billetes, Eduard se haria el dormido y yo hablaria por el.

Era consciente de que las paredes del compartimento eran muy delgadas y de que teniamos a alemanes a ambos lados, pero me sentia fascinada por los dos hombres de la RAF y queria saber mas sobre ellos. Especialmente sobre Roger. Me preguntaba cual seria su verdadero nombre, pero Raton me habia prohibido indagar sobre cualquier detalle de las vidas reales de mis acompanantes, por si me detenian.

– Si la torturan, cuanto menos sepa, mejor sera para el resto de nosotros -me habia advertido.

Eduard se habia quedado realmente dormido, asi que le susurre a Roger:

– ?Nacio usted en Argelia?

Si no podia mantener una conversacion real con el, seguramente lo que si que podia era familiarizarme un poco mas con su historia de tapadera.

Roger entro en el juego.

– Mis hermanas y yo nos fuimos a vivir con mis abuelos despues de que mis padres murieran en un accidente ferroviario. Mi abuelo era un capitan de la marina retirado que viajo a Argelia y no quiso marcharse de alli.

Raton me miro frunciendo el ceno, y despues parecio pensarselo mejor. ?No habia insistido el mismo en que las historias de tapadera tenian que practicarse hasta que fueran perfectas y hasta que se pudiera contestar a cualquier pregunta sin dudarlo ni un instante?

– ?Y como es que esta usted en Francia? -le pregunto a Roger.

– Mi tio me invito a venir aqui para estudiar derecho en la Sorbona. Y me enamore de Paris.

– ?Por que no lo convocaron para hacer el servicio militar? -le pregunte yo, sabiendo que esa seria la primera pregunta que le harian los alemanes a un hombre de su edad.

– Soy diabetico -contesto.

«?Dios mio! -pense-. Espero que si lo detienen y los alemanes traen un medico, sea capaz de simularlo».

Trate de identificar que era verdad y que no de aquella historia. Adivine que Roger probablemente si tenia dos hermanas. Tambien puede que hubiera estudiado derecho, pero no en la Sorbona. ?Cual hubiera sido la utilidad de saber derecho frances si pretendia ejercer en Gran Bretana o en alguno de sus territorios?

No habia surgido ninguna complicacion cuando el revisor comprobo nuestros billetes y nuestra documentacion al embarcar al tren, pero cuando nos detuvimos en la linea de demarcacion y cuatro policias franceses entraron en el vagon, el pulso comenzo a latirme con fuerza.

– Bonsoir, mesdames y messieurs -nos saludo uno de los policias, echandole un vistazo a nuestro compartimento-. Sus papeles, por favor.

Tal y como habiamos planeado, Roger le saco cuidadosamente los papeles del bolsillo a Eduard, los puso sobre los suyos y me los paso a mi. Yo le entregue nuestros tres visados al policia mientras Raton hizo lo mismo con los del Juez y los de madame Goux. El policia los examino mucho mas detenidamente de lo que habia visto hacer a nadie antes de la guerra. Comparo mi aspecto real con la fotografia de mi pasaporte e hizo lo mismo con las de los demas. Sin embargo, contemplo durante un tiempo insoportablemente largo la de Eduard.

– Despiertenlo, por favor -nos ordeno, senalando al escoces con la barbilla.

– ?Es estrictamente necesario? -le pregunte, apoyando la mano en la muneca del policia-. Ha contraido la gripe y lleva durmiendo desde Paris.

Esperaba que mi comentario sobre que Eduard tenia gripe provocara que el policia saliera de nuestro compartimento rapidamente, pero la expresion de su severo rostro no cambio. Comprobe horrorizada que se inclinaba hacia el pasillo y llamaba a otros policias para que acudieran. Observe a Raton. En apariencia, su rostro y su postura eran tranquilos, pero vi que los nudillos se le habian puesto de color blanco, porque estaba apretando el reposabrazos con todas sus fuerzas.

Llegaron tres policias mas, bloqueando el pasillo. Dirigi la mirada hacia los revolveres que llevaban atados al cinturon.

– Observen -les dijo el policia, sosteniendo los papeles de Eduard hacia ellos-. Este documento es detalladamente correcto. Eso es lo que los alemanes quieren ver. Este es el aspecto de un visado autentico.

Los demas policias observaron el papel y asintieron.

– Los franceses no comprenden lo mucho que retrasan las cosas por no hacerlas con precision -comento uno de ellos.

El primer policia nos devolvio los papeles, se toco la gorra y nos deseo un buen viaje. Tuvimos cuidado de no relajarnos tan pronto como se marcho. Hasta que los policias no se apearon y el tren no inicio de nuevo su marcha, no dejamos escapar un suspiro de alivio colectivo.

– Tendremos que avisar al falsificador que utilizas en Paris -le dijo el Juez a Raton-. Puede que sea demasiado bueno…

Se suponia que el viaje en tren a Marsella duraba solamente una noche, pero nos habian advertido que, con todos los controles, podia prolongarse entre dos y tres dias. En cada parada tenia que sacar a los perros para que hicieran sus necesidades y a Cherie tambien, cuando le hacia falta. Me daba cuenta de por que Raton habia puesto objeciones a que me llevara a los animales, pero tenia que mantenerme firme en mi decision y encontrar un metodo para arreglarmelas. No habiamos podido reservar compartimentos en los coches cama, pero nos resignamos a dormir sentados mientras no nos molestaran. Madame Goux y Raton cerraron las cortinillas. Coloque a Bruno cerca de la puerta para que nos advirtiera de si alguien entraba. Princesse se hizo un ovillo sobre mi regazo y Charlot se quedo sobre los pies de Roger. Cherie parecia feliz de dormir en su jaula sobre el portaequipajes.

En un tren atestado de alemanes, no ibamos a arriesgarnos a cenar en el vagon restaurante, por lo que me empezo a sonar el estomago mientras me quedaba dormida y sonaba con policias que inspeccionaban sin fin mis papeles. Debi de dormir durante cerca de una hora cuando el tren disminuyo la velocidad y acabo por detenerse. Oimos gritos en el exterior; las voces eran de alemanes. Me sente erguida. Los demas hicieron lo mismo. El Juez miro a traves de las cortinillas.

– Otro control. Esta vez de alemanes.

Unos minutos mas tarde, el revisor llamo a la puerta de nuestro compartimento.

– Que salga todo el mundo. Dejen su equipaje dentro del compartimento.

– De acuerdo -susurro Raton en ingles-, mademoiselle Fleurier y yo nos adelantaremos con los papeles de todos. Los demas, sigannos de cerca.

Deje a Cherie donde estaba, pero me lleve a los perros.

Nos apeamos del vagon y nos encontramos en un anden invadido por soldados alemanes. Aunque ya habiamos cruzado la linea de demarcacion y se suponia que estabamos en la Francia de Vichy, parecia que los alemanes les estaban proporcionando cierta «ayuda» a los policias locales para inspeccionar los papeles de los viajeros. Vi con horror que los mostradores de control estaban divididos por idioma y que habia uno para ciudadanos checos. Estabamos acabados.

– Quedese con nosotros -le susurro el Juez a Eduard-. No permita que lo separen. Pase lo que pase, mantenga la calma.

Nos condujeron a la mesa ante la que se sentaba un oficial esperando a inspeccionar los documentos de los pasajeros franceses de primera y segunda clase. Era el hombre vestido con mas pulcritud que habia visto en mi vida. Sus botas brillaban bajo las tenues luces de la estacion como si

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