que veia como un obstaculo para mis fantasias. Recordaba al parroco de mi pueblo dando un sermon en el que insistia en que «pensar en hacer algo es tan malo como hacerlo en realidad». No comprendia como podia ser eso cierto. No podia controlar los pensamientos que me pasaban por la cabeza en todo momento, pero si podia controlar mis actos. Sin embargo, lo que mi madre solia decir era cierto: «A lo que mas dediques tus pensamientos acabara por materializarse».
Una noche durante el descanso abri la puerta de mi camerino con la intencion de llamar a Blandine, mi ayudante, cuando me tope con Andre Blanchard, que se habia materializado en el vestibulo.
– Buenas noches -me saludo, entregandome un ramo de rosas.
Me quede de pie en el rellano de la puerta con la boca abierta.
Miro fijamente hacia el interior de la estancia y emitio una ligera tos. Sali de mi ensonacion y le invite a pasar a mi camerino: era el primer hombre que cruzaba el umbral de aquella habitacion desde que yo la ocupaba. No tenia costumbre de recibir visitas y le di una patada a unos
– El Casino de Paris se ha rendido a sus pies, mademoiselle Fleurier - dijo Andre, procurando sentarse en el borde de la silla para evitar los embarazosos quejidos que esta producia. Su mirada recayo sobre mi sujetador decorado con piedras preciosas, cuyas copas estaban llenas de papel a modo de relleno y que colgaba de uno de los brazos de la silla. Desvio la mirada, en busca de algo que pudiera mirar aparte de mi cara-. Su nuevo numero es perfecto para usted.
Me sente frente a el, nerviosa por su repentina aparicion. No lo veia desde hacia semanas. Mi camerino era pequeno y nuestras rodillas entrechocaron. Me sorprendio notar que las suyas estaban temblando. Las mias tambien empezaron a temblar en solidaridad. Habia una caja de cigarrillos en mi cajon, la saque y le ofreci uno. Andre nego con la cabeza.
– Solo me fumo uno al dia -explico-. Y no me apetece fumar otro hasta el dia siguiente.
En su lugar, abri un paquete de nueces pacanas, lo unico que tenia de comer en el camerino, y las eche en un cuenco. Las nueces me las habia regalado un admirador, junto con unos bombones, pero no habia llegado a abrirlas. Los frutos secos estaban totalmente contraindicados para las cuerdas vocales de los cantantes.
Me pregunte que edad tendria Andre. No habia arrugas en su piel dorada y no aparentaba mas de veinte anos. Para ser alguien con una posicion social tan alta, no parecia esforzarse demasiado por demostrarla. Sin embargo, hablaba con madurez y media cuidadosamente sus palabras, lo que me hizo pensar que probablemente era mayor de lo que aparentaba. Le atribui unos veinticinco anos.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido que Andre estaba haciendo al masticar. Habia cogido un punado de nueces y se las estaba echando en la boca de una en una, como un perro comiendose una galletita que le lanzara su dueno. Aquel no era precisamente un gesto refinado. No era el modo en el que Antoine o Francois hubieran comido nueces. Andre se habia olvidado de sus modales y yo hice lo que pude por no echarme a reir. Me deslumbraba su riqueza y su presencia, pero aquel lapsus transitorio nos coloco un poco mas en situacion de igualdad.
– ?Quien es su agente? -me pregunto.
– Michel Etienne.
Andre asintio.
– Ah, muy bien. Conservador, pero con experiencia y cuidadoso.
– ?Conoce usted el mundo del teatro?
– Me interesan los negocios, y el mundo del espectaculo no deja de ser uno -me respondio sonriendo-. Pagaria un millon de francos por poder cantar como usted, pero no es probable que eso suceda. Me hubiera gustado ser actor, pero mis padres pensaron que era un plan absurdo. Asi que lo que me quedan son las fabricas, la importacion y la exportacion, igual que mi padre.
– ?No le gusta la actividad empresarial? -le pregunte.
Echo hacia atras la cabeza, emitio una carcajada maravillosa y despues me contemplo con ojos brillantes.
– Me encanta, mademoiselle Fleurier. Coger algo y convertirlo en un exito me emociona. Pero supongo que la sombra de mi padre se cierne sobre mi, asi que siento que tengo que cumplir unas expectativas terriblemente altas.
Las veces anteriores que lo habia visto habia tenido la sensacion de que Andre se escondia tras una fachada de cara al publico. Ahora parecia estar dejando caer la guardia un poco.
– ?Tiene usted hermanos? -le pregunte.
Al ser hija unica, me fascinaba la idea de tener hermanos.
El rostro de Andre se oscurecio.
– A mi hermano mayor lo mataron en la guerra, asi que soy el unico heredero varon.
– Lo lamento.
– No lo haga -contesto Andre-. Mi familia no es la unica que sufrio perdidas durante la guerra. Tengo una hermana que esta casada y me trata mas bien como si fuera mi tia. Tambien tengo una hermana pequena, Veronique. Es la rebelde de la familia y se comporta como un muchacho. Prefiere las ranas a las munecas.
– Cada loco con su tema -le respondi sonriendo.
– Desgraciadamente, los rebeldes no son bienvenidos en mi familia - comento Andre, cogiendo otro punado de nueces-. A Veronique la enviaran a un internado femenino si no se porta como una senorita.
Andre adquiria un tono nervioso cuando hablaba de su familia. Parecia mas feliz cuando el tema de conversacion eran los negocios, asi que le pregunte por las empresas Blanchard.
– Mi abuelo comenzo vendiendo cordones y finalmente paso a ser el propietario de la fabrica textil mas grande de Lyon -me conto-. Pero la diversificacion era su regla de oro, asi que confio en que sus hijos desarrollaran sus propios intereses comerciales, cosa que hicieron: prensa, energia, ferrocarriles e importaciones.
Andre se detuvo y me dedico una sonrisa cautivadora. Me senti tan bien por que confiara en mi que el momento intimo me hizo perder los nervios y le espete:
– ?Y como esta mademoiselle Canier?
– Mademoiselle Canier esta bien, gracias -respondio Andre, poniendose colorado hasta las orejas-. En estos momentos esta en la Riviera, con su madre. Me reunire con ellas la semana que viene.
Me dieron ganas de abofetearme. Habiamos compartido un ambiente tan cordial y comodo; ?por que habia tenido que sabotearlo mencionando a la gata siamesa?
Andre estaba a punto de anadir algo cuando Blandine entro bruscamente por la puerta. No estaba acostumbrada a verme recibir visitas, asi que abrio los ojos como platos.
Andre se puso en pie. La silla crujio y volvio a emitir su molesto quejido.
– No se disculpe -le dijo a Blandine-. Mademoiselle Fleurier tendra que volver a subir pronto al escenario, asi que deberia marcharme.
Se volvio hacia mi.
– Tengo que viajar con mi padre por negocios a Venecia y a Roma. Me
