sublime equipo formado por Rivarola y la recien llegada Simone Fleurier es uno de los platos fuertes del espectaculo. La inconfundible actuacion de Rivarola es suficiente para acelerarle el pulso a cualquiera y su pareja de baile lo iguala en todos los sentidos con su elegancia y precision».
Monsieur Etienne se sintio muy complacido por mi exito y para celebrarlo nos llevo a Odette y a mi a cenar a La Tour d'Argent.
– Una cosa es ser una gran cantante -me dijo-, y otra es poder bailar como usted lo hace.
– No creo que haya nadie aparte de ti aqui en Paris que sea capaz de hacer ambas cosas con tanta genialidad como tu -anadio efusivamente Odette.
Monsieur Etienne levanto su copa de champan.
– Paris es su pareja de tango, Simone. Lo tiene usted al alcance de la mano.
Hasta entonces, las valoraciones que monsieur Etienne habia hecho sobre mi siempre habian sido positivas, pero cautas. Aquel elogio tan significativo por su parte me proporciono la confianza que necesitaba. Viniendo de el, podia estar segura de que no eran meros halagos. Y, sin embargo, aunque puede que fuera cierto que estuviera a punto de conquistar Paris, no todo el mundo estaba precisamente entusiasmado conmigo.
Capitulo 1 4
Lo mejor de pasar de un papel menor a ser la protagonista de una actuacion importante era que me incluian en el espectacular numero final. El escenario estaba ambientado en una villa espanola, llena de tiestos y geranios en flor, y un patio andaluz con una fuente como telon de fondo. El publico suspiraba de admiracion cuando Camille hacia su entrada, descendiendo del techo sobre una lampara de arana, como una deidad bajando de los cielos. Aterrizaba en brazos del bailarin principal, que llevaba puesto un traje de torero cuyos pantalones eran lo suficientemente ajustados como para subirle la temperatura a cualquier mujer. El atuendo de Camille tambien era muy atrevido: un vestido de sevillanas cortado en la parte frontal para mostrar el corse y el calzon y una mantilla de encaje, que le caia por los hombros, unida a una peineta que llevaba en lo alto de la cabeza. Las coristas, ataviadas con poco mas que unos sombreros cordobeses y unas pocas lentejuelas en lugares estrategicos, se arremolinaban alrededor de la pareja contoneando unos abanicos de plumas. Los payasos, que representaban el papel de los banderilleros del matador, perseguian y eran perseguidos por dos payasos mas, disfrazados de toro. Antes de que Camille hiciera su aparicion, yo bailaba una especie de flamenco a la francesa que Rivarola se nego a ejecutar porque no tenia nada que ver con Argentina, pero todas las coristas me imitaban detras mientras lo bailaba. Yo salia cuando me llevaba por delante un picador a caballo, con un caballo de verdad. El animal se llamaba
Aunque era una estrella, Camille no aparecia en el cartel principal de la temporada. Aquel lugar privilegiado le correspondia a Jacques Noir, «el humorista mas adorado de todo Paris». «Adorado» era el termino adecuado: siempre que aparecia en el escenario, mi camerino temblaba por la fuerza del terremoto provocado por el aplauso del publico. Una vez mi fotografia de Fernandel -que me habia autografiado despues de que le viera actuar en el Folies Bergere- se cayo de su alcayata por las violentas vibraciones y se hizo pedazos contra el suelo. El vidrio se rajo por encima de la sonrisa bobalicona del humorista. «Pobrecillo Fernandel», pense. Aunque era uno de los cantantes comicos de mas talento de Paris, dudaba que su rostro caballuno, con aquellos oscuros circulos bajo los ojos, jamas pudiera describirse como «adorado».
Cuando Rivarola y yo nos adaptamos a nuestro numero, le pregunte al director de escena si podia presenciar la primera aparicion de Jacques Noir entre bambalinas. A causa de mi horario, nunca lo habia visto actuar. Noir aparecia en el numero final despues de mi, cuando los tramoyistas se afanaban en maniobrar para sacarnos al picador, a
– La esposa de Noir es la unica que se sienta entre bastidores durante su actuacion -me informo el director de escena-. No le gustan las distracciones.
– Sere discreta-le prometi-. No lo puedo ver durante los ensayos porque son siempre a puerta cerrada.
– Lo hace asi para que la gente no le robe los trucos antes de que los haga ante el publico.
– Yo no voy a hacer eso -replique-. ?A menos que usted piense que Rivarola y yo tenemos posibilidades para hacer un numero comico!
Finalmente, el director de escena cedio y me condujo a una zona del bastidor izquierdo en el que habia un taburete de madera. Estaba astillado y me picaban las piernas, pero sonrei como si no pasara nada.
El director de escena se llevo el dedo a los labios.
– ?No quiero oir ni un suspiro! -me advirtio.
Escudrine la oscuridad y vi a una mujer sentada en el bastidor opuesto. Le iluminaba el regazo un circulo de luz que provenia de una lampara de mesa colocada en una estanteria sobre su cabeza. «Esa debe de ser la esposa de Jacques Noir», pense, perpleja por su aspecto. Para ser la esposa de uno de los artistas mas ricos de Paris, tenia un estilo muy poco elegante, embutida en un vestido gris. Excepto por la alianza en el dedo anular, no lucia ninguna otra joya. Y si al director de escena le preocupaba tanto que yo respirara, me pregunte que le pareceria que madame Noir estuviera haciendo punto. El chasquido de sus agujas se oia incluso desde donde yo me encontraba. Su cuello tenia el aspecto del de un pajarillo y junto con las arrugas que lucia en su frente la hacian parecer la madre de Noir mas que su esposa. Habia oido que Noir solo tenia treinta y dos anos.
Las coristas abrian el numero con un baile de
Se me corto la respiracion en mitad de la garganta. Si el aspecto de su mujer me habia sorprendido, ahora me toco asombrarme del propio Noir. ?Aquel era el humorista mas adorado de todo Paris? Maurice Chevalier era atractivo y desprendia encanto frances. Incluso Fernandel no resultaba tan repulsivo en comparacion con Noir. Pense en el cartel que habia en el vestibulo: el artista se habia tomado algunas libertades para mejorar la apariencia del humorista. Sin embargo, por la reaccion del publico me di cuenta de que provocaba un efecto mucho mas positivo en ellos que en mi.
– ?Senoras!, ?senoras! -les dijo Noir-. ?Por favor! ?Que van a pensar sus acompanantes masculinos?
Las agitadas mujeres se rieron y se calmaron.
– Por lo menos, tienen ustedes el buen gusto de haber venido esta
