo, rematada en un lazo. En la mesa que tenia delante habia un cuenco con galletitas saladas y una bandeja con tres clases de queso, una botella de vino sin abrir y dos vasos.
La mujer parecia no notar la presencia de Eli, ocupada como estaba con lo que sucedia en la pantalla. Un programa de naturaleza. Pinguinos en el Polo Sur.
Una caravana de pinguinos se movia torpemente sobre un desierto de hielo. Eli se sento en el sofa, al lado de la mujer. Esta estaba rigida, como si la tele fuera un maestro severo a punto de leerle la cartilla.
Dos pinguinos se frotaban el pico el uno al otro, saludandose.
– ?Esperas visita?
La mujer se estremecio y miro confundida unos segundos directamente a los ojos de Eli. El lazo amarillo resaltaba lo ajado que parecia su rostro. Meneo un poco la cabeza.
– No, coge lo que quieras.
Eli no se movio. La imagen de la pantalla cambio a una vista panoramica de Georgia del Sur, con musica. En la cocina, los maullidos del gato habian dado paso a una especie de… suplica. El olor en el cuarto era quimico. La mujer destilaba un olor a hospital.
– ?Va venir alguien? ?Aqui?
La mujer se estremecio de nuevo como si la hubieran despertado, se volvio hacia Eli. Esta vez, sin embargo, parecia irritada: una arruga bien marcada entre las cejas.
– No. No va venir nadie. Come si quieres -dijo con el dedo indice bien estirado senalando los quesos de uno en uno-: camembert, gorgonzola, roquefort. Come, come.
Miro a Eli como dandole una orden y Eli cogio una galletita, se la llevo a la boca y la mastico despacio. La mujer asintio y volvio de nuevo la vista a la pantalla. Eli escupio la masa pegajosa de galleta en la mano y la tiro al suelo detras del reposabrazos del sofa.
– ?Cuando te vas a ir? -pregunto la mujer.
– Pronto.
– Quedate el tiempo que quieras. A mi no me importa.
Eli se fue acercando como para poder ver mejor la tele hasta que sus brazos se rozaron. Algo le ocurrio entonces a la mujer. Temblo y se hundio en el sofa como un paquete de cafe agujereado. Cuando miro a Eli, lo hizo con una mirada suave y sonadora.
– ?Quien eres?
Los ojos de Eli estaban tan solo a un par de centimetros de los suyos. La boca de la mujer exhalaba olor a hospital.
– No se.
La mujer asintio, se estiro para coger el mando a distancia que estaba sobre la mesa y quito el volumen de la tele.
Las suplicas del gato se oian ahora con nitidez, pero la mujer no parecia preocupada por eso. Senalo los muslos de Eli.
– ?Puedo…?
– Si, claro.
Eli se retiro un poco de la mujer, que se acurruco en el sofa y puso la cabeza sobre las piernas de la nina. Esta le acaricio suavemente el pelo. Estuvieron asi un rato. Los lomos resplandecientes de las ballenas rompieron la superficie del mar, lanzando chorros de agua; desaparecieron.
– Cuentame algo -pidio la mujer.
– ?Que quieres que te cuente?
– Algo bonito.
Eli peino una mecha del pelo de la mujer sobre la oreja. Esta respiraba ahora tranquila y tenia el cuerpo totalmente relajado. Eli hablo en voz baja.
– Una vez… hace mucho, mucho tiempo, habia un campesino pobre y su mujer. Tenian tres hijos: un chico y una chica que eran ya lo bastante mayores para trabajar con los adultos y un nino pequeno que tenia solo once anos. Todos los que lo veian decian que era el nino mas guapo que habian visto.
»E1 padre era un siervo de la gleba y tenia que trabajar muchas jornadas en las propiedades del senor de la tierra. Por eso eran la madre y los hijos los que debian hacerse cargo de la casa y de la huerta. El hijo mas pequeno no servia para mucho.
»Un dia, el senor de las tierras anuncio un concurso en el que todas las familias que vivian en sus tierras debian participar. Todas las que tuvieran un chico entre ocho y doce anos. No se prometia ningun premio. Nada de premios. Sin embargo, se llamaba concurso.
»E1 dia de la competicion la madre llevo consigo al mas joven al castillo del senor. No estaban solos. Otros siete ninos acompanados por uno o por los dos padres ya se habian reunido en el patio del castillo. Y llegaron otros tres. Familias pobres, los ninos vestidos con lo mejor que tenian.
»Pasaron todo el dia esperando en el patio. Al anochecer salio un hombre del castillo y dijo que ya podian entrar…
Eli escucho la respiracion de la mujer, lenta y profunda. Estaba dormida. Su aliento calentaba las rodillas de la muchacha. Justo debajo de la oreja, Eli pudo verle el pulso marcado bajo su piel flacida y arrugada.
El gato se habia callado.
En la tele pasaban ahora la lista de creditos del programa de naturaleza. Eli puso el dedo indice sobre la arteria carotida de la mujer, sintio su corazon palpitante bajo la yema del dedo.
La nina se echo hacia atras y movio con cuidado la cabeza de la mujer de manera que descansara sobre sus rodillas. El fuerte aroma del queso roquefort mitigaba todos los demas olores. Eli cogio una manta del respaldo del sofa y tapo con ella los quesos.
Un debil gemido: la respiracion de la mujer. Eli agacho la cabeza con
