Si el Juez me habia felicitado por mi frialdad ante el peligro, ella tambien se merecia un buen cumplido. Madame Goux habia demostrado mucha compostura durante todo el viaje y habia representado estupendamente su papel de eficiente secretaria.

– Tenemos un contacto en Marsella -nos explico Raton-. Cuando hayamos hablado con el, nos marcharemos por mar o cruzaremos los Pirineos para introducirnos en Espana. Pero me temo que no podre decirle cual de los dos metodos utilizaremos.

El mar seria mas facil que los Pirineos, que suponian cruzar unas escarpadas montanas, dificiles de sortear. Roger, Eduard y Raton parecian bastante en forma como para conseguirlo, pero me preocupaba el Juez.

– Por favor, senores, coman y descansen mucho mientras esten aqui - les dije-. No reparare en gastos con ustedes. Tienen que coger fuerzas para su huida.

Roger levanto la copa de champan.

– Me gustaria proponer un brindis por mademoiselle Fleurier - anuncio-. Por ser tan comprensiva.

Me di cuenta de que Roger tenia el tipo de energia que habia admirado en Andre. Cuando habia trabajo pendiente podia ser una maquina, pero en los momentos personales se ablandaba.

Los demas levantaron sus copas y me aclamaron.

– ?Gracias! -les dije-. Les conozco desde hace muy poco tiempo y ni siquiera se quienes son algunos de ustedes, pero creo que voy a echarles de menos.

Levante la vista, mirando directamente a Roger a los ojos. Me sostuvo la mirada durante un instante antes de volverse. Estaba sonriendo.

El Juez subrayo la importancia de mantener nuestras historias de tapadera para evitar sospechas. Mientras que el y Roger se reunian con su «contacto» -deduje lo suficiente como para adivinar que en realidad se trataba de dos personas, alguien que ocupaba un alto cargo en la marina francesa y un soldado aliado que habia escapado del Fort Saint-Jean-, los demas teniamos que seguir manteniendo las apariencias. Hice que me instalaran un piano en la suite para que Eduard tocara, lo cual tambien nos proporciono una excusa para dejar colgado en la puerta el cartel de «No molestar».

Mientras tanto, Raton y yo fuimos a ver al director artistico del Alcazar.

– Mademoiselle Fleurier, ?hemos tratado de que viniera a actuar aqui durante anos! -exclamo Franck Esposito-. ?Y por fin ha venido a vernos!

Segun parecia, Raimu estaba a punto de realizar un espectaculo en el teatro, pero estaban interesados en que yo hiciera un par de numeros como artista invitada y hablamos sobre organizar una produccion especial para la siguiente temporada. Para mi sorpresa, a pesar de la guerra y su falta de experiencia, Raton consiguio negociar un buen contrato en mi nombre.

Siempre que podiamos, comiamos todos juntos en restaurantes elegantes de la Canebiere, para no llamar la atencion por estar siempre recluidos en nuestra suite. Marsella habia sido bombardeada por los italianos, pero aparte de aquello, la guerra y los alemanes parecian estar muy lejos. Algo en el caracter duro de los marselleses me decia que opondrian mucha mas resistencia que sus compatriotas del norte. Una noche, una espanola entro en el restaurante donde estabamos cenando vendiendo ramilletes de lavanda. Se parecia tanto a mi madre que me quede sorprendida. «Extrano a mi familia», pense. En medio de toda aquella agitacion y miedo, deseaba estar con ellos. Sin embargo, durante las ultimas semanas, habia dado prioridad a mi pais. Si lo hubieran sabido, seguramente me habrian implorado que hiciera exactamente lo que habia hecho; pero ignoraban donde me encontraba ni lo que estaba haciendo y me dolia pensar que les podia causar preocupacion.

Una semana mas tarde, mientras nos hallabamos reunidos en la suite del hotel, el Juez anuncio que Raton, Eduard y el mismo se marcharian esa noche en un tren en direccion a Toulouse.

– ?Y que pasa con Roger? -pregunto madame Goux.

– El se queda -respondio el Juez.

El corazon se me paro un instante. No reuni el arrojo para mirar a Roger. No tenia ni la menor idea de quien era en realidad, pero estar cerca de el se habia convertido en algo importante para mi.

– ?Para que? -inquirio madame Goux.

– Todavia hay cientos de pilotos derribados en Francia -le explico Roger, poniendose en pie y dirigiendose hacia la ventana-. Tambien hay prisioneros de guerra fugados que estan tratando de venir hacia el sur por su cuenta. A muchos de ellos los vuelven a capturar. Es una perdida de hombres con experiencia para los Aliados. Mi contacto esta preparando una serie de pisos francos desde Paris por todo el camino hasta el sur para conseguir llevar a esos hombres hasta los Pirineos. Pero necesita colaboracion y gente en la que pueda confiar. Me voy a quedar en Francia para ayudarlo con su red.

Me senti sobrecogida por la valentia de Roger. Los franceses demostraban demasiada cobardia egoista, y alli habia un extranjero preparado para arriesgar su vida por luchar contra el enemigo.

– Yo tambien quiero contribuir -le asegure-, en todo lo que pueda.

– Y yo -afirmo madame Goux.

El rostro de Roger se ilumino.

– Ninguna de las dos se puede imaginar lo valiosas que son ustedes para la Resistencia. Pero no quiero pedirles mas de lo que ya han hecho, senoras.

– Pida usted -le inste-. ?Que podria ser mas importante para nosotras que salvar a Francia?

Roger se sento junto a mi.

– El apartamento de Paris…, ?podriamos usarlo?

– Por supuesto -le respondi-, y tambien tengo una casa en Marsella que he heredado. Esta en el Vieux Port. No es nada del otro mundo, pero la he reformado por dentro y no es en absoluto llamativa.

Roger dio una palmada.

– ?Habla aleman e ingles y tiene una casa en Marsella! ?Que descubrimiento es usted para la Resistencia!

Se volvio hacia madame Goux.

– Tambien me tiene usted impresionado, madame. Me gustaria que volviera a Paris para que pueda mantener vigilado el edificio. Volveremos alli.

– ?Manana! -exclame.

Pense en el plan para visitar a mi familia una vez que el grupo de huidos se hubiera marchado. Me preocupaba saber si Minot y madame Ibert habian llegado sin percances a la finca y tambien si Odette y su familia estaban alli. Le explique mi situacion a Roger, que se entusiasmo por lo que le conte.

– ?Asi que no solo rescata animales abandonados, mademoiselle Fleurier! -exclamo-. ?Tambien cuenta con experiencia rescatando y escondiendo gente!

Me ardia la cara. ?Por que todos los cumplidos que me dedicaba me hacian sentir como una nina pequena? Un frances jamas habria logrado tal cosa.

– ?Donde esta Sault? -pregunto, desdoblando un mapa de Francia-. ?Como llegamos hasta alli?

Le mostre la linea que marcaba la via del tren a Avinon. Aunque el viaje se prolongaba durante cerca de seis horas con todas las conexiones, parecio emocionado.

– ?Estaria su familia dispuesta a esconder militares aliados? Se trata de un lugar muy apartado, por si en algun momento necesitamos un sitio en donde puedan quedarse hasta que se calmen las cosas.

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