noche al Casino de Paris -comento con una gran sonrisa en la cara mientras caminaba con aire arrogante por el escenario- y no han ido a ver a Mistinguett al Moulin Rouge. -Se detuvo, miro a la multitud y se paso lentamente la lengua por el interior de la mejilla-. ?Saben ustedes la diferencia entre Mistinguett y una pirana?
El publico se puso en tension, a la espera del remate del chiste.
– El pintalabios.
La multitud rugio de la risa y aplaudio. Noir rapidamente siguio hablando.
– ? Que es lo primero que hace Mistinguett cuando se levanta por la manana? -Y, tras una pausa ensayada, contesto a su propia pregunta-: Se pone la ropa y se va a su casa.
Aquella broma hizo que el publico se carcajeara y aplaudiera aun mas. Me pregunte si estaria alucinando. ?Podia ser realmente aquel hombrecillo obeso Jacques Noir? ?El Jacques Noir al que le pagaban mas de dos mil francos por actuacion? Aquel hombre era atroz.
Mire al otro lado del escenario para ver a su esposa. No parecia estar prestando mucha atencion a la actuacion de su marido; daba una puntada tras otra como si estuviera esperando el tren en lugar de entre bastidores en un teatro de variedades. Mientras tanto, Noir paso de despellejar a Mistinguett a humillar a Maurice Chevalier, que habia aparecido en las columnas de cotilleos esa misma semana porque se rumoreaba que habia intentado suicidarse.
– Saben lo que ha pasado, ?verdad? -comento Noir riendose y mirando al publico-. Dicen que fue porque tiene malos recuerdos de la guerra. ?Ja! Sera mas bien por los malos recuerdos de Nueva York. Cuando estaba tratando de labrarse un nombre como gran estrella de Broadway, un nino y su madre se le acercaron y el nino le pregunto: «Mister Chevalier, ?puede firmarme en mi cuaderno de autografos?». «Claro, chico», contesto Chevalier, lo suficientemente alto como para que todo el mundo en el radio de una milla supiera que alguien lo habia reconocido. Pues bien, el muchacho saco su minusculo cuadernillo, de no mas de cinco por cinco centimetros, que habia comprado en un almacen de baratillo. «Vaya, muchacho -comento Chevalier-, no hay mucho espacio aqui. ?Que quieres que ponga?». El chaval se lo penso durante un rato y entonces se le encendio la mirada. «?Sabe, mister Chevalier? ?Quiza podria escribir todo su repertorio!»
El chiste hizo que el teatro se viniera abajo por las carcajadas del publico. La relacion de Noir con los espectadores me desconcerto. ?Me estaba perdiendo algo? ?Quiza trabajar con Rivarola habia hecho que perdiera mi sentido del humor? Me pregunte que pensaria monsieur Volterra de las pullas de Noir a Mistinguett y Chevalier; despues de todo, eran dos de las estrellas mas importantes que habian pasado por el Casino de Paris. Dudaba que despues de aquella noche quisieran volver a actuar alli de nuevo. Pero Noir tambien tenia algo preparado para monsieur Volterra.
– ?Como se puede saber si un empresario teatral esta vivo o muerto? -pregunto al publico-. ?Abaniquenle con un billete de dos mil francos!
Despues de aquello, la orquesta comenzo a tocar y Noir inicio una cancion. Todo el tono de la actuacion cambio y entonces comprendi que era lo que lo hacia tan atractivo. Noir tarareaba y medio cantaba, medio recitaba la cancion con una voz que era la mejor que yo habia oido en un cantante en Paris. Tenia mas resonancia que el argot de Chevalier y era mas agil en sus saltos y acentuaciones que la de Fernandel. Si cerraba los ojos, podia olvidarme de que la cancion la estaba interpretando aquel hombre tan repugnante. Aquella voz pertenecia a alguien apuesto. Pero incluso cuando abri los ojos, el aspecto de Noir mejoro mientras cantaba. Tenia algo magnetico. Trate de descubrir con exactitud que era, porque me temia que podia ser aquella «cualidad para el estrellato» que yo andaba buscando tan desesperadamente. Quiza era la confianza que irradiaba por todos los poros de su generoso cuerpo. Era bueno y lo sabia.
