abierto la portezuela del Rolls-Royce de Noir. Me encogi de hombros y entre en el teatro, sin apenas darle importancia a la hosquedad de la pareja. Me sentia demasiado emocionada por ir a ensayar mis canciones para la actuacion de esa noche.

Sin embargo, la tarde siguiente cuando llegue al Casino para los ensayos, se percibia la tension en el ambiente. Lo note en el maleducado saludo que me dirigio el portero y el modo irritable en el que me entrego los cambios de programa el director de escena. Fuera de los camerinos, encontre a las coristas y a dos de los payasos reunidos alrededor del tablon de anuncios. Por la indignacion que se adivinaba de su postura de brazos cruzados y pies separados, supuse que a alguien le habian penalizado injustamente por algo. A los artistas de actos menores les solian multar por rasgar sus trajes, llegar tarde a los ensayos o actuar con calzado desgastado o faltandoles un boton.

– Que cara mas dura tiene ese hombre -murmuro uno de los payasos.

Sophie, la corista principal, nego con la cabeza.

– Quienquiera que haya sido tendria que haberselo pensado dos veces. Ahora todos tendremos que andar con pies de plomo.

No pude resistir la tentacion de averiguar cual era el problema. Las reprimendas normales provocaban quejas y exabruptos, pero aquello parecia que era algo mas interesante. Espere en mi camerino hasta que oi que las coristas bajaban a su ensayo y saque la cabeza al pasillo para comprobar si habia moros en la costa. No habia demasiadas cosas en el tablon: un par de cambios de programacion y varios anuncios de alquiler de habitaciones. Entonces, me percate de la existencia de la notificacion, que sabia que era nueva por lo blanco del papel. Se habia mecanografiado el mensaje en mayusculas. Las palabras me gritaron desde la superficie inmaculada:

NOTIFICACION A TODOS LOS ARTISTAS:

NO ES NECESARIO QUE LOS INTERPRETES DE ACTOS

SECUNDARIOS O DE REPARTO SALUDEN A MONSIEUR NOIR.

ABSTENGANSE DE HACERLO, PUES MONSIEUR NOIR LO

CONSIDERA MOLESTO Y MALEDUCADO. ADEMAS, VA EN

CONTRA DEL PROTOCOLO DEL CASINO DE PARIS QUE LOS

INTERPRETES DE ACTOS MENORES TRATEN DE ENTABLAR

CONTACTO CON LA ESTRELLA.

LA DIRECCION

Me quede alli, en mitad del pasillo, con la boca abierta. Tarde un momento en comprender aquellas palabras. Era la absurda exigencia de un megalomano, pero la manera en la que estaba redactada la notificacion, el modo en el que las letras parecian selladas sobre el papel en lugar de mecanografiadas y el hecho de que no estuvieran dirigidas directamente a la culpable -es decir, a mi-, daban la sensacion de que se hubiera cometido un delito atroz. Me sonroje avergonzada. Me senti tan humillada como aquel tramoyista que habia recibido una reprimenda por defecar sobre el asiento del inodoro.

Hice lo que pude por olvidarme de la notificacion y concentrarme en los ensayos, pero me fue resultando cada vez mas dificil a medida que avanzaba la tarde. Pronto descubri que no solo habian colgado la nota en el tablon de anuncios. Habia copias por todo el teatro: en las salas de ensayo, cerca de las escaleras, por todos los bastidores, incluso en el interior de las puertas de los retretes. Para empeorar las cosas, continuamente escuchaba a los otros artistas hablando entre susurros sobre el tema. La notificacion era la novedad del dia y se hablaba de ello con tanta pasion como escandalo. «?Quien piensas que ha podido ser?», «Apuesto a que ha sido esa bailarina listilla…», «No, ha sido Mathilde. Siempre esta tratando de ganar posiciones en el espectaculo humillandose ante las estrellas».

En un momento en el que estabamos ensayando el numero final, senti la tentacion de hacerles callar y confesar que yo era la delincuente. Pero no logre reunir el valor para hacerlo. Mi burbuja habia estallado. Seguramente Jacques Noir le habia dicho a monsieur Volterra exactamente quien era la culpable, pero en lugar de venir a verme el personalmente, el empresario teatral le habia dictado la notificacion a su secretaria. ?Por que? Porque monsieur Volterra era un hombre ocupado y la notificacion resultaba conveniente. Gracias a ella, podia reprenderme a mi y advertir a los otros artistas al mismo tiempo. Si yo hubiera sido la estrella que creia ser, monsieur Volterra habria venido a mi camerino y me habria explicado la situacion.

