habia adoptado y mi madre la adoraba, asi que no podia separarlas bajo ningun concepto. Le frote las orejas a
– Eres exactamente igual que Bernard -le dije-. Te has enamorado del campo.
Bernard arranco la camioneta.
– Vamos, Simone -me llamo-. Te toca hacer el saludo final.
Me eche a reir y le di un beso a mi madre. Me cogio las manos entre las suyas y me las apreto. Tenia suciedad incrustada en los nudillos y la piel aspera: las suyas eran manos honradas, endurecidas por el trabajo decente. Al verlas, senti el corazon henchido de amor.
Cuando llegue de vuelta a Paris, madame Lombard me entrego una carta que volvio del reves todos mis planes. Mi numero en el Casino de Paris habia sido eliminado. No porque no fuera bueno, segun escribia con mucho tacto la ayudante de monsieur Volterra, sino porque el espectaculo resultaba demasiado largo y monsieur Volterra no podia recortar ninguno de los numeros del humorista principal, Jacques Noir.
Me desplome sobre la cama. ?Que iba a hacer ahora? Despues de gastarme hasta el ultimo centimo en los regalos para mi familia, solo me quedaban doscientos francos y tenia que pagar el alquiler a la semana siguiente. Y ya no tenia el numero en el Cafe des Singes como colchon economico.
La situacion no dejaba de ser ironica, dado el proposito que habia madurado en Pays de Sault. En lugar de conseguir mas de lo que ya tenia, estaba a punto de perder lo poco que habia logrado. Mi sueno de convertirme en una estrella parecia mas lejos de mi alcance que nunca.
A la tarde siguiente, madame Lombard me pidio que bajara a atender una llamada telefonica. Al otro lado de la linea estaba monsieur Etienne. Me ordeno que me dirigiera al Casino de Paris inmediatamente.
– ?Que ha pasado? -pregunte en voz baja, porque madame Lombard se habia quedado merodeando por la zona de recepcion mientras arreglaba un jarron con tulipanes y sacudia los cojines del sofa.
– La esposa de Miguel Rivarola lo abandono ayer por la noche. Tienen que encontrarle una pareja de tango hoy mismo o ha amenazado con volverse a Buenos Aires.
Me retorci el cable del telefono alrededor de la muneca y lo volvi a soltar de golpe. El tango habia adquirido popularidad en Paris desde que Rodolfo Valentino lo bailara en la pelicula
– ?Y ahora mismo Rivarola no esta mas preocupado por encontrar a su mujer? -pregunte.
– No -me contesto monsieur Etienne, echandose a reir-. Es un profesional de pies a cabeza. Lo demas no importa, pues sabe que el espectaculo debe continuar. No olvide que la temporada comienza en tres semanas.
«?Quien puede igualar a Maria?», pense, alisandome el cuello del vestido. La profundidad de sentimiento necesaria para interpretar un tango era algo que no se podia aprender de un dia para otro. Que el Casino quisiera que yo lo intentara demostraba lo desesperado que estaba monsieur Volterra.
Madame Lombard paso rozandome y se sento tras el mostrador de recepcion para revisar el correo que acababa de llegar. Le dije a monsieur Etienne que me presentaria en el Casino en menos de media hora. No me iba a quejar si monsieur Volterra queria ofrecerme un numero: necesitaba el dinero.
Cuando llegue al Casino de Paris, comprobe con resentimiento que monsieur Volterra no solo me habia incluido a mi en la audicion para la pareja de baile de Rivarola, sino que estaban alli todas las coristas y otras artistas que realizaban numeros menores. Las tres primeras filas del patio de butacas estaban llenas de mujeres ataviadas con vestidos holgados y zapatos de baile. Sophie, la corista principal, se habia sentado junto a monsieur Volterra y sostenia una rosa entre los dientes. Estaba a punto de darme la vuelta para marcharme cuando monsieur Volterra se percato de mi presencia y me saludo con la mano. Le devolvi la sonrisa y tome asiento. En pro de una buena relacion con el en el futuro, era mas sensato que me quedara.
Rivarola se encontraba sobre el escenario, probando unos pasos de tango con una de las coristas. Maniobraba como un gato al acecho, concienzuda y deliberadamente. De repente, estallo.
– ?No, no, no! -murmuro, apartandose bruscamente de su pareja y dirigiendose a Volterra-. ?Esta chirusa no me sigue!
Como Rivarola no hablaba demasiado frances y Volterra no sabia ni palabra de espanol, el comentario lo tradujo un tecnico de iluminacion que era de Madrid.
– Dice que la chica no sigue sus pasos -explico el muchacho.
– ?Pero es muy hermosa! -protesto monsieur Volterra, extrayendose un panuelo del bolsillo y secandose la frente-. Seguro que podra aprender algo si el le ensena. No es como si pudieramos sacarle otra bailarina de tango argentina del sombrero del mago. Y al fin y al cabo su contrato sigue en pie.
Hubo un momento de pausa mientras el tecnico le traducia aquellas palabras a Rivarola. El bailarin cruzo los brazos sobre el pecho y nego con la cabeza.
– ?Esta mina salta como un conejo! -gruno, blandiendo el puno hacia los bastidores-. Yo quiero una piba que se deslice como un cisne.
El tecnico de iluminacion traslado el peso de su cuerpo de un pie a otro y recogio un cable suelto de uno de los focos, tratando claramente de evitar tener que traducir aquel ultimo comentario.
Al ver que era inutil continuar con aquella discusion, monsieur Volterra le indico a la corista que se sentara y llamo a otra, que se aproximo cautelosamente al escenario, como una virgen ante un sacrificio.
– No me extrana que su mujer le haya dejado -le susurro una corista a otra-. Es demasiado dificil de contentar.
Aunque me habia resignado a que aquella audicion iba a ser una perdida de tiempo, me intrigaba el metodo de Rivarola para poner a prueba a las posibles candidatas. Empezaba por marcarle un paso de tango para que la chica lo siguiera. Cuando estaba seguro de que ella habia comprendido la variacion, se volvia y le hacia un gesto con la cabeza a un tramoyista que esperaba en la primera bambalina. El hombre ajustaba la aguja del gramofono en un disco y la musica de tango resonaba en el aire. Entonces, Rivarola avanzaba hacia la chica y la aferraba con una de sus manos firmemente colocada sobre la zona lumbar de ella y el torso presionado contra el de ella. Aquel abrazo resultaba sugerente, pero no habia ni rastro de familiaridad en el rostro petreo de Rivarola. Se mantenia en aquella posicion, sin pestanear ni mover ni un musculo, durante al menos un minuto. Si la chica se retorcia, se echaba a reir o movia los pies, la descartaba.
Me incline hacia delante y estudie a Rivarola. Tenia como minimo cuarenta y muchos anos: aunque su cuerpo era flexible como el de un muchacho, era el rostro lo que revelaba su edad. Tenia hinchadas bolsas bajo los ojos, y su cuello, aunque se mantenia firme en la zona de la barbilla, tenia piel de gallina. Y, sin embargo, de alguna manera, aquellos defectos los contrarrestaba con el parpadeo de sus ojos y la curva de sus labios fruncidos. Cada vez que giraba la cabeza o doblaba las piernas rezumaba sensualidad por los cuatro costados. Comence a sospechar que aquel fuerte abrazo al que sometia a las candidatas era para probar si la chica se inflamaria con la llama que ardia bajo su piel o si se fundiria con ella. Despues de que Camille me dijera que yo era tan obviamente casta, tenia la certeza de que no seria la elegida. No obstante, sentia curiosidad por saber a quien seleccionaria.