Estaba tan embelesada por su cancion sobre un dandi que esta enamorado de la doncella de su amante que me olvide del taburete astillado y de la crueldad de las bromas que antes habia contado. La voz de Noir suavizaba sus asperezas de la misma manera que el mar despunta las piedras afiladas. Pero al instante siguiente deje de disfrutar de un golpe. Noir cogio un baston y recorrio dando saltitos el escenario mientras balanceaba el baston al ritmo de una musica que reconoci perfectamente.
;La! ?La! ?Bum! Aqui viene Jean
en su nuevo Voisin.
?La! ?La! ?Bum! Y pregunta: «?Que haces?».
?Que le puedo decir?
?La! ?La! ?Bum! Que estoy calentando mi maquinita…
Noir estaba parodiando la cancion que yo habia cantado en el espectaculo de la temporada anterior, pero su version estaba llena de dobles sentidos. Sin embargo, peor que la parodia de la cancion, era que se estaba burlando de mi, meneandose, dando saltitos y contoneando su trasero de la misma manera que yo habia tenido que hacerlo por orden de madame Piege. Mire alternativamente a Noir y a los espectadores; se estaban riendo y sus bocas abiertas parecian cientos de negras cavernas. En su momento, aquel numero ya me habia resultado odioso, pero eso no disminuyo mi humillacion. Noir habia convertido aquella antigua actuacion estupida mia en un recuerdo realmente vergonzoso.
Hubiera sido suficientemente humillante si Noir hubiese dejado su parodia ahi. Pero para anadir sal a la herida, termino el numero con una pose de tango, le lanzo un beso al publico y murmuro, con una voz sexy pero burlona, extendiendo las vocales para imitar un acento sureno:
– He recorrido un largo camino, ?verdad, queridos? ?Miradme hasta donde he llegado ahora!
Cayo el telon y el publico enloquecio. El horror me abrumaba y no podia moverme. Despues de tres bises, Noir salio y el director de escena me echo del taburete para dejar paso a los tramoyistas, que tenian que cambiar el decorado. Mire fijamente al director, que no me presto ni la mas minima atencion. ?Era tan insensible que no me habia relacionado con la actuacion de Noir antes de dejarme presenciarla? Corri a mi camerino, tan ciega por la furia que los demas artistas que se apresuraban por los pasillos pasaban ante mi como imagenes borrosas. Pegue un portazo.
Me lance sobre mi tocador y comence a pasarme un peine bruscamente por el cabello. No queria aparecer en el numero final. Lo que deseaba era irme a casa.
– ?Y a ti que te pasa? -me pregunto madame Ossard, ajustando la puntilla de los aros a traves de los que saltaban sus perros.
Evite su mirada y cambie el peine por una brocha de maquillaje, aplicandomelo furiosamente a la frente.
– Oh -exclamo-, ?ya has visto la actuacion de Noir?
Tire la brocha y me encogi de hombros. Se me ocurrio que todos los demas artistas ya hacia tiempo que habrian visto la parodia. ?Por que nadie me habia dicho nada?
Madame Ossard chasqueo la lengua.
– Es un malnacido por hacerle algo asi a alguien que esta empezando. Especialmente cuando es una companera del Casino.
– ?Como pueden dejarle hacerlo? -pregunte, con voz temblorosa-. No es justo.
Madame Ossard se saco un panuelo del escote y me lo entrego. El tejido olia al jabon de alquitran que utilizaba para lavar a sus perros.
– Tomatelo como un cumplido -me aconsejo-. No ha logrado poner al publico en contra de tu numero, ?a que no? En todo caso, es una buena publicidad para ti.
– Pero me hace parecer tonta -proteste.
Me di cuenta entonces de que me habia disgustado tanto. Al reirse de mi, Noir me habia rebajado de nuevo a cantante comica. En aquel momento, comprendi lo dificil que era «crecer» en el escenario. Siempre habria alguien que me recordaria las cosas que habia tenido que hacer para avanzar.
Madame Ossard me agarro firmemente la barbilla entre los dedos y