«No quiero preocuparla por esto, mademoiselle Fleurier», me habria dicho, pasandome el brazo por los hombros, con un gesto paternal y comportandose como si el incidente fuera una broma entre nosotros. «Ya se que no tiene importancia, pero monsieur Noir es la estrella principal y tenemos que acomodarnos a su idiosincrasia. Lo entiende, ?verdad?»

?Y que queria decir con la expresion «actos menores»? A pesar de todo el dinero que se habia gastado en mi y de todas las criticas favorables que habia recibido, ?eso es lo unico que yo era, a fin de cuentas?

Cuando termino el ensayo, me console invitando a Odette a que se viniera conmigo de compras. Queria amueblar mi nueva habitacion del hotel. Una de las primeras cosas que habia hecho despues de que Le Figaro me elogiara fue mudarme del Barrio Latino a un hotel en el area de la Etoile donde tenia dos habitaciones y mi propio cuarto de bano. El hotel en si no era muy lujoso, pero la zona era mas adecuada para una estrella en ciernes. Las calles del octavo arrondissement estaban llenas de prestigiosos hoteles, impresionantes edificios de piedra caliza y cafes que servian el champan en copas de cristal. Camille tambien vivia en la orilla derecha, en un apartamento en el lujoso hotel Crillon, financiado por su nuevo amante, el playboy Yves de Dominici.

Cuando monsieur Etienne se entero de mi cambio de direccion, no me reprendio abiertamente por no ser ahorradora. Comento que estaba siguiendo los pasos de Picasso, que se habia mudado a aquella zona con su esposa rusa, Olga Koklova.

– ?Que quiere usted decir con eso? -inquiri.

Sonrio sarcasticamente.

– Bueno, Picasso comenzo en Montmartre, se mudo a Montparnasse y ahora vive en el barrio de la Etoile. Parece convenirle mucho a las aspiraciones de ascension social de su esposa.

– No, monsieur Etienne, esta usted equivocado -le respondi, dedicandole una sonrisa descarada-. Yo nunca he vivido en Montmartre.

Me entrego una carta de presentacion para su banquero.

– Monsieur Lemke estara encantado de ayudarla a invertir parte de su dinero, si en algun momento decide hacerlo.

No le dije a monsieur Etienne que habia conocido a Picasso. Cuando el nudoso espanol aparecio en mi camerino, con su esposa merodeando nerviosamente detras, mi ignorancia me impidio comprender lo importante que era aquella visita. Sus ojos intensos y la descuidada manera que tenia de hablar frances me recordaron a Rivarola, aunque por supuesto el argentino no hablaba ni palabra de frances. El pintor llevaba un traje de etiqueta con una faja roja, pero su aspecto parecia tan incongruente con aquel atuendo como mi madre con la estola de zorro plateado. Me dijo que le gustaria retratarme y me dio su tarjeta. Se lo agradeci, pero me olvide de el tan pronto como cerro la puerta. A monsieur Etienne le hubiera encantado escuchar que un artista que jamas pintaba retratos quisiera hacer el mio. «?Piense en la publicidad!», me hubiera dicho. Lo unico que yo sabia era que aquel mismo dia que Le Figaro habia publicado la critica sobre mi, anuncio que Picasso habia descubierto el surrealismo, y no veia ningun atractivo en aparecer colgada en una galeria de arte con una nariz distorsionada y mis entranas sobre el regazo.

Despues de comprar unas sabanas de seda en las Galerias Lafayette, Odette y yo fuimos a la tienda de muebles del Boulevard Haussmann donde a Joseph lo acababan de nombrar encargado. El novio de Odette no era tan apuesto como yo esperaba, pero tenia algo mucho mas atractivo. Su rostro juvenil se ilumino cuando Odette y yo entramos en la tienda, y me saludo con un calido apreton de manos y tres besos en la mejilla. La mirada que compartieron el y Odette estaba tan cargada de amor que aquello me hizo sonreir.

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