morder un perdigon que se habia quedado en el ave. A su madre le habia dicho que habia sido una piedra en una patata. Las aves marinas eran lo que mas le gustaba a Oskar, mientras que a su madre le parecia que era «terriblemente cruel» disparar a las indefensas aves. Que el se hubiera roto el diente mordiendo el propio instrumento de la muerte habria dado lugar a que su madre le prohibiera probar semejante comida.

– Pondre especial cuidado -aseguro su padre.

– ?Funciona la moto?

– Si. ?Por que?

– No. Por nada.

– Bueno. Ah, si, hay bastante nieve, asi que podremos dar una vuelta.

– Bien.

– Vale, entonces nos vemos el viernes. ?Cogeras el autobus de las diez?

– Si.

– Entonces bajo a buscarte. Con la moto. El coche no esta del todo en forma.

– De acuerdo. Bien. ?Quieres hablar mas con mama?

– Si… no… tu puedes contarle como vamos a hacerlo, ?no?

– Mmm. Adios, hasta pronto.

– Adios. Hasta pronto.

Oskar colgo el auricular. Se quedo sentado un momento pensando como iba a ser. Dar una vuelta con la moto. Eso era divertido. Entonces se ponia sus miniesquis y ataban una cuerda a la caja de la moto con un palo en el otro extremo. En ese palo se agarraba Oskar con las dos manos y despues daban vueltas por el pueblo como esquiadores acuaticos sobre la nieve. Esto y los eideres con gelatina de serba. Y solo una tarde lejos de Eli.

Fue a su habitacion y metio en el bolso la ropa de entrenar y su cuchillo, porque no iba a volver a casa antes de encontrarse con Eli. Tenia un plan. Cuando estaba en el pasillo poniendose la cazadora salio su madre de la cocina, limpiandose la harina de las manos en el delantal.

– ?Y bien? ?Que ha dicho tu padre?

– Que tenia que ir el sabado.

– Si. ?Pero de lo otro?

– Ahora tengo que irme a entrenar.

– ?No ha dicho nada?

– Siii, pero tengo que irme ahora.

– ?Adonde vas?

– A la piscina.

– ?A que piscina?

– A la que esta al lado de la escuela. A la pequena.

– ?Que vas a hacer alli?

– Entrenar. Vuelvo a las ocho y media. O a las nueve. Despues voy a ver a Johan.

Su madre parecia desconsolada, no sabia que hacer con las manos llenas de harina, se las metio en el bolsillo grande que tenia en medio del delantal.

– Bueno. Venga, vale. Ten cuidado. No te vayas a resbalar en los bordes de la piscina o algo asi. ?Has cogido el gorro?

– Si, si.

– Pontelo entonces. Cuando te hayas banado, porque fuera hace frio, y cuando se lleva el pelo mojado…

Oskar dio un paso al frente, la beso ligeramente en la mejilla, dijo: «Adios» y se fue. Cuando salio del portal miro de reojo hacia su ventana. Alli estaba su madre, aun con las manos en el bolsillo del delantal. Oskar le dijo adios con la mano. Su madre alzo la suya lentamente y tambien le dijo adios.

Oskar fue llorando la mitad del camino hasta el entrenamiento.

El grupo estaba reunido en las escaleras a la puerta de Gosta. Lacke, Virginia, Morgan, Larry, Karlsson. Ninguno se atrevia a llamar, puesto que eso otorgaba al que lo hiciera la responsabilidad de exponer el asunto que los habia llevado alli. Ya fuera, en las escaleras, pudieron notar un leve barrunto de lo que era el olor caracteristico de Gosta. Pis. Morgan dio un golpecito a Karlsson en un costado y le susurro algo que no pudo entender. Karlsson se levanto las orejeras que llevaba en lugar de gorro y pregunto:

– ?Que?

– Te he dicho que si no te podias quitar eso de una vez. Que pareces un idiota.

– Eso es lo que a ti te parece.

Se quito de todos modos las orejeras, las guardo en el bolsillo del abrigo y dijo:

– Larry, tienes que ser tu. Tu eres el que lo ha visto.

Larry lanzo un suspiro y toco el timbre. Se oyo un furioso griterio al otro lado de la puerta y luego un ruido sordo y suave como de algo que caia al suelo. Larry carraspeaba. No le gustaba esto. Se sentia como un policia con todo el grupo tras de si, solo faltaban las pistolas en alto. Se oyeron pasos lentos dentro del apartamento, despues una voz:

– Mi pequena, ?que te ha pasado?

La puerta se abrio. Una ola de olor a pis cayo sobre la cara de Larry y este se quedo sin aliento. Gosta aparecio en el umbral vestido con una vieja camisa, con su chaleco y su pajarita. Llevaba un gato con rayas de color naranja y blanco acurrucado en uno de sus brazos.

– ?Si?

– Hola Gosta, ?que tal?

Los ojos de Gosta vagaban errantes sobre el grupo que permanecia en las escaleras. Estaba bastante borracho.

– Bien.

– Bueno, pues hemos venido a verte porque… ?sabes lo que ha pasado?

– No.

– Bueno, pues han encontrado a Jocke. Hoy.

– Ah. Eso. Si.

– Y lo que pasa es… que…

Larry volvio la cabeza, buscando apoyo en su delegacion. Lo unico que encontro fue un gesto de animo de Morgan. Larry no era capaz de estar alli fuera como una especie de representante de la autoridad y presentar un ultimatum. Solo habia una manera, se mirara como se mirara. Pregunto:

– ?Podemos entrar?

Se habia esperado algun tipo de resistencia; Gosta apenas estaba acostumbrado a que aparecieran cinco personas, asi de repente, a visitarlo. Pero asintio y dio dos pasos hacia atras para permitirles la entrada.

Larry dudo un momento; el olor dentro del apartamento era totalmente increible, era como una nube pegajosa en el aire. En su indecision, Lacke alcanzo a entrar el primero y tras el entro Virginia. Lacke acaricio detras de las orejas al gato que Gosta llevaba en brazos.

– Bonito gato. ?Como se llama?

– Es gata. Tisbe.

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