preguntaba si podria hacerle una visita cuando regrese.

Asenti, preguntandome a que venia su repentina aparicion y si mademoiselle Canier realmente seguia formando parte de su vida.

Cuando Andre se marcho, Blandine se volvio hacia mi.

– ?Ese era Andre Blanchard? -me pregunto-. ?Que hace visitandola a usted?

– No tengo ni la menor idea -le respondi.

Una noche, a mediados de marzo, el director de escena llamo a mi puerta.

– Mademoiselle Fleurier, por favor, vaya a ver a la encargada de vestuario antes de su proximo numero -me indico-. Su tocado estaba suelto en la ultima actuacion y quieren arreglarlo antes de que vuelva usted a escena.

– Por supuesto -le respondi-. No me habia dado cuenta. Ire ahora mismo.

Escuche el ruido de sus pasos desvanecerse por el pasillo. Quedaban otros cuarenta minutos para que tuviera que volver al escenario, pero sabia que era mejor no hacer esperar a la encargada de vestuario. No era una figura maternal como madame Tarasova, sino una despota que no dudaba en imponerle una multa a cualquiera que se le quedara pegado un pelo de su perro en las medias o por perder una lentejuela. Ademas, no deseaba agobiar a los ayudantes de vestuario, que solian llevar un ritmo frenetico durante, o justo despues, del descanso.

De camino a la sala que ocupaba la encargada de vestuario, me cruce con unos tramoyistas que estaban tratando de arreglar un decorado cuyas bisagras se habian aflojado. Era el del lanzador de cuchillos, que estaba programado justo despues de Jacques Noir, por lo que no tenian mucho tiempo. Aunque me estaban bloqueando el paso, comprendi por sus congestionados rostros y las maldiciones exasperadas que proferia el carpintero que era mejor no molestarles. Decidi dar un rodeo por los bastidores. Las coristas acababan de salir a escena para su numero del tablero de ajedrez y si procuraba contar el numero de bastidores que recorria, pense que seria capaz de evitar aparecer ante el publico tal y como iba vestida, en bata.

Estaba prohibido quedarse entre bambalinas durante una actuacion sin la autorizacion del director de escena, asi que trate de andar lo mas sigilosamente que pude por detras de cada bastidor. Iba avanzando correctamente hacia la puerta de salida cuando me deslice por el que pense que era el ultimo bastidor y me encontre cara a cara con Jacques Noir. Me quede congelada. Noir ya no hacia la entrada al escenario desde dentro de una torre de ajedrez porque afirmaba que le producia sensacion de claustrofobia, pero yo hubiera jurado que entraba desde la derecha, donde normalmente se sentaba su esposa, y en ese momento nos encontrabamos en el lado izquierdo del escenario. Mire con ojos entrecerrados la oscuridad y me di cuenta de que Noir no me habia visto. Estaba doblado sobre un cubo, con arcadas. Solo entonces fue cuando percibi el hedor acre a vomito.

– ?Oh, Dios! -gimio mientras le temblaban los hombros como si tuviera fiebre.

Mire hacia el bastidor opuesto. Madame Noir no se encontraba alli, pero sus agujas de tejer y la madeja de lana estaban colgadas de la silla vacia. «Quiza viene de camino», pense, casi rezando por que fuera asi, pues estaba claro que algo muy malo le pasaba a Noir. Recordando el pasado, pense en Zephora en Le Chat Espiegle. Al menos eso lo tenia claro: Noir no estaba de parto.

Dejo escapar otro gemido y se agarro el pecho. Por mucho que detestara a aquel hombre, sabia que tenia que hacer algo rapidamente. Alguien me habia dicho una vez que vomitar podia ser sintoma de ataque cardiaco. O quiza le estaba dando un infarto cerebral, como a tio Gerome.

– Monsieur Noir -susurre, avanzando un paso y poniendole la mano en el hombro-. ?Puedo ayudarle? ?Necesita que vaya a buscar a su esposa?

