Roger y yo nos intercambiamos una mirada. Bernard se dio cuenta y me dedico una mirada confundida.
Mientras mi madre y tia Yvette nos preparaban pan y frutos secos, madame Ibert y Minot les llevaron agua a los perros, que estaban fuera.
– No hemos visto ni un solo aleman por aqui -comento Bernard-. A pesar de lo que ha pasado en el norte.
– Asi que las cosas no han cambiado mucho en la aldea, ?no? -le pregunte.
Bernard nego con la cabeza.
– Excepto que monsieur Poulet ha recibido orden de quitar la estatua de la Marianne y otros simbolos de la Republica. Estan sustituyendo el lema: «Libertad, igualdad, fraternidad» por el nuevo aforismo de Petain: «Familia, trabajo, pais».
– ?Los sentimientos por aqui se han vuelto en contra de los Aliados desde el bombardeo de Mazalquivir? -le pregunto Roger, cogiendo un higo-. En Marsella si ha sucedido.
Comprendia que Roger estaba tanteandolo, tratando de ganarse la fidelidad de mi familia. Bernard me contemplo en busca de algun gesto de confianza. Sabia que el acento de Roger le habia dejado perplejo. No era demasiado pronunciado, pero resultaba imposible no notarlo. Claramente, no provenia ni de Paris ni de Marsella.
– Muchos de los marineros que murieron probablemente eran de alli - le contesto Bernard cautelosamente-, pero la mayoria de la gente aqui piensa que era de esperar. ?Que otra cosa podian hacer los Aliados? Petain les saco las castanas del fuego, y los britanicos advirtieron a la marina francesa que se verian obligados a destruir la flota si no se entregaban. No podian permitir que los barcos cayeran en manos alemanas.
– ?Malditos
Roger contemplo fijamente a Bernard.
– Su aldea debe de contar con un buen servicio de noticias -observo-. Lo unico que llega a Marsella y a Paris es la propaganda alemana.
Bernard palidecio. Comprendi su temor. En los tiempos que corrian, una opinion inadecuada podia ser fatal.
– No pasa nada -le asegure-. Roger piensa lo mismo que tu.
Bernard me miro con tal confianza que me enternecio el corazon. Se inclino sobre la mesa.
– Nuestro alcalde ha conseguido montar un aparato de radio. Hemos estado escuchando la BBC.
Sintonizar una cadena de radio «enemiga» era ilegal y estaba penado con la carcel. Contemple a mi familia y amigos con orgullo. Habian nacido para ser de la Resistencia.
Mi tia y mi madre sirvieron el vino y se sentaron a la mesa con nosotros. Madame Ibert y Minot entraron para unirse a la discusion. Note que el pie de Roger me daba un golpecito en el mio. Confiaba en Roger y sabia como era mi familia. Ahora era el momento de reunidos a todos.
– Yo respondo de la discrecion de mi familia -le dije a Roger-. Y Minot y su madre son judios. Madame Ibert siente lo mismo que yo con respecto a los nazis. Creo que deberia contarles a todos lo que tiene que decir. De todos modos, tendran que trabajar juntos.
– Soy australiano -anuncio Roger, y una vez que todo el mundo se hubo recuperado del asombro, continuo explicandoles como llego a quedarse aislado en Francia y lo que pretendia hacer para construir una red para la Resistencia.
– ?Y yo que habia pensado que era usted el prometido de Simone! - comento mi madre, con una sonrisa bailandole en los labios.
La sangre se me agolpo en las mejillas. Estaba segura de que debia de estar brillando como un farolillo. Resultaba ironico que mi madre, que apenas solia pronunciar palabra, especialmente en presencia de extranos, se hubiera atrevido a decir algo tan embarazoso. Roger se revolvio en su asiento. Ninguno de los dos nos atrevimos a mirar al otro. Lo unico que pude hacer fue dedicarle a mi madre una mirada de reproche.
Bernard salio en mi rescate.
– Si hay cualquier cosa que podamos hacer para ayudar a Francia - declaro-, le aseguro que tendra nuestro apoyo total para ello.
Roger examino cuidadosamente cada uno de los rostros de las personas que estaban sentadas a la mesa. No habia duda de que habia creado un equipo extraordinario en una sola tarde. Tenia a su disposicion a una estrella del teatro de variedades, a una violinista, a un comerciante de lavanda, un director de teatro, dos campesinas y una octogenaria.
Roger sonrio y levanto su copa.
– Tenemos una nueva celula en la region de Pays de Sault -sentencio-. Mesdames y messieurs, bienvenidos a la red.
Aunque mi madre y mi tia nos rogaron que nos quedaramos mas tiempo, pasar un dia mas fuera de Paris podia significar perder un nuevo soldado a manos de los alemanes. Roger y yo se lo agradecimos, pero les explicamos que debiamos regresar a Paris lo antes posible. Habiamos decidido que madame Ibert viniera con nosotros para que pudiera organizar su apartamento como piso franco.
Les habia cogido tanto carino a
– No creo que nuestro trabajo fuera a ser el mismo sin al menos un companero peludo -afirmo Roger, cargando la jaula gatera en la parte de atras de la camioneta de Bernard, y subiendose el mismo despues para sentarse con
– No deberias haberte enfadado conmigo por decir que era tu prometido -me susurro mi madre-. Es amable y no ha apartado la mirada de ti en ningun momento. No quiero que estes sola.
Hice como que no la oia. En otro momento y otro lugar, podria haberme permitido el lujo de enamorarme de Roger. Pero estabamos en guerra, luchando por salvar nuestros paises. ?Como podia involucrarme en nada mas?
Paris estaba sombrio cuando regresamos. Los conciliadores muchachos de pueblo de la primera avanzadilla alemana habian sido sustituidos por oficiales mas siniestros, y la verdadera naturaleza de la ocupacion alemana estaba empezando a salir a la luz. La mayoria de las tiendas cerca de la Gare de Lyon estaban abiertas, pero apenas habia comida en los escaparates y las baldas. Es decir, apenas habia comida para los franceses. Mientras que los parisinos tenian que hacer cola para que les proporcionaran escasas raciones de pan y carne, vimos a un carnicero llenando un automovil aleman de multitud de paquetes. La divisa de la ocupacion se habia fijado en veinte francos por marco. Antes de la guerra era menos de cuatro.
– Que manera tan sofisticada de saquear -murmuro Roger, leyendo la notificacion de racionamiento colocada en el escaparate de una panaderia.
Tras leer otras notificaciones, nos enteramos de que los comercios de ropa y calzado tambien estaban obligados a racionar sus existencias.
No habia taxis que nos pudieran llevar hasta el apartamento. Todos los
