parte fueron las historias de empresarios arruinados saltando de las ventanas de los edificios de treinta plantas y desde el puente de Brooklyn.

– Si se calmaran, las cosas se estabilizarian mas deprisa. Incluso verian que tienen la oportunidad de crear nuevas fortunas -comento Andre.

Asenti, dandole la razon. Sin embargo, yo sabia algo que Andre ignoraba, algo que aquellos empresarios tambien debian de haber experimentado. Yo sabia lo que era ser pobre y que, una vez que uno consigue ser rico, cualquier cosa es mejor que volver a la pobreza de nuevo.

Capitulo 22

El Paris al que Andre y yo regresamos en enero de 1930 estaba cualquier cosa menos deprimido. La economia iba bien, se habian terminado las obras de reconstruccion de la guerra y el franco se habia estabilizado. El unico efecto perceptible de la Gran Depresion en la ciudad fue que desaparecieron los turistas estadounidenses. Sin embargo, los parisinos estaban tan animados como siempre y con las mismas ganas de diversion.

Andre tenia un viaje de negocios a Lyon con su padre y se marcho al sur un dia despues de nuestro regreso de El Havre. La primera persona a la que visite fue a monsieur Etienne, a quien habia dejado al cargo de mis negocios mientras Andre y yo estabamos fuera. Cuando me marche a Berlin, monsieur Etienne habia accedido a encargarse de mis asuntos en Paris -incluida la publicidad- mientras Andre me buscara los compromisos laborales. No podia asegurar si monsieur Etienne se habia quedado contento con aquel acuerdo al principio. Sin embargo, las cosas habian salido bien para todos tras los espectaculos del Adriana, y la relacion entre el y Andre era armoniosa y colaboradora.

– Tiene usted buen aspecto, mademoiselle Fleurier -me dijo al abrirme la puerta de su despacho-. Y ha vuelto justo a tiempo. Tengo cientos de ofertas para usted.

Habia una muchacha de cabello oscuro sentada en el puesto de Odette. Me resultaba familiar y recorde que era la hija de la portera. No la que habia sido desagradable conmigo durante mi primer dia en Paris, sino la que sustituyo a esa. Mire a mi alrededor en busca de Odette y vi que estaba rellenando unos papeles en la oficina de monsieur Etienne.

– ?Personal nuevo? -pregunte.

El rostro de monsieur Etienne adquirio una expresion apesadumbrada.

– Oh, ha habido algunos cambios por aqui -me respondio-. Odette intento localizarla en el Ziegfeld Theatre, pero no creo que la carta llegara a sus manos.

– No me sorprende -conteste-. ?Que ha sucedido?

– Mi sobrina se va a casar.

Odette salio de la oficina y coloco unos archivos sobre el escritorio. Avanzo hacia mi y nos dimos dos besos.

– ?Se va a casar? ?Con quien? -pregunte, arqueando las cejas para fingir sorpresa.

– Con un antiguo amigo de la familia -me respondio monsieur Etienne-. Joseph Braunstein.

– ?Acaso no es un buen hombre? -pregunte, percibiendo su expresion de disgusto-. No parece usted muy feliz por ella.

Monsieur Etienne se encogio de hombros.

– Es un joven maravilloso. Muy emprendedor. En realidad es mas porque voy a echar de menos a Odette. Ella es como una hija para mi.

– ?A que se dedica Joseph? -le pregunte a Odette.

– Dirige una prestigiosa tienda de muebles -contesto ella, sonriendo timidamente.

Yo habia mantenido la promesa de no mencionar a Joseph hasta que Odette lo hiciera, pero ?habria mantenido Joseph la suya de no contarle a Odette que yo le habia dado dinero? Dude. Confiaba en que Joseph pidiera en matrimonio a Odette tan pronto como comprara la tienda, pero el habia decidido esperar hasta que estuviera seguro de la rentabilidad del negocio. Conociendo los habitos de gasto de Odette, probablemente era un buen plan.

– Ah -exclame, apretandole la mano a Odette-. Odette lograra llevarlo a la bancarrota, ?sabe, monsieur Etienne? Y despues, tendra que volver a trabajar para usted.

El rostro de monsieur Etienne se ilumino y me condujo a su oficina. Cuando nos sentamos, abrio una carpeta atestada de cartas.

– Tengo una oferta muy buena del Folies Bergere -me explico, pasandome una carta de Paul Derval.

– No estoy segura de haberle perdonado por decir que yo no era lo bastante bonita para su coro.

Monsieur Etienne se reclino en su asiento y nego con el dedo.

– Tendra que superarlo. Dudo siquiera que monsieur Derval recuerde que asistio usted a una de sus audiciones. En lo que a el respecta, usted es «la mujer mas sensacional del mundo».

– ?Como cambian las cosas con el exito! -comente.

– Tengo buenas ofertas del Adriana, que les encantaria que volviera, y del Casino de Paris, que ahora esta regentado por Henry Varna. La compania discografica quiere que grabe usted otro disco y tenemos ofertas para hacer cine que provienen de tres paises distintos, incluida la Paramount en Estados Unidos. Asi que, si, tiene usted razon: el exito, efectivamente, cambia las cosas -me aseguro monsieur Etienne-. Y ahora, digame: ?que va a hacer usted primero?

– Lo primero que voy a hacer -conteste, cogiendo mi bolso- es ir a las Galerias Lafayette. Odette y yo tenemos que irnos de compras para encontrarle un regalo de bodas.

Recorrimos las Galerias Lafayette durante tres horas. Odette no queria nada demasiado practico como ropa de cama o electrodomesticos. Pero como ella y Joseph iban a vivir en casa de los padres de Odette hasta que encontraran una casa propia, quedamos en que un pesado armario chino o una urna griega no resultarian convenientes. Finalmente, eligio unos manteles individuales a juego con cuencos de plata para la fruta. Podria guardarlos bajo su cama o en un armario hasta que se mudaran. Me puse de acuerdo con el encargado de la tienda para que se los enviaran a domicilio.

«?Odette casada?», pense, contemplandola mientras garabateaba su direccion para el encargado. Habiamos recorrido mucho camino para llegar hasta aquel punto, pero ahora todo parecia acelerarse. ?Seria igual para mi y Andre? Quiza la paciencia realmente era una virtud y las cosas acababan por suceder a su debido tiempo.

Mientras tomabamos un cafe en La Coupole, le conte a Odette lo que habia sucedido entre Andre y yo durante nuestro viaje a America y le confie mis preocupaciones sobre su familia. Sonrio con complicidad.

– No creo que ni mis padres ni los de Joseph nos hubieran puesto las cosas faciles si nos hubieramos precipitado. Tomate tu tiempo y se paciente. Por lo que me has contado, Andre esta sinceramente enamorado de ti, asi que simplemente deberias confiar en eso.

Segui el consejo de Odette al pie de la letra. Decidi sentirme orgullosa de lo que era y de lo que hacia, y acepte la prestigiosa oferta del Folies Bergere. Mientras tanto, ahora que estabamos de vuelta en Paris, Andre planeaba presentarme en sociedad.

– Sera mejor que empiecen a acostumbrarse a vernos juntos -

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