Noir se incorporo bruscamente y se revolvio torpemente en los bolsillos en busca de su panuelo para secarse el sudor de la cara y limpiarse las comisuras de la boca. Cuando me reconocio, le recorrio un estremecimiento por todo el cuerpo.

– ?Estupida entrometida! -gruno.

Cargo contra mi y me golpeo tan fuerte que me cai al suelo.

Levante la mirada hacia el, con lagrimas de dolor escociendome en los ojos. «Ha perdido la cabeza», pense. Noir se ruborizo y yo estaba segura de que iba a volver a atacarme, cuando de repente la orquesta comenzo a tocar la musica que abria su actuacion. Entonces, me pregunte si no seria yo la que me habia vuelto loca, porque Noir se transformo en un instante. Tiro el panuelo, se estiro el traje, se puso el sombrero de copa y entro brincando en el escenario exactamente del mismo modo que lo habia hecho la vez que yo lo vi actuar.

– ?Senoras, senoras! ?Por favor! ?Que van a pensar sus acompanantes masculinos?

Contemple el escenario, incapaz de creer lo que veian mis ojos. Mire hacia el bastidor opuesto. La esposa de Noir estaba de vuelta en su asiento, tejiendo.

Me levante del suelo y me tambalee hasta la sala de la encargada de vestuario. Por suerte, la habian llamado para otra emergencia y Agnes, su ayudante principal, habia empezado a arreglar mi tocado sin mi.

– ?Muy bien! -exclamo, poniendose de puntillas para colocarme el tocado y encajarmelo detras de las orejas y en la nuca-. Ahora se ajusta perfectamente. ?Deprisa! ?Tenemos que ir a su camerino para prepararla. -Echo un vistazo a mi cara-. Se le ha corrido el rimel.

Me toque la mejilla y me examine el dedo. Tenia la yema totalmente negra. Me pregunte que aspecto tendria. No podia creerme lo que habia sucedido con Noir. De no ser por el latido que notaba en el pecho donde me habia golpeado, habria creido que todo habia sido un sueno.

– ?Rapido! -exclamo Agnes, empujandome por la puerta-. Solo quedan siete minutos para que vuelva a salir al escenario.

El aviso de Agnes me puso en accion. No podia explicar lo que habia ocurrido con Noir, pero no habia tiempo de pensar en ello en ese momento. Tenia un publico al que entretener.

Sin embargo, lo sucedido se aclaro al dia siguiente, cuando llegue al ensayo y me encontre con monsieur Etienne esperando en la puerta de artistas.

– Quieren despedirla -me anuncio-. La acusan a usted de haber intentado sabotear la actuacion de Jacques Noir.

Deje caer el bolso. Repiqueteo escalones abajo y se salieron de su interior la polvera y la barra de labios. Lo que monsieur Etienne me acababa de decir me dejo tan aturdida que no logre contestarle nada.

– Tiene usted un contrato y voy a discutirles su decision basandome en el -me explico monsieur Etienne-. Pero sera mejor que me cuente lo que ha pasado antes de que vaya a enfrentarme a monsieur Volterra.

Monsieur Etienne solia vestir impecablemente, pero aquella manana el nudo de su corbata estaba torcido y llevaba el pelo revuelto. Me di cuenta de que nunca lo habia visto tan agitado. Se me subio la sangre a la cabeza. ?Despedirme? ?Perder mi querida actuacion en el Casino de Paris despues de menos de tres meses?

– ?Es mentira, monsieur Etienne!

Me desplome sobre las escaleras y trate de recoger la barra de labios, pero me temblaba tanto la mano que acabe por empujarla aun mas abajo.

– ?Oh, de eso no hay ninguna duda! -exclamo monsieur Etienne.

El tono de su voz me calmo un poco. Si monsieur Etienne no dudaba de mi inocencia, quiza una vez que tuviera la oportunidad de explicar lo que habia sucedido, monsieur Volterra tampoco lo dudaria. Le conte a monsieur Etienne por que estaba entre bastidores y que habia pasado con Noir.

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